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Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella.
(Joan Baez)

Lo decía en Mayo del 2016: España se ha convertido en tierra abonada de corrupción. Y esa lacra, ese cáncer social, está llegando a lo más profundo de la sociedad.

España ha mantenido una puntuación de 58 sobre 100 en el Índice de Percepción de la Corrupción del 2016 elaborado por la ONG Transparency International. A pesar de esto, se sitúa en el puesto 41 de 176 del ránking y baja cinco posiciones respecto al año 2015. (España está seis puestos por debajo de Botswana !!) Según los datos, España tiene una situación de “corrupción comparativamente alta” en relación a los demás países del euro. Una comparación que, a juicio de Transparency International, es “preocupante” y “manifiestamente mejorable”.

Y es que en España, ya en el Siglo de Oro (periodo entre los siglos XVI y XVII), el Duque de Lerma ejerció el gobierno en nombre de Felipe III destacando como un notorio corrupto. En tiempos más cercanos, en el siglo XIX, la reina regente María Cristina de Borbón (tal vez ahí empieza la saga) se hizo célebre por su participación en negocios turbios que favorecieron el rechazo entre el pueblo y los políticos. Y luego sigue un sinfín de casos que van desde la República y la Dictadura franquista a la posdictadura, en ocasiones llamada periodo democrático, y llegan hasta nuestros días.

Transparency International ha alertado de que la situación de España en cuanto a percepción de corrupción “produce tristeza” porque, a pesar de las inversiones que se hacen en materia de lucha contra la corrupción, “no se consigue que se reduzca seriamente y hasta en ocasiones empeora”.

A mi juicio esa percepción produce mucho más que tristeza, produce auténtica indignación y vergüenza de ser titular de un pasaporte de un lugar que es tierra abonada de corrupción.

Si no peleamos para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabaremos formando parte de ella !!

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