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“La forma más rápida de doblar tu dinero es plegar los billetes y metértelos de nuevo en el bolsillo.”
(Will Rogers (1879-1935) Humorista estadounidense.)

En la primavera del 2015 JPMorgan Chase envió una carta a sus mayores clientes en la que anunciaba que iba a gravar con un 1% aquellos depósitos que excediesen sus necesidades operativas. Es decir, y en otras palabras, se iniciaba la era de los intereses negativos sobre los depósitos. Una era en la que la banca sólo aceptaría depósitos de sus clientes si estos estaban dispuestos a pagar por el servicio de custodia de sus dineros. En los primeros meses del 2016 el Banco Central Europeo -BCE- ha dejado los tipos de interés en el 0%  y en el -0,4% las facilidades de depósito. Mientras que el Banco Nacional Suizo -SNB- ha ido más allá al fijar en el -0,75% el tipo de interés de los depósitos. Y uno se pregunta ¿cuál es el objetivo de tales decisiones? Pues parece que la respuesta está en el intento desesperado de canalizar el crecimiento económico global. En la esperanza de que al tener que pagar por que alguien guarde los dineros, los inversores canalicen esos recursos hacia la economía real en busca de mayores rentabilidades.

Dejo para otra contribución consideraciones, visiones y argumentos más rigurosos de esta situación de tipos de interés negativos. Prefiero ahora centrarme en una primera derivada que me parece sumamente interesante. Parece ser que a raíz de la nueva situación hay ciertos signos de “innovación creativa” que tendrían su foco en la abolición del papel moneda. Que duda cabe que la abolición de los billetes (bank notes) representa un anatema para la mayoría de los ciudadanos, pues se abandona el anonimato del cash y al convertirse éste en simples apuntes electrónicos seria mucho más fácil el control sobre movimientos dinerarios por los gobiernos y administraciones. Por otra parte, el lado menos malo, ello acarrearía grandes ahorros al sistema dado que ya no habría que emitir/imprimir el tedioso papel moneda, no habría que invertir en las innumerables medidas de seguridad ni tampoco en su manipulación, control, almacenamiento y custodia.

En un hecho que, hoy en día, los bancos centrales cuentan cada vez con menos recursos para nuevos estímulos de las economías. Así, una solución para disponer de nuevas herramientas podría ser la abolición del dinero en metálico. Ello permitiría imponer intereses negativos a todo el dinero en circulación, por lo que empresas y hogares se verían forzados a invertir o gastar sus recursos en lugar de guardarlos. De esta forma los bancos centrales podrían recuperar tal vez  un margen de 2 ó 3 puntos porcentuales que les irían muy bien para ejecutar sus políticas. Es claro que el final del papel moneda representa grandes obstáculos prácticos. Pero la pregunta es si el BCE seguirá empujando en esa dirección al presionar a la baja los tipos de interés.

Interesante ¿verdad? Habrá que estar alerta a los cambios. Y como siempre, a los de a pie sólo nos queda el “seat, look and see !! What else?

Fuente: Bloomberg BusinessWeek; Banco de Inglaterra, Andrew Haldane.