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Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda.
(Martin Luther King)

El 22 de Febrero de 2015 publiqué un post (Grecia otra vez?) en el que pretendía ilustrar el porqué de la difícil situación griega. Hoy creo que esos que se autoproclaman líderes del Eurogrupo (Jeroen Dijsselbloem, Angela Merkel, François Hollande y el resto de la banda) han sobrepasado los límites de obscenidad, que cualquier ciudadano sensato y con un mínimo de cultura es capaz de soportar, respecto a nuestros conciudadanos griegos. Está pudiendo más el ansia de “venganza económica” por parte de Alemania de sus derrotas en 1918 y 1945 que la fidelidad a los principios de la Unión Europea que se definía allá por la década de los 1990’s.

El acoso y derribo a que se está sometiendo a la sociedad griega es deleznable. Una sociedad europea del siglo XXI no puede verse sometida a las penurias a las que se enfenta la sociedad griega. Imaginemos que una situación similar sucediese en España, en Italia, en Portugal, en Francia. ¿Qué cree el lector que sucedería? ¿Cual sería la respuesta del lector? ¿Cómo cree el lector que actuaría? Se trata de un problema de dignidad, de respeto a la dignidad de los pueblos.

Con la actual actitud de esos políticofuncionarios Europa nunca será tal y como nos la quieren vender. Es obvio que nunca existirá una unión fiscal, nunca se hablará un idioma común, nunca existirán políticas sociales comunes, nunca existirá políticas educativas comunes, nunca existirán políticas laborables comunes. De seguir así sólo continuará existiendo una moneda común que permita, como hace ya más de una década, que los sureños compremos los excedentes de producción de los norteños, cuyas sociedades son incapaces de absorber, y nos sintamos estúpidamente felices por ello. Y también que actuemos como tampón de la masiva ola de inmigración que llega desde África y Oriente Medio debida a unas nefastas políticas europeas de ayuda al desarrollo de esas regiones.

No se si esta visión, tal vez algo pesimista, se corresponde con la realidad. Porque de ser así significará, tarde o temprano, el final del proyecto europeo tal como fue concebido. Y entonces cualquiera podrá preguntarse si merece la pena pertenecer a una Europa así.

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