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Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir.
(Françoise Sagan)

Allá por el mes de Octubre del 2012 escribí un humilde post acerca de si el empresario debe airear sus opiniones políticas (https://valoradicional.wordpress.com/2012/10/). Contribución que hoy está de plena actualidad.

Sin ninguna duda me reafirmo en mis tesis. El empresario no debe formar parte de la farándula de la política. No debe caer en la trampa de divulgar medias mentiras o falsas verdades, no debe infundir el temor sobre la sociedad acerca de la venida de un hipotético cataclismo, comparable con el fin del mundo, que se cernirá sobre los ciudadanos si estos optan por una u otra opción antes las urnas. No deben alardear de los gravísimos riesgos que podrían producirse sin comentar también los grandes beneficios que se podrían obtener. Y si, esos ilustres empresarios, sólo optan por la propagación del miedo lo que demuestran es que no son tan listos como aparentan y que en realidad están profundamente escorados a estribor con el único objetivo de mantener el status quo sin pensar en cambiar de rumbo hacia una singladura que lleve a la sociedad a mejores y más prósperos destinos.

En lugar de ello, el empresario debería preocuparse por que las infraestructuras ferroviarias de cercanías dejen de ser penosas y esten a la altura del siglo XXI y de las necesidades de los usuarios, entre los que se encuentran muchos de sus empleados o clientes. Preocuparse por que el eje ferroviario mediterráneo de alta velocidad sea ya una realidad para facilitar el tránsito de mercaderías desde el sur hacia el norte de Europa, y viceversa, en lugar de que sea el medio de transporte para ir a ver a los abuelos, que también por supuesto. Preocuparse por que las carreteras N2 y N340 se conviertan en autovías y dejen de ser el hazme reír del mundo entero. Recordemos que fue gracias a la iniciativa privada, y a la gran visión de futuro del mundo empresarial, que se construyó la AP7 que nos une con Europa, ya que de lo contrario todavía haríamos el trayecto atravesando un sin fin de pueblos y ciudades. El empresario debe preocuparse por su empresa y por el beneficio común. Debe preocuparse por que el nivel de educación de la sociedad se convierta en un valor competitivo, por que los niveles de atención social satisfagan las necesidades de los ciudadanos. Debe preocuparse por que exista plena seguridad jurídica para empresas  y particulares en lugar de la incerteza y mediatización actuales. Y felicitarse por que grandes organizaciones transnacionales decidan invertir en nuestro territorio. ¿O es que creen que cuando SEAT, NISSAN, HP y otras muchas empresas, deciden invertir en nuestro territorio no contraponen los grandes beneficios y oportunidades que éste les ofrece frente a los riesgos potenciales? Riesgos que, en definitiva, no son más que riesgos temporales y perecederos. Lo que si perdura es el espíritu y la cultura de trabajo de una sociedad, son los niveles de formación y calificación profesional que la sociedad ofrece. Lo que perdura es la apertura de miras y las esperanzas hacia la construcción del futuro. Esto es lo que el empresario debe analizar y no sembrar temores infundados.

 

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