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“El trabajo es el único capital no sujeto a quiebras.”

(La Fontaine)

De nuevo un establecimiento icono de mi querida ciudad, Barcelona, va a echar el cerrojo después de setenta y nueve años de actividad comercial ininterrumpida. Se trata de Casa Palau, en el número 34 de la calle Pelai. Aquella tienda entrañable en la que los Reyes Magos de Oriente seguro que fue donde encontraron mi primer tren eléctrico y en la que ellos mismos seguro que también encontraron el primer circuito de Scalextric de mis hijos. Casa Palau es lugar de obligada visita para todos los amantes del maquetismo ferroviario, naval o del aeromodelismo. Y también los es para los amantes de Scalextric o de los fantásticos coches Payá de hojalata. Por no hablar del radio control, de Lego o de Playmobil. Pero en esta ocasión, y a diferencia de otros casos lamentables (Vinçon y la familia Amat), veremos cerrar el local y cambiar de orientación pero, afortunadamente, no veremos desaparecer el negocio, la empresa.

Su actividad continuará en los otros locales de que dispone donde podremos continuar gozando de la oportunidad de encontrar el producto deseado o de ser aconsejados por unos empleados con gran experiencia, acumulada durante años, en ese tipo de productos.

Gracias familia Palau por anticiparse a los hechos y por su su voluntad de continuar ofreciéndonos sus magníficos productos y servicios.

 

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