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“Un hombre es pobre no ya cuando carece de todo, sino cuando no trabaja.”

(Charles Louis de Secondat “Montesquieu”, jurista, historiador, filósofo, político)

Cuatro de cada diez personas de entre 20 y 24 años que quieren trabajar no pueden hacerlo por falta de oportunidades. Además, existe una preocupante cifra de más de 400.000 jóvenes de entre 16 y 29 años en total inactividad (es decir, ni estudian, ni trabajan, ni buscan empleo de forma activa). Y centrándose en los datos de desempleo, en esa franja de edad la tasa de paro se sitúa en el 34%.

Una de las causas de esta elevada cifra de desempleo es la falta de formación. Un44% de los jóvenes de entre 16 y 29 años abandona los estudios sin completar la educación secundaria y muchos de ellos ni si quiera consideran retomarlo más adelante. La falta de oportunidades laborales también se da en recién titulados, diplomados y licenciados, principalmente por falta de experiencia laboral y porque la formación que han recibido no se adapta a los requerimientos que demanda el mercado.

Estas son algunas de las conclusiones que se desprenden del estudio “El camino hacia el empleo juvenil. ¿Qué puede hacer la empresa?”, presentado por el Observatorio Empresarial contra la Pobreza.

Reducir el desempleo, es una cuestión económica y social. El estudio advierte de que el sector empresarial debe incluir cuanto antes programas que mejoren la empleabilidad de los jóvenes, bien desde su estrategia de negocio, bien desde su acción social, bien desde su posición como lobby. Esto es esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) basados en el empleo digno, pero también para que las compañías puedan mejorar en competitividad en el medio y largo plazo.

Los autores denuncian la dureza con que la crisis ha tratado a los jóvenes en lo relativo al empleo, la infrautilización de las becas y los contratos de prácticas, así como el uso inapropiado de determinados modos de contratación, ligados a la contratación temporal. Más de la mitad de los jóvenes ocupados están empleados bajo modalidades contractuales de este tipo; sin embargo, sólo un 7% lo hace con un convenio relacionado con la formación y las prácticas.

La ausencia de empleo tiene consecuencias muy importantes sobre los niveles de vulnerabilidad social de los jóvenes. Así el 58% de los jóvenes desempleados en España se encuentran en riesgo de exclusión social.

Prevenir, reincorporar y reciclar. El informe propone un conjunto de medidas en las que los distintos agentes coordinados –empresa, tercer sector y administración– pueden trabajar para mejorar este escenario:

Prevención del abandono escolar temprano. Según las estadísticas, el abandono escolar suele estar vinculado al desconocimiento y/o impacto que puede ocasionar en el joven a largo plazo el hecho de no finalizar sus estudios.

Reincorporación al sistema educativo. Una buena iniciativa sería la de crear entornos formativos muy distintos a los actuales, más flexibles, de menor duración, orientados y cercanos a la práctica y al desempeño profesional. El informe también recomienda a las empresas con trabajadores sin formación reglada que les ayuden a completarla con políticas de formación.

Transición de la formación al empleo. Se recomienda poner en marcha programas de asesoramiento, de creación de becas y contratos de prácticas, o de fomento del emprendimiento juvenil, entre otros ejemplos. También alcanzar acuerdos con centros educativos, crear titulaciones o centros de formación propios que sirvan también para cubrir las propias necesidades de cada empresa.

Empleabilidad y gestión de jóvenes en especial riesgo de exclusión social. Trabajando de forma conjunta empresa y entidades del Tercer Sector.

Políticos, Administraciones, Empresas, Ciudadanos, ¿qué estamos haciendo para construir un futuro digno para las generaciones que nos van a suceder?

Fuente: “El camino hacia el empleo juvenil. Qué puede hacer la empresa” (Observatorio Empresarial contra la Pobreza – Enero 2017)

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