UnknownEl capital no es un mal en sí mismo, el mal radica en su mal uso.

(Mahatma Ghandi)

 

La crisis económica de Grecia llega tras el inicio de la crisis financiera global en el año 2007. Pero antes de ese momento Grecia vivió épocas de abundancia. Sobre todo por la organización de los Juegos Olímpicos del año 2004. Y a esa “prosperidad” contribuyeron a manos llenas los grandes bancos europeos, y muy en particular los grandes bancos alemanes y franceses, sin que los organismos reguladores del momento prestaran demasiada atención a la situación, a la cuantía de los préstamos y a la capacidad de retorno del prestatario. O tal vez miraran hacia otro lado. De hecho el propio Banco Central Europeo (BCE) aceptaba deuda pública griega como garantía y aval. Así pues, esa banca europea llegaba a ser titular del 81% del total de la deuda de Grecia. Pero la cruda realidad era que la economía sumergida del país heleno rondaba el 40%, por lo que los ingresos fiscales se veían rápidamente reducidos mientras la evasión y la fuga de capitales crecía de forma acelerada. Y, por si fuera poco, los gobiernos griegos de la época maquillaban -léase falseaban- la situación real de la enorme deuda que el país arrastraba.

He aquí que en el año 2009 con la llegada de un nuevo gobierno, esta vez socialista/socialdemócrata, se destapa la caja de los truenos y la realidad económica griega aflora. Y llega el pánico! ¿Qué hacer para que la gran banca europea no se viese arrastrada por la posible suspensión de pagos de Grecia? La solución aparece cuando Grecia “se ve obligada” a solicitar el rescate a sus “socios europeos”. Esta situación permitiría, a cambio de “ciertas condiciones impuestas”, que el país recibiera fondos europeos con los que devolver a los bancos alemanes y franceses los 80.000 millones de euros que le habían prestado en los años de vacas gordas. Es definitiva, los “socios europeos”  salvaban a la banca alemana y francesa de una situación más que delicada y los ciudadanos griegos se convertían en víctimas de las malas prácticas de los grandes bancos europeos, del BCE y de los organismos reguladores.

Hoy sólo un pequeño y selecto grupo de seres humanos sabe a ciencia cierta qué ocurrirá con la actual situación griega en el 2015. Así pues, y una vez más, seamos excépticos con lo que nos cuentan. Leamos entre lineas, analicemos toda información que nos suministran, seamos críticos con cualquier noticia. Pues es muy fácil tergiversar las situaciones y lanzar mensajes equivocados destinados a confundir nuestras opiniones.

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