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La corrupción es un organismos destructor, como el cáncer o como una plaga agrícola, y por esos motivos es necesario erradircarla.

Antón Gasol Madriñà (Doctor en conomía)

El pasado mes de febrero ya hice referencia al tema (“la propensión a mantener prácticas corruptas está íntimamente relacionada con la cultura del país“). Y debe ser así pues en la España no paran de aparecer nuevos casos de ese virus destructor. Bien sea en la política (no hay partido político español que pueda presumir de decencia) y en las finanzas (el último gran caso saltó a la palestra en pleno periodo estival de 2013. El protagonista fue un tal Javier Martín-Artajo (ilustre apellido franquista) que mientras cobraba 10 millones de euros anuales su mala práxis llevó a pérdidas a JPMorgan por importe de 4500 millones de euros).

Pero la imaginación y el apetito del corrupto son insaciables. La Audiencia Provincial de Madrid ha cerrado, trece años después, el caso del equipo de baloncesto paralímpico español que ganó la medalla de oro en los Juegos de Sydney 2000. Luego gracias  a una denuncia se descubrió que sólo dos de los doce jugadores tenían algún tipo de discapacidad y ese equipo fue desposeído  de las medallas. Fernando Martín Vicente, expresidente de la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales -FEDDI-, fue el artífice de semejante engaño.

Y es que hay que actuar pronto y de forma contundente y con castigos ejemplares si no queremos que ese Estado español se encutrezca hasta niveles insospechados, avergonzándonos a muchos ciudadanos, profesionales  y empresarios que aportamos nuestro grano de arena al crecimiento de la sociedad mediante nuestra lucha diaria en los mercados.

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