Archivos para el mes de: junio, 2017

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“En la mayoría de los casos la ignorancia es algo superable. No sabemos porque no queremos saber.”
(Aldous Huxley (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés.)

El Banco de España acaba de publicar (Junio de 2017) un interesante documento (“Informe sobre la crisis financiera y bancaria en España, 2008-2014″) con el objetivo de dar la visión de la entidad acerca de la, tan traída y llevada, crisis financiera.

Uno humildemente repasa el documento ávido de encontrar análisis sinceros de las situaciones ocurridas, de encontrar autocríticas que fundamenten actitudes y actuaciones futuras. Pero sólo se encuentra con unas mínimas evaluaciones de actuaciones realizadas y constata que el propio Banco de España no realiza ninguna autocrítica más allá de reconocer que durante la generación de la burbuja y los graves desequilibrios que acabaron hundiendo a muchas entidades financieras, el propio Banco de España dispuso de unos instrumentos regulatorios que resultaron ser claramente ineficientes.

Y lo peor viene ahora. Según los números del Banco de España los rescates públicos al sector financiero han significado un desembolso de capital de 64.000 millones de euros de los que el propio Banco de España reconoce implícitamente ya se dan por perdidos unos 60.000 millones de euros.

No olvidemos que se habla de dinero público, es decir, a cuenta de nuestros bolsillos y de los servicios públicos (educación, sanidad, pensiones, seguridad) que vamos a dejar de recibir o que vamos a recibir muy mermados de intensidad y calidad.

Antes estos hechos, uno recuerda que en el mes de Marzo de 2017 Islandia dio por cerrada la crisis financiera sufrida y avanzó su regreso a los mercados internaciones de financiación. Todo ello después de recibir, en el año 2008, asistencia económica del FMI. Préstamo que devolvió anticipadamente en el año 2015. Uno recuerda también que los ciudadanos de Islandia obligaron a dimitir a su primer ministro y lo llevaron a los tribunales justo por la crisis financiera. Y uno se sonroja de vergüenza al comparar los dos Estados (Islandia vs Spain), salvando las distancias naturalmente.

Pues eso, españolitos pagad y callad. ¿Alguna objeción?

 

Más información:

http://www.bde.es/f/webbde/Secciones/Publicaciones/OtrasPublicaciones/Fich/InformeCrisis_Completo_web.pdf

 

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“El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.”
(Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.)

SAREB es el “banco malo” creado en 2013 por el Gobierno español de turno para integrar la mayoría de activos inmobiliarios tóxicos de los bancos intervenidos por el Estado español después de la explosión de la burbuja inmobiliaria que causó la gran recesión iniciada en el 2007. La creación de ese banco se produjo después de que el Gobierno español recibiera una suculenta ayuda económica, el RESCATE se quiera o no, procedente de Europa.

Para hacernos creer a todos que el RESCATE no computaba como déficit público el Gobierno se inventó una triquiñuela por la que el sector privado (mi banco, tu banco, mi aseguradora, tu aseguradora) aportarían los dineros (nuestros dineros), a excepción del BBVA que no quiso entrar en el juego. En total 4.800 millones de euros contantes y sonantes. Como cebo se esgrimía que SAREB obtendría una rentabilidad anual del 14% a los largo de su existencia (hasta 2027 según la vida pactada para la SAREB).

En el mes de Abril de 2017, el presidente de SAREB (personificado por El Sr. Jaime Echegoyen) tuvo la desfachatez de anunciar a la opinión pública que los accionistas, es decir, los aportantes de los dineros antes mencionados, van a perder el 30% de su inversión. En otras palabras, de una u otra forma los contribuyentes vamos a perder la friolera de 1.440 millones de euros.

Visto toto ello, una vez más es URGENTE que la ciudadania tenga unos mínimos conocimientos que le aporten criterio a la hora de acudir a las urnas para unas nuevas elecciones.

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“Creo, sinceramente, como tú, que los sistemas bancarios son más peligrosos que los ejércitos.”

(Thomas Jefferson)

No se trata, ni mucho menos, de hacer leña del árbol caído. Sin embargo uno se plantea muchas preguntas. El Popular era el banco del Opus Dei ¿Cómo es que un banco que fue en muchas ocasiones durante la década de los 1990’s, bajo la dirección de los hermanos Valls y Taberner y también del profesor Rafael Termes, el banco más rentable de Europa ha caído de forma tan estrepitosa? ¿Cómo un banco que supo superar la crisis de los años 1980’s ha desaparecido del mapa? ¿Cómo un banco que hizo bandera de conseguir rentabilidad a través de la austeridad y el control de costes, centrado en el negocio bancario básico de particulares y empresas, es un banco que hoy (en Junio del 2017) forma parte ya del recuerdo?

Muchas son las respuestas y muy pronto se publicaran estudios e investigaciones sobre el “caso Banco Popular”. Sin embargo humildemente me atrevo a sintetizar en una respuesta: a partir del año 2004, con la nueva Dirección del banco, se desencadenó en él  la “codicia”. Viendo como sus competidores sacaban jugosos beneficios del sector inmobiliario, se quiso entrar en ese negocio en detrimento de otros negocios mucho más sensatos. Y se entró en el “ladrillo” cuando los precios ya estaban por las nubes. Y ya saben, lo peor que puede hacer un inversor es comprar caro. Ahora ahí están los resultados!

De todo ello me permito extraer dos consecuencias. La primera de ellas es la extrema facilidad con la que un gran estilo y espíritu de dirección, una cultura empresarial sensata, centrados en el negocio tradicional, en el negocio que se domina, con una gran vocación de servicio y de supervivencia, todo desaparece con extrema facilidad   ante el relevo en la alta dirección y con la llegada de la “avaricia y el pelotazo” en busca de los beneficios fáciles centrándose en el cortoplacismo.

La segunda consecuencia es el preocupante hecho de que el sistema financiero ha vuelto a quedar en entredicho. Y no me preocupa la pérdida de valor de las acciones del Banco Popular o las pérdidas soportadas por los accionistas (al fin y al cabo el accionista es dueño de parte del capital del banco y debería saber exactamente el riesgo que corre cuando se entra en el capital).

Lo que en realidad me preocupa es que los organismos reguladores no han estado a la altura de las circunstancias y se han autodesacreditado por su inacción. En Julio de 2016 la Autoridad Bancaria Europea (EBA) avalaba la solidez del Popular y reconocía que se habían superado las pruebas de los test de estrés. El mismo Banco Central Europeo (BCE) auditó hace menos de un año al Popular sin ninguna salvedad en sus informes y con el beneplácito del Banco de España (BdE). Hoy menos de un año después el Banco Popular ha dejado de existir. ¿Cómo ha sido posible?

Esta situación si que representa un gran reto para las autoridades bancarias y monetarias españolas y europeas. El reto de recuperar la confianza de los mercados, y lo que es más importante recuperar la confianza de los ciudadanos y por ende la de los clientes de banca.