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Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.
Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.
Pues es una aventura en la que hay que tener grandes dotes de prudencia y, sobre todo, mucho escepticismo y espiritu crítico.

En nuestras latitudes, es decir, en la llamada España este tipo de prensa es, en general,  “prensa amarilla” y no precisamente por el color de sus páginas, que en la mayoría son de color salmón.  Pertenece a grupos editoriales que, a su vez, se alinean con grupos políticos de presión. O sea, que en su misión figura el ser y actuar como el cuarto poder agresivo antes que fomentar el análisis crítico, el espíritu imparcial y la información objetiva ante los hechos económicos. Cuando tratan la información económica es jocoso observar la burda manipulación que pueden llegar a hacer de los datos. Por ejemplo, si queremos ver la evolución del gasto en personal de la autonomías en España es claro que no es lo mismo si tomamos el valor comparativo desde el año 2007, cuando el PIB creció un 3.5% respecto al año anterior (era el final de la época de bonanza), que si lo tomamos respecto al año 2009, en el que el PIB descendió un 3,8% respecto al 2008 (empezaban a ir mal dadas). El primer caso es el tomado por el diario Expansión en la edición del 20 de Agosto de 2014 en el que denunciaba el aumento desmesurado del gasto autonómico. De hecho todas la administraciones incrementaron su gasto durante los años de vacas gordas. Sin embargo si hacemos el mismo análisis tomando como base el año 2009 nos encontramos con que el gasto de las administraciones autonómicas disminuyó tres veces más que el gasto de la Administrción General del Estado. Pero es claro que esta perspectiva no servia para el mensaje que el grupo de presión quería lanzar.

Por otra parte, si bien hay que ser prudentes y escépticos ante la información estrictamente económica, lo hay que ser mucho más ante los titulares de cariz político en esa clase de prensa. Ya que siempre subyace aquel rancio argumento de si no estás conmigo estás contra mi y por lo tanto eres el demonio, el sacrílego que no se merece ni agua. Cuando entran en el comentario político sus plumas ya no destilan tinta sino que destilan directamente bilis, desacreditando a toda costa a todo aquello o aquellos que no se encuentren dentro de sus parámetros de opinión. Eso si, sin dar jamás el más mínimo argumento sólido de sus ideas.

En definitiva, si los líderes económicos y políticos se informan solamente a través de esos medios está más que claro lo que se puede esperar de ellos.

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