Archivos para el mes de: enero, 2017

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“Un hombre es pobre no ya cuando carece de todo, sino cuando no trabaja.”

(Charles Louis de Secondat “Montesquieu”, jurista, historiador, filósofo, político)

Cuatro de cada diez personas de entre 20 y 24 años que quieren trabajar no pueden hacerlo por falta de oportunidades. Además, existe una preocupante cifra de más de 400.000 jóvenes de entre 16 y 29 años en total inactividad (es decir, ni estudian, ni trabajan, ni buscan empleo de forma activa). Y centrándose en los datos de desempleo, en esa franja de edad la tasa de paro se sitúa en el 34%.

Una de las causas de esta elevada cifra de desempleo es la falta de formación. Un44% de los jóvenes de entre 16 y 29 años abandona los estudios sin completar la educación secundaria y muchos de ellos ni si quiera consideran retomarlo más adelante. La falta de oportunidades laborales también se da en recién titulados, diplomados y licenciados, principalmente por falta de experiencia laboral y porque la formación que han recibido no se adapta a los requerimientos que demanda el mercado.

Estas son algunas de las conclusiones que se desprenden del estudio “El camino hacia el empleo juvenil. ¿Qué puede hacer la empresa?”, presentado por el Observatorio Empresarial contra la Pobreza.

Reducir el desempleo, es una cuestión económica y social. El estudio advierte de que el sector empresarial debe incluir cuanto antes programas que mejoren la empleabilidad de los jóvenes, bien desde su estrategia de negocio, bien desde su acción social, bien desde su posición como lobby. Esto es esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) basados en el empleo digno, pero también para que las compañías puedan mejorar en competitividad en el medio y largo plazo.

Los autores denuncian la dureza con que la crisis ha tratado a los jóvenes en lo relativo al empleo, la infrautilización de las becas y los contratos de prácticas, así como el uso inapropiado de determinados modos de contratación, ligados a la contratación temporal. Más de la mitad de los jóvenes ocupados están empleados bajo modalidades contractuales de este tipo; sin embargo, sólo un 7% lo hace con un convenio relacionado con la formación y las prácticas.

La ausencia de empleo tiene consecuencias muy importantes sobre los niveles de vulnerabilidad social de los jóvenes. Así el 58% de los jóvenes desempleados en España se encuentran en riesgo de exclusión social.

Prevenir, reincorporar y reciclar. El informe propone un conjunto de medidas en las que los distintos agentes coordinados –empresa, tercer sector y administración– pueden trabajar para mejorar este escenario:

Prevención del abandono escolar temprano. Según las estadísticas, el abandono escolar suele estar vinculado al desconocimiento y/o impacto que puede ocasionar en el joven a largo plazo el hecho de no finalizar sus estudios.

Reincorporación al sistema educativo. Una buena iniciativa sería la de crear entornos formativos muy distintos a los actuales, más flexibles, de menor duración, orientados y cercanos a la práctica y al desempeño profesional. El informe también recomienda a las empresas con trabajadores sin formación reglada que les ayuden a completarla con políticas de formación.

Transición de la formación al empleo. Se recomienda poner en marcha programas de asesoramiento, de creación de becas y contratos de prácticas, o de fomento del emprendimiento juvenil, entre otros ejemplos. También alcanzar acuerdos con centros educativos, crear titulaciones o centros de formación propios que sirvan también para cubrir las propias necesidades de cada empresa.

Empleabilidad y gestión de jóvenes en especial riesgo de exclusión social. Trabajando de forma conjunta empresa y entidades del Tercer Sector.

Políticos, Administraciones, Empresas, Ciudadanos, ¿qué estamos haciendo para construir un futuro digno para las generaciones que nos van a suceder?

Fuente: “El camino hacia el empleo juvenil. Qué puede hacer la empresa” (Observatorio Empresarial contra la Pobreza – Enero 2017)

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“Las élites se están dando cuenta de que la desigualdad está convirtiéndose en un hecho políticamente peligroso”

(Guy Standing, University of London (SOAS) & Basic Income Earth Network -BIEN-)

¿Qué está pasando? Pues, por una parte, que la globalización y la robotización amenazan con destruir miles de puestos de trabajo ya sean muy cualificados o poco cualificados. Y, por otra, que la forma desigual en la que se reparten los beneficios de la globalización y de los cambios tecnológicos está angustiando a la sociedad.

Las mismas élites se dan cuenta de que las desigualdades no pueden continuar creciendo. Ya empieza a haber reacciones, no siempre bien encaminadas (los populismos). El sistema actual de protección social genera mucha burocracia y hace que algunas personas en lugar de dedicar su tiempo a actividades generadoras de riqueza lo dediquen a buscar cuantas más ventajas mejor de la red de protección.

Que los cambios tecnológicos afectan al mercado de trabajo es un hecho que ha ocurrido otras veces y, al final, a pesar de las personas que han sufrido durante la transición, el cambio ha sido, en general, positivo. Las máquinas nos han liberado de los trabajos más tediosos y que exigían más esfuerzo físico, la productividad ha aumentado y con ella lo ha hecho el nivel de vida. Ahora, sin embargo, hay expertos que opinan que con el grado de automatización que aporta la inteligencia artificial, el escenario puede ser diferente y se pueden perder muchos puestos de trabajo de forma permanente.

Para intentar paliar esa situación, algunos países están planteando la creación de una renta básica universal, y Finlandia es hoy pionera en ello. Ese país va a hacer una prueba piloto, con horizonte temporal de dos años, con 2000 personas escogidas estadísticamente entre los 25 y los 58 años de edad que ya reciben ayudas públicas no contributivas por su situación de desempleados. Cada una de ellas recibirá una renta básica de 560 €/mes sin condiciones. Es decir no deberán demostrar que buscan un empleo, y podrán trabajar a tiempo parcial como temporeros o como autónomos. Tampoco tendrán la obligación de asistir a cursos de formación o mantener reuniones de control y seguimiento por parte de las oficinas de empleo. Paradójicamente  el primer objetivo de la renta básica a la finlandesa es el de fomentar la ocupación. Lo que ocurre en Finlandia es que los parados tienen una gran protección, pero la pierden si cogen trabajos aunque sea a tiempo parcial. Ahora, por ejemplo, en la ciudad de Oulu, tienen muchos parados profesionalmente muy competentes debido a la crisis de Nokia. Al mismo tiempo, hay empresas start-ups que les podrían dar trabajo, a veces a tiempo parcial, pero las cuentas no salen si el parado puede perder la protección social. Con esta situación salen perdiendo la start-up, el desempleado, el estado finés y la sociedad en general.

Esta nueva situación, en la que las sociedades occidentales se van a ver envueltas, genera muchas dudas y preguntas:

  • Si repartimos una renta básica, ¿habrá más personas que trabajarán o crearán empresas o más personas que dejarán de trabajar y malgastaran el dinero en alcohol o drogas? ¿Habrá gente que dejará trabajos poco interesantes y lo aprovechará para obtener una mejor formación y así poder optar a una mejora profesional?
  • Esa renta básica ¿aumentará la creación de pequeños negocios y se convertirá en un colchón amortiguador que permitirá probar suerte con menos riesgo?
  • Esa renta básica ¿frenará la situación actual en la que los beneficiarios de subsidios esquivan al sistema manteniendo los ingresos justo por debajo del nivel que les permite recibir importantes subsidios (por ejemplo la cobertura del 60% del alquiler de la vivienda en el caso finlandés)?
  • La linea entre la responsabilidad individual y la social ¿se hará más imperceptible? ¿Será más fácil “moverse” dentro del sistema en beneficio propio?
  • ¿Provocará esa renta básica un “efecto llamada”?
  • Esa renta básica ¿es sostenible desde el punto de vista financiero a nivel país? (Unos primeros cálculos estiman que a Finlandia le puede costar el 17% de su PIB. Que extrapolado a España obligaría a elevar la presión fiscal del actual 44% hasta el 65%).
  • Y ¿qué hay de las posibles externalidades? ¿Provocará esa renta básica que una parte de los beneficiarios, al tener unos ingresos garantizados, descarte cualquier forma de ocupación laboral? ¿Fomentará esa renta básica el crecimiento de la economía sumergida?
  • ¿Se perderá la consciencia del trabajo como acto enriquecedor para uno mismo y como un servicio, una colaboración, una contribución, para con la sociedad?

No sólo Finlandia está experimentando con la renta básica universal. Suiza ya se ha manifestado recientemente al respecto mediante un referéndum. El senado francés ha aprobado otro experimento y también los tendrán pronto en Canadá y en Holanda.

En cualquier caso el experimento finlandés merecerá ser tenido en cuenta y estudiados sus resultados. Aunque no debemos olvidar la distancia abismal que, hoy por hoy, existe entre el importantísimo sentido de la responsabilidad colectiva que se tiene en  los países nórdicos y el de los países mediterráneos al norte de África.

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