Archivos para el mes de: marzo, 2016

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“El interés es la rueda principal de la máquina del mundo.”
(August von Kotzebue (1761-1819) Dramaturgo alemán.)

Pues parece que de hecho, y aunque hay muchos tipos de interés, si son posibles. Pero ante todo hagamos dos apuntes previos. El primero: “el objetivo de cualquier inversión debe ser el de mantener el poder adquisitivo del dinero a invertir o en otras palabras batir a la inflación para que con cada euro podamos comprar cosas equivalentes hoy y en el futuro.” El segundo viene determinado por la siguiente ecuación:

Tipo de interés nominal = Tipo de interés real + Tasa de inflación esperada

Veamos un ejemplo. Si deseo invertir 1000€ en un bono de deuda soberana, es decir deuda de un Gobierno, con vencimiento de un año y un interés nominal del 4%. Es lógico que piense que dentro de un año recibiré 1040€. Ahora bien, si durante ese año la inflación ha sido del 3% entonces el interés real que percibiré será del 1%. Aún más, si la inflación durante ese año fuese del 5% entonces entonces el interés real recibido será del -1%. En este caso los 1040€ que recibo sólo podrán comprar el equivalente a 990 de hoy, y comprobaremos que hemos cometido un error de previsión ya que la inflación ha ido en nuestra contra.

En la actualidad esa situación de interés negativo se ha producido por una parte por las políticas de algunos bancos centrales (como el BCE) con la esperanza de activar las economías. Y por la otra por la gran demanda de deuda, o si se prefiere de activos financieros, de alta calidad (AAA) y solvencia y con bajo riesgo (como el caso de la deuda alemana, la suiza o la danesa por ejemplo). Y esto ¿cómo pasa? Pues una razón es por que las compañías de seguros y los bancos europeos deben aumentar sus reservas de bonos sin riesgo para cumplir con las normas de los reguladores (Solvencia II y Basilea III) con lo que aumenta la demanda de tales bonos y por ello sus rentabilidades caen. Lo cual mete presión a las entidades financieras que deberán sobrevivir en escenarios tan hostiles (comprar deuda soberana de alta calidad a un interés negativo). Sin embargo parece que, en contra de lo esperado, no está claro que la situación tenga un impacto positivo en la economía real, es decir, un impacto positivo sobre sobre el crecimiento y la inflación. Dado que la presión sobre los márgenes amenaza a las cuentas de resultados de la entidades financieras y puede provocar que dejen de dar crédito con lo que se frena el crecimiento.

Así las cosas, las preguntas inmediatas son: ¿Llegará tal situación a las economías domésticas? ¿Deberemos pagar por que nos custodien nuestros ahorros? Existe consenso en que las respuestas son ambas negativas. A nadie le parecería razonable pagar por depositar sus dineros en la cuenta en el banco y tampoco cobrar por el crédito solicitado o por la hipoteca contratada.

Entonces ¿dónde está el gazapo? Está en el propio sector financiero que tendrá que adoptar estrategias y políticas que le permita ensanchar los diferenciales y mejorar márgenes para que el negocio continue siendo rentable y siga jugando el papel tan crucial que tiene en el ciclo económico. Y de forma adicional el sector financiero deberá reestructurar las redes de oficinas y las plantillas a fin de incrementar su eficiencia.

Es probable que en un futuro próximo veamos como se reduce la remuneración de los depósitos  a plazo, se producen trasvases desde esas cuentas hacia productos como los fondos de inversión, y se empieza a cobrar a las grandes empresas por custodiar sus puntas de tesorería cosa que obligará a los tesoreros a evaluar con cautela qué niveles de liquidez conviene mantener. Se encarecerá el crédito mediante el aumento de los diferenciales o por la prolongación del periodo a tipo de interés fijo. Se irán acabando las políticas de comisiones cero, sobre todo para los clientes menos rentables.

En definitiva, se avecinan unos tiempos complejos en el que las entidades financieras deberán extremar las medidas para incrementar la eficiencia y controlar de forma rigurosa los costes. Sin olvidar el cumplimiento obligado de los objetivos de rentabilidad. ¿Y qué pasa con nosotros los clientes? Pues lo dicho, “seat, look and see !! What else?” Ah, y sin olvidar estar bien informados para tomar decisiones sobre nuestras finanzas con un mínimo de rigor, aunque en ocasiones nos dejemos aconsejar.

 

 

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“La forma más rápida de doblar tu dinero es plegar los billetes y metértelos de nuevo en el bolsillo.”
(Will Rogers (1879-1935) Humorista estadounidense.)

En la primavera del 2015 JPMorgan Chase envió una carta a sus mayores clientes en la que anunciaba que iba a gravar con un 1% aquellos depósitos que excediesen sus necesidades operativas. Es decir, y en otras palabras, se iniciaba la era de los intereses negativos sobre los depósitos. Una era en la que la banca sólo aceptaría depósitos de sus clientes si estos estaban dispuestos a pagar por el servicio de custodia de sus dineros. En los primeros meses del 2016 el Banco Central Europeo -BCE- ha dejado los tipos de interés en el 0%  y en el -0,4% las facilidades de depósito. Mientras que el Banco Nacional Suizo -SNB- ha ido más allá al fijar en el -0,75% el tipo de interés de los depósitos. Y uno se pregunta ¿cuál es el objetivo de tales decisiones? Pues parece que la respuesta está en el intento desesperado de canalizar el crecimiento económico global. En la esperanza de que al tener que pagar por que alguien guarde los dineros, los inversores canalicen esos recursos hacia la economía real en busca de mayores rentabilidades.

Dejo para otra contribución consideraciones, visiones y argumentos más rigurosos de esta situación de tipos de interés negativos. Prefiero ahora centrarme en una primera derivada que me parece sumamente interesante. Parece ser que a raíz de la nueva situación hay ciertos signos de “innovación creativa” que tendrían su foco en la abolición del papel moneda. Que duda cabe que la abolición de los billetes (bank notes) representa un anatema para la mayoría de los ciudadanos, pues se abandona el anonimato del cash y al convertirse éste en simples apuntes electrónicos seria mucho más fácil el control sobre movimientos dinerarios por los gobiernos y administraciones. Por otra parte, el lado menos malo, ello acarrearía grandes ahorros al sistema dado que ya no habría que emitir/imprimir el tedioso papel moneda, no habría que invertir en las innumerables medidas de seguridad ni tampoco en su manipulación, control, almacenamiento y custodia.

En un hecho que, hoy en día, los bancos centrales cuentan cada vez con menos recursos para nuevos estímulos de las economías. Así, una solución para disponer de nuevas herramientas podría ser la abolición del dinero en metálico. Ello permitiría imponer intereses negativos a todo el dinero en circulación, por lo que empresas y hogares se verían forzados a invertir o gastar sus recursos en lugar de guardarlos. De esta forma los bancos centrales podrían recuperar tal vez  un margen de 2 ó 3 puntos porcentuales que les irían muy bien para ejecutar sus políticas. Es claro que el final del papel moneda representa grandes obstáculos prácticos. Pero la pregunta es si el BCE seguirá empujando en esa dirección al presionar a la baja los tipos de interés.

Interesante ¿verdad? Habrá que estar alerta a los cambios. Y como siempre, a los de a pie sólo nos queda el “seat, look and see !! What else?

Fuente: Bloomberg BusinessWeek; Banco de Inglaterra, Andrew Haldane.

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“Las máquinas me sorprenden con mucha frecuencia.”
(Alan Turing (1912-1954) Lógico y matemático británico)

AlphaGo, el sistema de inteligencia artificial construido por la filial de Google DeepMind, acaba de vencer al campeón humano, Lee Sedol, por cuatro juegos a uno en el torneo del juego de estrategia llamado Go. ¿Porqué esto es importante? Después de todo, los ordenadores superaron los seres humanos en el ajedrez en 1997, cuando Deep Blue de IBM derrotó a Garry Kasparov. ¿Pero porqué es importante la victoria de AlphaGo y en qué se basa esa victoria?

Como en el ajedrez, el Go es un juego de estrategia sumamente complejo en que el azar y la suerte no juegan ningún papel. Dos jugadores se turnan para poner piedras blancas o negras en una cuadrícula de 19 por 19; cuando las piedras están rodeadas por los cuatro costados por las del otro color se retiran del tablero, y el jugador que se queda con más piedras al final del juego obtiene la victoria.

Las victorias de AlphaGo ilustran claramente el poder de un nuevo enfoque en el que, en lugar de tratar de programar estrategias inteligentes en un ordenador, construimos sistemas que pueden aprender estrategias ganadoras casi en su totalidad por su propia cuenta, al ver ejemplos de éxitos y fracasos. Así pues, por el momento, la mayor innovación de la Inteligencia Artificial sobre el software tradicional es la capacidad de aprender sin la asistencia de los programadores humanos.

Por otra parte, este éxito de AlphaGo se basa en el uso de los microprocesadores Nvidia que tan buen resultado dan en el tratamiento de gráficos. De hecho los investigadores de DeepMind han usado miles de los procesadores gráficos Nvidia K40 para construir AlphaGo, aprovechando su capacidad de procesar en paralelo miles operaciones simples.

Ese mismo hardware está utilizándose para nuevos proyectos en empresas como Alibaba, Facebook, Microsoft y Google. Proyectos tales como los sistemas de reconocimiento de voz,  el desarrollo de terapias genéticas, programas que trasforman fotografías de satélite en cartografía detallada, o los sistemas software empleados en los coches sin conductor.

Parece que Nvidia ha dado con nuevo filón de negocio en el que sus clientes pueden utilizar sus microprocesadores en muchos otros ámbitos más allá que los gráficos. Good luck Nvidia !!!

 

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Es la tecnología la que resuelve los problemas, no la política.

(Jacque Fresco)

La reciente gran crisis bancaria, los constantes avances tecnológicos, la demografía, los millennials y la generación Z, los cambios en el perfil y en el patrón de comportamiento de esas generaciones que viven y vivirán inmersas en la inmediatez de la respuesta y en la facilidad a la hora de realizar, sin tener que desplazarse, las gestiones que les permitan satisfacer sus necesidades financieras, todos ellos son los factores que están empujando a la banca tradicional a adaptarse a la nueva realidad.

Pero aparecen nuevos actores en el mercado. Y ¿quienes son esos nuevos actores? Pues por una parte los grandes de la tecnología (Apple, Amazon, Google, Facebook, PayPal y otros) que ya han empezado a lanzar servicios financieros propios (p.e. la tarjeta de crédito de Amazon o el servicio de financiación de compras de Apple). Por otro lado están las start up que operan en determinados nichos muy concretos de negocio (p.e. el pequeño crédito al consumo o los préstamos para financiar los estudios universitarios) y que erosionan los márgenes de la banca al no tener grandes costes fijos. Sin olvidar de mencionar el universo del shadow banking  la banca en la sombra que realiza en muchos casos una verdadera actividad bancaria. O las plataformas de crowdfunding. Los medios de pago están siendo el principal caballo de Troya con el cual esos nuevos actores están entrando en el negocio bancario. En definitiva, esos actores pertenecen a la FinTech (Financial Technology), un sector económico compuesto por empresas que utilizan la tecnología para crear un sistema financiero más eficiente.

Y ante ello, ¿qué puede hacer la banca tradicional? La banca tiene una gran baza que es la de poder ser un proveedor global de servicios financieros para sus clientes. Pero tiene que avanzar en la oferta de esos servicios utilizando la tecnología que le permita ser más eficiente, lograr abaratar dichos servicios y, muy importante, acercarlos al cliente y personalizarlos a sus perfiles.

Sin duda grandes retos se plantean y en los próximos tiempos vamos a asistir, sin ninguna duda, a grandes e insospechados cambios en el sector financiero.

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“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.”
Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.

El director del fondo de inversión Pimco, Paul McCulley, bautizó con el nombre de banca en la sombra (shadow banking) los numerosos activos financieros gestionados al margen del sistema bancario regulado. Se trata de productos financieros de alto riesgo que no están supervisados y que no tienen más garantia  que la que les ofrece el propio título. Es decir, paquetes de hipotecas, fondos de alto riesgo (hedge funds), derivados que no cotizan, futuros, proyectos inmobiliarios o prestamos a empresas.

Grandes gestoras internacionales de fondos como Apollo, Oaktree, HIG Whitehorse, ICG, KKR. O, en el caso español, Arcano con la gestora Muzinik, N+1, AFI con Renta 4, aprovechan la situación para irrumpir en el sector del préstamo directo (direct lending) con el fin de poder ofrecer una financiación alternativa a las pymes. El número de gestoras de fondos que prestan directamente a las compañías en USA y Europa se ha duplicado en los dos últimos años.

Y ¿de dónde procede el dinero que la banca en la sombra necesita para prestar a las empresas? Pues de los partícipes de esos fondos a los que se les promete una alta rentabilidad procedente de los elevados intereses que cobran a las empresas prestatarias.

Hasta aqui todo es fácil, siempre que el prestatario pague sus deudas. Pero ¿qué sucede si no es así? Pues lo que ocurrió en la provincia de Hebei, en China, donde once bancos en la sombra solicitaron ayudas económicas al todopoderoso Partido Comunista Chino para paliar la alta morosidad a la que se enfrentaban y evitar así el riesgo sistémico asociado. La banca en la sombra es un sector en el que, al no estar controlado, aparecen malos gestores, aprovechados y estafadores que embaucan al inversor con el señuelo de altas rentabilidades.

No es mala idea que los gestores de fondos financien a la economía real pero ¿conocen esos gestores las empresas a las que prestan? ¿Entienden los modelos de negocio de esas empresas? ¿Están comprando paquetes de deuda y entienden los subyacentes asociados? ¿No será que esa es una tarea de la banca bien capitalizada y con los conocimientos y dinero suficiente para prestar?

El sistema financiero es vital para el funcionamiento de la sociedad y por ello se le debe proteger ante prácticas altamente especulativas. La banca en la sombra debe ser regulada, limitada su actividad y debe estar sometida a las exigencias de solvencia de todo el sector financiero.

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Si quieres conocer el valor del dinero, trata de pedirlo prestado.
(Benjamin Franklin. Estadista y científico estadounidense)

Una cuarta parte de la población en el mundo no tiene una cuenta bancaria, ni calificación crediticia, ni tan solo una identidad financiera !! Es decir, no dispone de capacidad para pedir un crédito !! Ante este hecho docenas de pequeñas, y no tan pequeñas, start-up intentan atraer a esos 2.000 millones de personas hacia el sistema financiero. Pero ¿cómo lo piensan hacer? Pues sencillo: monitorizando el uso que hacen de sus teléfonos móviles e investigando sus hábitos personales y patrones de comportamiento (consultas a la Web, uso de las redes sociales, uso del correo electrónico, etc.) a fin de identificar posibles prestatarios y poder predecir su solvencia, es decir, su capacidad de devolución de un dinero que se le preste.

Mediante estas técnicas se descubre que las personas que no dejan que la batería de su teléfono se agote tienden a atender con puntualidad las cuotas de sus préstamos. Que las personas que reciben más llamadas que las que ellas hacen tienen mayor riesgo para que se les conceda un préstamo. O que aquellos solicitantes de crédito que lo justifican con pocas palabras son preferibles a los que utilizan largos argumentos. Interesante ¿no es así?

Kreditech, una de esas start-up con base en Hamburgo, ha concedido más de 300 millones de euros en préstamos desde que fue creada en el 2012. Sus algoritmos son capaces de generar decenas de miles de inputs de información que son resultado de acciones como las compras realizadas on-line, la geolocalización de las llamadas realizadas o la historia de uso de las redes sociales.

Sabían que las personas que realizan una compra en el mismo día (p.e. tomar un desayuno) durante todas las semanas son buenos candidatos a ofrecerles un préstamo. Que cuando un teléfono móvil permanece en la misma ubicación geolocalizada a diario y durante el mismo intervalo de tiempo es indicador de que su propietario, presumiblemente, está en su lugar de trabajo y por lo tanto también es candidato a ofrecerle un préstamo. Que hasta nuestros amigos pueden ser predictores de nuestra solvencia, pues las personas cuyos amigos pagan con puntualidad sus deudas son más propensas a ser buenas pagadoras también.

En este contexto, hasta el Presidente del Banco Mundial (Jim Yong Kim) ha impulsado una iniciativa para proporcionar acceso universal a los servicios y productos financieros para el año 2020. Está claro que tanto los actores tradicionales (la banca en general) como lo nuevos actores en el mercado (los llamados shadow banks o las  fintechs) van a usar todas esas nuevas fuentes de información que proporciona “la Red” para la evaluación de riesgos en crédito con el fin de ofrecer servicios financieros al mayor número posible de ciudadanos del mundo.

Y es que el Big Data va a abrir una auténtica mina de oro en el sector financiero internacional.

Fuente: Bloomberg

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“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.”
(William Shakespeare)

Entre los años 1870 y 1970 la segunda revolución industrial en los Estados Unidos cambió todos los campos de la economía y las formas de vida de los ciudadanos. En algunas décadas los grandes descubrimientos ofrecieron a los norteamericanos el acceso al agua corriente en sus casas, a la electricidad o al teléfono. El automóvil representó la revolución en el transporte y los fulgurantes avances de la medicina permitieron alargar la esperanza de vida. Estos cambios estuvieron acompañados de un alto incremento de la productividad per capita y de elevadas tasas de crecimiento económico. En las décadas posteriores, aunque se continuaron produciendo innovaciones los factores que miden el crecimiento en relación al progreso tecnológico se debilitaron.

La tercera revolución industrial, la de las TIC, no ha significado un cambio tan drástico en el comportamiento de la sociedad comparada con sus predecesoras. De hecho su impacto ha sido sobre sectores que apenas representan el 7% del PIB de los USA. Los robots entraron hace cerca de cincuenta años en las cadenas de montaje del  sector del automóvil. Pero la economía ha tenido tiempo de adaptarse. Aparecieron nuevos empleos que sustituyeron a aquellos que fueron destruidos por el progreso tecnológico.

Hoy en día el aumento de las desigualdades y las tensiones a la baja  de los salarios son causas que provocan que para las jóvenes generaciones se desvanezca la posibilidad de tener un nivel de vida superior al de sus progenitores como ha venido ocurriendo en el siglo XX. Y ello es debido al fenómeno de estancamiento (secular stagnation) en el que la debilidad de la economía, el descenso de crecimiento demográfico, el envejecimiento y el progreso tecnológico, conducen a un periodo de actividad económica anémica. (Un dato: en la actualidad el 55% de la población española tiene entre 40 y 65 años). Lo cual tendrá consecuencias en las políticas económicas. Por la parte monetaria será necesario habituarse a unos tipos de interés estructuralmente bajos. Mientras que por el lado presupuestario el descenso de los salarios y el envejecimiento de la población se traducirán en una disminución de los ingresos fiscales y en una fuerte presión al alza de los gastos sociales y de las pensiones. Lo que implicará un incremento de la deuda pública o bien un incremento de los impuestos y una disminución de las prestaciones sociales.

De acuerdo con estas reflexiones del profesor Gordon y con los datos que hoy nos indican la ralentización tanto de los países desarrollados como de los emergentes, tal vez debamos empezar a tomarnos en serio el que la edad de oro del crecimiento ya forma parte del pasado.

Fuente: “The Rise and Fall of American Growth”. Robert J. Gordon. Princeton University Press.