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” Si alguna vez, ve saltar por la ventana a un banquero suizo, salte detrás. Seguro que hay algo que ganar. ”

(Voltaire ( 1694 – 1778 ) Escritor, historiador y filósofo francés.)

Es viernes por la tarde, en el centro de Manhattan, un numeroso grupo de millenials se dispone a disfrutar de su happiest hour en una fiesta privada a la que han sido invitados. Todos ellos tienen en común que, en un pasado más o menos reciente, han suscrito un préstamo con una sociedad no bancaria de servicios financieros (shadow bank) de nombre Social  Financie, más conocida como SoFi. La organización de la fiesta se enmarca en la campaña iniciada por SoFi bajo el lema:  to kill banks.

SoFi nació hace apenas cinco años ofreciendo la refinanciación de préstamos de estudios a graduados y postgraduados de las universidades top de los USA. Para luego entrar también en el mercado de los préstamos personales, las hipotecas y la gestión de patrimonios. Esta empresa fija su cliente objetivo en los millenials, a los que invita a sentirse miembros de un selecto club con la esperanza de crear una larga relación comercial-financiera con ellos. En lugar de basarse en la clásica evaluación de riesgos y en los ratios de endeudamiento sobre ingresos, el modelo seguido por SoFi se centra en aquellos segmentos de clientes potenciales que ingresan más de lo que gastan, que trabaja en profesiones con altas remuneraciones. Cuando un cliente pierde su empleo, SoFi le ofrece la suspensión temporal de las cuotas de préstamo y le facilita entrevistas con empresas que pueden ser posibles empleadoras. Y si un cliente tiene la intención de iniciar su propio negocio/empresa, SoFi suspende por un semestre los pagos de cuotas del préstamo al tiempo que le facilita contactos con agentes de capital-riesgo que le puedan ayudar en la cristalización de la idea.

SoFi es un claro ejemplo de fin tech y de banca en la sombra, que aprovechan nichos de mercado con la intención de ofrecer un mejor servicio, más adaptado a las necesidades y circunstancias del cliente, y mediante un uso exhaustivo de las TIC y de los dispositivos móviles.

Pero, como siempre, no todo es color de rosa. Este tipo de empresas no captan depósitos lo que les permite esquivar el estar bajo la lupa de los organismos reguladores lo cual, a su vez, les otorga una cierta opacidad. Y es precisamente por no captar depósitos, que actúen como contrapartida de los préstamos que conceden, que les hace necesario captar capital bien sea a través de inversores, de capital riesgo o mediante la emisión de bonos (que no es más que la consabida titulización de la cartera de préstamos (algo deja vu ¿no es así?). Ya que para poder prestar dinero primero hay que disponer de él. Por otra parte, se basan en un modelo que no deja claro que se vaya a obtener una cuenta de resultados apetitosa en cuanto a beneficios. Por no mencionar el riesgo, que esas empresas siempre deben tener presente, de que los Bancos Centrales alteren las políticas de tipos de interés (a la baja) y mermen de forma muy seria su competitividad y rentabilidad de esas empresas.

Además no podemos olvidar que la banca tradicional dispone de mayor músculo financiero y mayores recursos para hacer frente a los vaivenes del mercado y para adaptarse a los cambios en éste. No en vano una de esas empresas en  “la sombra” (OnDeck) ha anunciado haber llegado a un acuerdo con JPMorgan Chase para convertirse en su filial de financiación a pequeñas empresas (si no puedes vencer a tu competidor, alíate con él !!).

En cualquier caso el shadow banking está ahí, luchando por hacerse un hueco en el mercado y habrá que ver con que trozo de tarta se queda y si esa porción es suficientemente apetitosa (léase rentable).

Fuente: 

https://www.sofi.com

Bloomberg BusinessWeek

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