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Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber.

(Albert Einstein)

La tecnología está presente, se ha convertido en imprescindible, en todos los niveles educativos acercando a alumnos, estudiantes, educadores y familias a los recursos más innovadores para potenciar la educación y extender la comunicación entre ellos más allá de las paredes de las aulas y, al mismo tiempo, preparar a las siguientes generaciones para sacar el máximo partido a las herramientas tecnológicas que, tras superar su etapa formativa, se convertirán en sus instrumentos del trabajo del mañana.

Gracias a las últimas tecnologías nos acercamos más a los intereses de los alumnos, a sus necesidades y al estímulo de sus capacidades, ya que su día a día se desarrolla muy vinculado a los nuevos soportes digitales.

Pero además de la tecnología existe un elemento clave en el proceso educativo. Se trata precisamente de los educadores. Ellos configuran el pilar fundamental para el éxito del proyecto. De poco servirá que se introduzcan los recursos tecnológicos más avanzados y vanguardistas si no se presta atención a la formación, a la actualización continua y a la motivación del estamento docente. El profesorado ha de asumir esa nueva responsabilidad, ha de ser consciente del importante cambio de rol que han de tomar. Deben tener las pautas que les permita innovar, reinventar su modelo de interacción con los alumnos. El profesorado deja de ser una mera correa de transmisión de conocimientos para convertirse en tutores, mentores, guías, descubridores de las habilidades de sus alumnos para incentivarlos hasta el extremo, para sacar lo mejor de cada uno de ellos. El reto del profesorado es el de que sus alumnos alcancen un nivel óptimo de formación, que desarrollen al máximo sus habilidades, que dispongan de una preparación adecuada de cara a su futuro que les permita alcanzar el éxito en el momento de entrar en el mercado laboral.

Aquellos que no apuesten por la adopción de la tecnología más avanzada y por la innovación en los procesos educativos quedaran relegados a un segundo plano y se alejarán cada vez más de un modelo educativo adaptado a una realidad tangible, en el marco de un mundo cada vez más global y competitivo. Las empresas demandan cada vez más profesionales mejor cualificados, tanto en sus estudios como en el manejo de las nuevas tecnologías.

Se trata de un objetivo de país, que precisa del diseño de la estrategia adecuada, de un compromiso que deben hacer suyo las administraciones públicas, las instituciones educativas, las familias, las empresas, los docentes. Con el objetivo final de construir entre todos una sociedad mejor y más próspera.

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