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Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización
(Ernesto Sábato (1911-2011). Escritor argentino.)

Efectivamente, no se trata del populismo sino de la globalización y de los daños colaterales que lleva asociados. Es más, el populismo es uno de esos daños colaterales.

Ya hace algún tiempo que “las autoridades económicas del mundo” (léase aquel reducido y selecto grupo que maneja los hilos del funcionamiento de la gran máquina mundial) van exhortando a sus empleados de lujo (los líderes políticos) a que mantengan un sistema de libre comercio pero que también dediquen más atención a los damnificados (aquellos pobrecillos que pierden su trabajo o que no logran acceder a él) víctimas de los procesos de globalización. Esa es una de las conclusiones que se han desprendido de la reciente reunión (Abril del 2017) en Berlín de aquél selecto grupo.

Parece que ahora se admite que la globalización se encuentra en un momento crítico debido su impacto negativo sobre el empleo de determinados grupos sociales. La globalización está dejando atrás a demasiados individuos y grupos, en especial en las economías avanzadas. Ya existen evidencias de que el libre comercio produce efectos perniciosos en los puestos de trabajo de sectores manufactureros de Europa y de los USA debido a la “competencia vía importaciones” desde zonas con salarios mucho más bajos. Aunque existen otros factores que también contribuyen a la destrucción de puestos de trabajo y a la depauperación de salarios. Factores como las tecnologías de la información y la robotización están contribuyendo a la eliminación de puestos de trabajo. Y ante estos escenarios no es casualidad que aparezcan lo que llaman “populismos” que hagan bandera de la destrucción laboral en muchas zonas de sus respectivos países y recojan el malestar de sus ciudadanos. He ahí el efecto colateral.

Y, ¿qué hacer al respecto? A mi juicio parece que el selecto grupo sólo propone medidas balsámicas. Es decir, facilitar la movilidad, aumentar las políticas de empleo (programas de formación, asistencia en la búsqueda de empleo), ofrecer prestaciones públicas de empleo, modificar los sistemas educativos para que los futuros trabajadores sean capaces de encararse a unos mercados más cambiantes. Suena a déjà vu ¿no es así?

Sin duda es bueno que el selecto grupo afronte esas realidades. Aunque por otra parte, las afronta porque de las soluciones dependerá su supervivencia y el siempre difícil equilibrio mundial. Tal vez sería mejor hacer un alto en el camino, reflexionar sobre los resultados conseguidos, reflexionar sobre los costes asociados y tomar nuevas rutas con un menor impacto social y humano.

 

Más información:

https://www.wto.org/english/news_e/news17_e/wto_imf_report_07042017.pdf

 

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