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En un espíritu corrompido no cabe el honor.

(Tácito – Historiador romano.)

Lamentablemente es así. España se ha convertido en tierra abonada de corrupción. Y esta lacra, este cáncer social, está llegando a lo más profundo de la sociedad. Atrás quedaron los casos de corrupción que se dieron bajo los gobiernos de la República (que de haberlos los hubieron), del franquismo, de los gobiernos de Felipe González, de Aznar, de Rodriguez Zapatero o de Rajoy. Hoy los corruptos pertenecen a gran variedad de posiciones sociales. Como siempre a la casta de los políticos ( José Manuel Soria, Rodrigo Rato, Mar Garcia Vaquero -compañera de Felipe González-, Micaela Domeq -esposa de Arias Cañete-, Oleguer Pujol -familia Pujol-, Francisco y Juan José Franco -nietos del dictador Francisco Franco-, entre otros); a los empresarios (José Luís Nuñez, Demetrio Carceller, los Albertos -Cortina y Alcocer-, Riu, Miguel Blesa, etc.); a los deportistas (Sánchez Vicario, Alex Criville, Leo Messi, Neymar Jr., entre otros); a los mediáticos y a los artistas (Montserrat Caballé, Jorge Javier Vázquez, Pedro Almodóvar, Bertin Osborne, Imanol Arias, Ana Duato, Joaquin Sabina, Ana Torroja y varios más); y también al selecto grupo de los ilustres (Mario Vargas Llosa, Pilar de Borbón o el tándem Urdangarin-Borbón, como ejemplos).

A muchos de esos corruptos les hemos oído declaraciones en favor de la progresía, de las posiciones izquierdistas o social demócratas. Pero lo que más me enoja es el absoluto desprecio que todos ellos presentan hacia la sociedad. Anteponiendo su avaricia, su maliciosa codicia, frente a la contribución al bienestar y el progreso social. Esos personajes olvidan que con los impuestos de TODOS los ciudadanos se ha construido, y se mantiene, el estado del bienestar. Que los impuestos son el precio de la civilización y del progreso social (Antony Atkinson). Y los políticos se cuidan bien de no explicarlo.

Pero atención, no son sólo los grupos sociales antes mencionados los implicados. No se puede olvidar otro fenómeno que abona el terreno a la corrupción. Se trata del desempleo. A menudo uno se pregunta cómo puede ser que en un lugar con una tasa de desempleo del 21% (4.791.000 parados en España) sobre el total de población activa, no se produzca una revuelta social. Y la respuesta está en otro tipo de corrupción que es la economía sumergida. Que para la llamada España representa el 20% del PIB. Lo que equivale a 216.000 millones de euros (fuente de datos: INE Abril 2016).

Y ¿cómo atajar este grave problema que corroe a la sociedad? Pues ahí van unas sugerencias, y que el amable lector les de el orden de prioridad que le parezca oportuno:

  • Educación. Proporcionar formación, desde los primeros años escolares, en los principios éticos, de contribución y de solidaridad que deben ayudar a construir una sociedad mejor, con mayor progreso y más justa. No se debe olvidar que la formación de calidad de las personas está íntimamente ligada a la prosperidad y el progreso de las sociedades a las que pertenecen. España es un lugar donde el 43% de la población adulta (entre 25 y 64 años) no ha pasado de la enseñanza primaria (frente al 21% de la Unión Europea).
  • Reforma de la Justicia. Es necesaria una verdadera y drástica reforma, con cambios profundos en la legislación y en el sistema judicial. A fin de que los procesos sean eficaces, ágiles y no se pudran en las manos de los funcionarios (jueces y magistrados incluidos).
  • Mejores Controles. Se hace imprescindible disponer de mecanismos de control (civil, penal, tributario, mercantil, societario) que de forma eficaz detecten de inmediato cualquier práctica corrupta a todos los niveles.
  • Castigo ejemplar. No se trata aquí del “ojo por ojo” ni de “cortar la mano al ladrón”. Pero si de que aquél, o aquella, que es cazado, de forma pública y notoria devuelva con creces a la sociedad aquello que a ella le pertenece.

Tenemos pues una dura y ardua tarea si queremos erradicar de nuestra sociedad la lacra de la corrupción. Y, además, todos debemos implicarnos. La sociedad del futuro la construimos entre todos.