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“La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos.”
George Bernard Shaw (1856-1950) Escritor irlandés.

No cabe la menor duda de que es bueno que un estado disponga de la estabilidad política necesaria que le permita planificar y llevar a cabo las acciones que desemboquen en el crecimiento y desarrollo futuro de la sociedad así como en el bienestar de sus ciudadanos.

Ahora bien, en el caso del estado español y ante el resultado de las últimas elecciones celebradas el 26 de Junio de 2016, se produce una situación especial. Los dos partidos políticos más corruptos de la historia reciente de España (PP y PSOE) han logrado los dos primeros puestos de los resultados electorales, aunque cada uno de ellos sin la mayoría necesaria para gobernar. Sorprendente ¿no? Y sorprendente también el hecho de que en ninguno de sus mitines ni en sus programas electorales se ha hecho la más mínima referencia a los casos de corrupción que les afectan. Y mucho menos a cualquier intención de atajarlos.

¿Nos debería alarmar esa situación? ¿Han valorado los electores el impacto que ese sin fin de casos de corrupción tiene en la sociedad tanto desde el punto de vista ético como del económico? ¿Indican esos resultados electorales que la sociedad española se siente cómoda con la corrupción? ¿Forma parte la corrupción del ADN de la sociedad española?

Como ciudadano  me asusta pensar en algunas de las posibles respuestas a esas preguntas. La aceptación implícita de la corrupción como un hecho con el que hay que convivir no es bueno para nadie. Una sociedad que se precie y aspire a construir un futuro mejor para sus componentes no puede caer en la trampa de amparar y consentir la lacra de la corrupción. A esa lacra cancerígena hay que administrarle la quimioterapia más agresiva a fin de erradicarla por completo. En otro caso la sociedad entera enfermará y acabará muriendo.

Información adicional en: https://es.wikipedia.org/wiki/Corrupción_en_España

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