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Me he dado cuenta de que la mayoría de la gente está demasiado preocupada con su propia vida para dedicar a los demás el menor pensamiento.
Douglas Coupland (Escritor de ficción canadiense)

 

La tienda VINÇON se prepara para su cierre. Es el fin de uno de los establecimientos de más estilo y diseño del Passeig de Gràcia de mi estimada Barcelona. Se va a perder uno de los iconos de la ciudad, tanto desde el punto de vista comercial como cultural. Un lugar de visita obligada que figura en la agenda de muchos visitantes de Barcelona.

La verdadera razón del cierre no se ha hecho pública. Sólo unas notas de prensa atribuyendo a la propiedad declaraciones en el sentido de que desde el año 2008 el negocio estaba en pérdidas. Atendiendo a estas declaraciones, muy poco dicen en favor de la familia empresaria del negocio. Es más que probable que VINÇON, como muchos otros negocios y empresas, haya sufrido las consecuencias de la crisis iniciada a finales del 2007. Pero muchos de esos negocios y empresas han sobrevivido porque sus impulsores se han adaptado a las nuevas circunstancias, en cierta manera se han reinventado. Ofreciendo nuevos productos y servicios acordes a las nuevas necesidades, los nuevos perfiles  y los nuevos patrones de comportamiento de los clientes. Muchos pequeños negocios y empresas han luchado por su supervivencia y por el compromiso que tienen con la sociedad, con sus empleados, con sus proveedores, con sus clientes. Eso que hoy llamamos los stakeholders.

Parece que no es este el caso de VINÇON. Más bien al contrario. Y por ello siempre nos quedará la duda de si la razón del cierre se ha debido en realidad a la desidia, a la apatía del empresario que prefiere dejar caer su empresa, dejarla morir lentamente de inanición durante los últimos años antes que buscar una solución de continuidad, olvidando por completo aquellos compromisos. Soluciones de continuidad que de haberlas las hay, por supuesto.

Y total ¿para qué? Para que el espacio lo ocupe una marca de ropa de las que hay decenas, de las que no marcan diferencia, de las que nadie recuerda y a las que a nadie invita a pasear. Total para que el nuevo inquilino gris aporte cero valor añadido a una gran ciudad y a un Passeig de Gràcia que es eje de la ciudad y lugar de encuentro de auténticas joyas del Modernismo.