Considera la tecnología como un medio por el que las empresas, ya sean micro empresas, pymes o grandes corporaciones, pueden ser más eficaces, productivas y competitivas.

Rosa García / 2012

(Consejera Delegada de Siemens)

Pero ¿qué es el cloud computing? De hecho no se trata de una nueva tecnología sino de una forma distinta, de las que estábamos acostumbrados, de poner a disposición de usuarios y clientes ciertos recursos informáticos, o de computación si se prefiere. Estos recursos van desde la información hasta cualquier tipo de recurso o plataforma de hardware o de software que podamos imaginar. Es decir, que en esencia el cloud computing no es más que una iteración superlativa del concepto de outsourcing de la década de los años 1980’s.

El profesor John McCarthy (Premio Turing en 1971 por su contribución en el campo de la inteligencia artificial y creador del lenguaje Lisp), fue el primero en sugerir públicamente que la “tecnología de tiempo compartido de los ordenadores” podría conducir a que en el futuro la capacidad de proceso, e incluso el software de base y las aplicaciones, se comercializasen como un servicio (de la misma forma que el agua, el gas o la electricidad), es decir, que podrían convertirse en una utility más.

Y ¿en qué momento este nuevo concepto irrumpe con fuerza en el mercado? Pues su irrupción se produce cuando Internet madura y sobre todo las tecnologías a ella asociadas (ancho de banda, globalización de las comunicaciones, velocidad y potencia de proceso, conectividad, etc.).

Y ¿de la mano de quien irrumpe? La respuesta es fácil, si prestamos atención a las frases anteriores. Por razones obvias no quiero mencionar a ninguna empresa pero pensemos en las grandes organizaciones que prestan productos y servicios a través de Internet (buscadores, servidores de correo electrónico, vendedores de productos on-line, comparadores y otros muchos más). Sin olvidarnos, por supuesto, de los operadores de telecomunicaciones que han optimizado sus tecnologías para ofrecer el ancho de banda necesario para que esos modelos de negocio se hiciesen realidad. Todas estas empresas han necesitado incrementar su capacidad de proceso y almacenamiento a fin de conseguir unos niveles de servicio y de disponibilidad que fuesen aceptados por el mercado. Pero ello muy a menudo ha significado que se encontrasen con capacidad de proceso y de almacenamiento ociosa. Y una forma de rentabilizar esos excedentes de capacidad ha sido la de ofrecerla a sus clientes bajo la etiqueta del cloud.

Si tenemos en cuenta las previsiones hechas por la consultora Analysys Mason para el 2015, año en el que los ingresos mundiales de servicios cloud a empresas ascenderá a los 24.000 millones de euros, el reparto de este “pastel” se correspondería en un 25% para las operadoras de telecos (ya sea como prestatarios directos o por arrendamiento de sus infraestructuras), y el 75% restante podría repartirse, a partes más o menos iguales, entre los integradores de sistemas y los vendedores de software.

Bien pero ¿qué hay de las posibles ventajas y/o inconvenientes que pueda tener el cloud para nuestras empresas? Pues ahí está el quid de la cuestión. Es claro que el cloud puede llevar consigo ciertas ventajas como las derivadas del acceso ubicuo a las informaciones, a las aplicaciones y a los procesos simplemente mediante un navegador, o un escritorio como les gusta decir a algunos, y una conexión a Internet. Lo que permite que informaciones y procesos se puedan llegar a mantener en un riguroso nivel de actualización. Otra lanza a su favor la rompen otros al sugerir que el cloud permite una reducción de costes con respecto a los modelos tradicionales ya que los recursos que la empresa debe destinar son menores, tanto los directos (hardware, software de base, mantenimiento, personal, etc.) como los indirectos (instalaciones, suministros, etc.) de forma que parte de los costes fijos se convierten en variables, ya que la contratación puede ser por mensualidades que pueden variar en función de las necesidades de la empresa lo que confiere claras ventajas de escalabilidad y flexibilidad.

Ahora bien, tal vez no sea todo ello de un intenso color de rosa. El cloud acarrea servitudes muy significativas como la más que probable necesidad de que debamos disponer de más de un proveedor de servicio de telecomunicaciones, uno como backup del otro, dado que los recursos ya no se encontraran ubicados en nuestras instalaciones y la accesibilidad se habrá convertido en un requerimiento imprescindible. La necesidad de ver si nuestros sistemas de información son compatibles con la filosofía de la nube. Por no hablar de  la necesidad de contar con un servicio de asesoramiento y cobertura legal sobre las contrataciones, acuerdos de nivel de servicio o posibles situaciones derivadas de la legalidad particular de los distintos países que puedan albergar los servicios de hosting contratados. De hecho las principales amenazas y riegos que acompañan a cualquier proyecto cloud tienen que ver con la seguridad y los accesos a la información y con los lugares en los que ésta pueda estar almacenada. Como así lo certifican recientes documentos  publicados por la Cloud Security Allicance.

Pero el cloud computing está ahí y no podemos obviarlo ni darle la espalda. Tal vez para muchas pequeñas y medianas empresas con él llegue la auténtica democratización de la informática. En cualquier caso lo que debemos hacer es tratar de ver hasta que punto el cloud computing puede llegar a ser un medio que nos permita añadir valor a nuestro negocio y nos pueda llegar a proporcionar alguna ventaja competitiva. Llegados aquí, me voy a permitir enumerar los pasos previos necesarios que debemos dar antes de entrar en la nube:

  • Tener en cuenta el modelo y las variables de nuestro negocio
  • Comprobar si nuestros sistemas de información, o parte de ellos, están preparados para residir o ejecutarse en la nube
  • Tener en cuenta las variables operativas, los parámetros de seguridad y los niveles de servicio requeridos.
  • Llevar a cabo un análisis riguroso del riesgo (p.e. DAFO) que nos permita:
  • Diseñar los distintos escenarios sobre los que se basará nuestra toma de decisiones.
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