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 Los medios de comunicación han acostumbrado a ciertos sectores sociales a escuchar lo que “halaga los oídos”.
Juan Pablo II (1920-2005)

Han pasado sólo unos pocos días desde mi último post en el que acababa advirtiendo al sufrido lector de la prensa económica acerca de lo que se podía esperar de los titulares y contribuciones de cariz político en ese tipo de prensa. Pues bien, en la edición del miércoles 22 de octubre de este año 2014, el Director adjunto del diario Expansión inicia su espacio de opinión con la siguiente perla de redacción y con el más depurado estilo periodístico que ilustra a la perfección mis palabras acerca de lo que es esa clase de prensa amarilla y de lo que destilan ciertas plumas periodísticas: “Mientras la marea de color amarillo sigue inundando y ensuciando con sus plásticos y otros pasquines las plazas y calles de Cataluña ante la connivencia de los ayuntamientos …”. Y siguen diversos improperios similares. Pobre, muy pobre imagen la que proyecta un directivo.

No voy a emitir juicio de valor acerca de la ideología del personaje, ni la de sus referidos, dado mi profundo respeto por todas las formas de pensar aunque se manifiesten de forma grosera y maleducada. Simplemente constato, una vez más, que en esa la llamada España deberán ser enterradas varias generaciones antes de que la libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto mutuo lleguen a los niveles de sociedades hoy mucho más avanzadas que la hispana. Sociedades que llevan siglos de respeto mutuo entre sus ciudadanos, de debate civilizado y de participación social. Y deben ser enterradas esas generaciones pues hoy, en pleno siglo XXI,  todavía viven y colean partícipes e ideólogos de la dictadura totalitaria y fascista de 1936 y con ellos sus discípulos y descendientes. Sólo con la desaparición de varias generaciones el filtro de la sabia naturaleza logrará separar lo rancio de lo fresco y nuevo. Mientras tanto unos caminan con la cabeza girada hacia el pasado y otros caminamos, afortunadamente, con paso firme, sin estridencias, con convencimiento y con la vista puesta en el desarrollo y la prosperidad de nuestras familias, de nuestras empresas, de nuestro país. Con la vista puesta en un futuro que colaboramos a construir.