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“El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente.”

(Lord Acton – Historiador y político inglés)

Hace ya dos años publiqué un par de humildes contribuciones acerca de la corrupción en la llamada España:

https://valoradicional.wordpress.com/2013/02/19/un-lugar-demasiado-permisivo-y-cutre/

https://valoradicional.wordpress.com/2013/10/22/no-todo-era-sabido-acerca-de-la-corrupcion/

Y a fecha de hoy ¿qué ha cambiado? Nada, absolutamente nada. Lo cual me avergüenza profundamente como ciudadano. Y ello me hace pensar que tal vez la situación viene de lejos. Parece que Felipe III y Maria Cristina de Borbón ya se distinguieron en oscuros negocios:

https://es.wikipedia.org/wiki/Corrupción_en_España

El escrito del profesor Sala i Martin daba en el clavo. La España actual tiene un sistema judicial débil y fácilmente influible por los políticos del gobierno de turno ( por cierto: es obsceno que un miembro de un alto tribunal de justicia tenga carnet de partido). Y, además, es un país inculto o si se prefiere de baja cultura como lo demuestra las estadísticas,  tanto internas como externas, sobre niveles de estudios y de formación. Un 47% de los españoles entre 25 y 64 años de edad sólo tiene estudios a nivel de enseñanza primaria, y sólo un 22% los tiene de secundaria. Por no mencionar que un 20% de los jóvenes españoles tiene dificultades para entender lo que lee. Incultura que ninguno de los partidos gobernantes en España (populares y socialistas) tiene el más mínimo interés en cambiar. Ellos saben que el conocimiento es poder (Francis Bacon) y nunca permitirán que los ciudadanos lo alcancen. Ante este panorama, si a la fácil manipulación de la justicia le añadimos una ciudadania con poca cultura, con poco espíritu analítico, tenemos el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de la sarna de la corrupción.

Así pues deberemos ser los ciudadanos los que con nuestras actitudes éticas y nuestro voto presionemos, por una parte, para lograr una justicia realmente imparcial, en manos de los profesionales más cualificados y al servicio de la sociedad y no al servicio de los partidos políticos. Y por otra parte presionemos para que el sistema educativo esté realmente a la altura de los retos a los que se enfrenta una sociedad del siglo XXI que aspira a ser más próspera.