Muy a menudo los políticos cantan las excelencias y las virtudes de las micro, las pequeñas y las medianas empresas, pero parece que son las grandes corporaciones las que todavía tienen la llave del crecimiento.

Charles Kenny / oct. 2011

(Fellow at Center for Global Development and New Amerca Foundation)

Recientemente leí un artículo que llevaba por título “Small Isn’t Beautiful”, publicado en el semanario “Bloomberg Businessweek”, cuyo contenido me pareció interesante y que ahora recobro dado que creo está de máxima actualidad dada la coyuntura en la que vivimos en estos inicios del 2012.

En el año 2007 en los Estados Unidos habían aproximadamente 6 millones de empresas con trabajadores asalariados. El 90% de ellas tenían una plantilla menor a 20 empleados, según un estudio de la Universidad de Chicago (en el caso de España esa cifra se eleva hasta el 96% según datos del Ministerio de Industria). Ese mismo porcentaje de (pequeñas) empresas norteamericanas acogía al 20% del total de población asalariada. La mayoría de esas empresas están en los sectores de la restauración, de oficios cualificados (fontaneros, mecánicos, etc.), de los servicios profesionales (médicos, abogados, arquitectos, etc.) o del pequeño comercio. Es decir, unos sectores de la economía en los que la mayoría de la empresas continuaran manteniendo su tamaño. Es claro que hay honrosas excepciones, compañías que nacieron con una dimensión muy reducida y que luego se han convertido en grandes corporaciones (Microsoft, Hewlett-Packard, Apple, Google, por poner un ejemplo). Pero otro dato significativo que destaca del estudio mencionado es que durante el periodo 2000-2003 el 80% de las PYMES norteamericanas no había incrementado su plantilla. Situación que se constata al comprobar que sólo el 3% de las PYMES creadas durante el periodo 2004-2008 habían contratado a más de 10 empleados.

Prestemos ahora atención a la situación española. De acuerdo con los datos de Eurostat correspondientes a 2008 el porcentaje de PYME frente al total de empresas era mayor en España (78,0%), que la media de la Unión Europea (67,4%). Un mayor nivel de desglose de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE-2009) muestra que, con datos a 1 de enero de 2010, la mayor concentración sectorial de las PYME españolas se produce en establecimientos de bebidas, seguido de construcción de edificios y de comercio al por menor de otros artículos en establecimientos especializados. En torno al 8,1% de las empresas se encuentran en el sector de la hostelería.

El número de empresas activas en esa misma fecha era de 3,3 millones de las cuales el 54% no tenia asalariados y sólo el 2,3% tenia más de 20 asalariados.

En cuanto al volumen de ingresos de las PYME españolas, según datos DIRCE, a 1 de enero de 2010, el 96,9% de las empresas se concentraban en el tramo de menos de 2 millones de euros. Un 2,3% ingresaron entre 2 y 10 millones. Las que tuvieron ingresos comprendidos entre 10 y 50 millones representaron el 0,7%, y sólo el 0,03% ingresaron más de 50 millones de euros en el último año.

Volvamos a los datos de Estados Unidos. Si atendemos a parámetros como las reducciones de personal, un estudio de la Reserva Federal de Kansas City muestra que en las empresas de menos de 100 empleados cada año el 22% de la plantilla se marcha o es despedida, lo que denota un alto nivel de rotación. Y en cuanto al salario, medido en precio por hora trabajada, en una empresa con más de 2.500 empleados es un 69% superior al de las empresas con menos de 100 trabajadores. De la misma forma el estudio señala que en las empresas de más de 100 empleados es mucho más probable encontrar beneficios sociales para la plantilla tales como ayudas a planes de pensiones o seguros sanitarios.

Extrapolando a nivel global, la situación no cambia, tal y como la señala un estudio realizado en la Universidad de Harvard que revela que la riqueza de una sociedad es inversamente proporcional al número de personas cuyo salario depende de las pequeñas empresas o del autoempleo. En el 25% de las economías más pobres del mundo la proporción de personas auto-empleadas es del 46% frente al 13% que se da en los países más desarrollados. Otro dato interesante hace referencia a la productividad. Así las grandes compañías de los países más desarrollados son mucho más productivas con un ratio de valor añadido por trabajador superior al 59% en comparación a las medianas y pequeñas. Por otro lado, la diferencia de productividad entre una pequeña empresa con una plantilla media de ocho empleados y una micro-empresa con un empleado, llega a alcanzar el 100%. Este estudio argumenta que ello se debe en parte porque los gerentes de las grandes compañías disponen de unos niveles de formación sensiblemente superiores a los directivos de las pequeñas empresas. El estudio concluye que la esperanza de crecimiento y desarrollo económico de una sociedad pasa por la existencia de grandes compañías con equipos directivos bien formados y con prácticas modernas de gobierno corporativo. Y añade que, en los países desarrollados, la existencia de muchas  micro y pequeñas empresas se debe más a la ausencia de otras oportunidades laborales que a la abundancia de un marcado espíritu emprendedor.

En cualquier caso ello no es óbice para que deba incentivarse, en el ámbito de las micro, pequeñas y medinas empresas, el interés y la motivación para que sus propietarios, gerentes y directivos incrementen sus conocimientos y actualicen sus niveles de formación que les permita formular e implementar estrategias que les conduzca al crecimiento.

En nuestro primer mundo, el soporte a la micro y pequeña empresa a través de herramientas como las microfinanzas es parte de una especie de red de seguridad para ayudar a aquellos que carecen de mejores oportunidades de empleo. Pero en los Estados Unidos y en Europa es mucho más a menudo un subsidio a las personas para que elijan un estilo de vida que reduce la productividad nacional y que no ayuda a la creación de puestos de trabajo.

En nuestro tejido empresarial la pequeña y mediana empresa juega, y por supuesto debe seguir jugando, un papel muy importante en la aportación de valor al conjunto de la economía. Sin embargo, la alabanza continua a la micro, pequeña y mediana empresa puede que sea un buen método para que los políticos capten votos y ganen elecciones. Pero cuando se trata de la creación de puestos de trabajo y de paliar la tasa de desempleo, parece que el tamaño todavía importa.

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