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“Internet es positivo porque nos une, nos conecta. Incluso a las personas mayores. El estar conectados nos prolonga la vida y no solamente añade años a la vida, sino vida a los años”.

(Luis Rojas Marcos)

En contraposición a esa idea el autor del libro que al final se cita considera que Internet no es una herramienta al servicio de la humanidad. Sino que pone la humanidad a su servicio, nutriéndose de sus anhelos, de sus gustos, de sus costumbres, de sus formas de vida. Tengamos en cuenta que Google, a través de una cuidada combinación de IPs y de cookies, es capaz de conectar elementos de búsqueda para un individuo particular a través del tiempo. A este hecho, Eric Schmidt antiguo presidente de la compañía, lo denomina “vivir en un registro histórico”, razón por la que “deberíamos ser más cautos en nuestras contribuciones en la red y en lo que de nosotros ofrecemos a los demás”. Ciertamente Internet ha pasado de ser una herramienta de consulta con la que el usuario primero se hacía una pregunta y después buscaba la respuesta, a ser un elemento omnipresente en la sociedad. Un elemento en actividad permanente que es el que formula las preguntas impidiendo, a menudo, al individuo generar nuevos marcos de referencia.

Recientemente desayunaba con prisa en la barra de una cafetería cercana a mi domicilio y a ambos lados veía a otros clientes con la cabeza baja ensimismados en las pantallas de sus móviles. Poco después tomé un autobús en el que calculo que las dos terceras partes de los pasajeros estaban absortos concentrados en las pantallas de sus móviles consultando, jugando o enviando-recibiendo mensajes en lugar de disfrutar de una mañana excelente y de la vista a los fantásticos edificios modernistas de mi ciudad. (El tercio restante de los pasajeros, por su edad, tal vez estaban ya de vuelta de las redes sociales). Y me pregunté ¿qué está pasando? Seguro que usted, lector, habrá vivido situaciones semejantes.

Es evidente que no se puede caer en fundamentalismos ni a favor ni en contra de la Red y sus contenidos. A la que, con frecuencia, le dedicamos unos recursos personales muy superiores al retorno que recibimos. En cualquier caso recomiendo la lectura de este libro que invita a la reflexión personal acerca de nuestra actitud frente a la Red y frente al tiempo, valiosísimo tiempo, que le dispensamos.

Más información:

“La gran adicción. Como sobrevivir sin internet y no aislarse del mundo”.

(Enric Puig Punyet; Arpa editores; Septiembre-2016)

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