Archivos para el mes de: marzo, 2018

Unknown

“Lo que más odio de la banca es que reduce la gente a cifras”

(Brad Pitt)

En Noviembre de 2017 publicaba un post acerca del nuevo concepto de “Open Banking“, sistema que proporciona a un usuario (terceras empresas) acceder a las bases de datos de clientes de las instituciones financieras (bancos y empresas del sector financiero) mediante APIs (Application Programming Interfaces) que proporcionan las propias entidades financieras. Sistema que se basa en un estándar internacional que define la forma en la que los datos de los perfiles de los clientes de un banco se crean, se comparten y se acceden, de tal forma que esas informaciones sean accesibles por terceros. En definitiva, mediante los denominados TPPs (Third Party Payment Service Providers) se permitirá el acceso de terceros a las cuentas de los clientes de un banco, y el inicio de pagos en su nombre. Eso si, “a priori previa autorización del titular de la cuenta”.

Hoy ese nuevo concepto ya ha tomado forma definitiva. Se trata de la recién aprobada norma europea de medios de pago PSD2 (Payment Service Directive 2). Con ella se pone en manos de los usuarios/clientes/ciudadanos todos sus datos bancarios. Es decir, que éstos, si así lo desean y dan su consentimiento expreso, pueden hacer uso de la información contenida en sus cuentas y tarjetas y compartirla si necesidad de que cada entidad de su consentimiento. Dicho de otra forma, el usuario/cliente/ciudadano puede permitir el acceso y explotación de todos sus datos financieros. Esto es, los saldos y movimientos de sus cuentas incluidas las nóminas o ingresos que percibe, el número de tarjetas que posee, los límites de crédito de sus tarjetas, las compras que ha realizado con sus tarjetas, los recibos que tiene domiciliados, los importes de dichos recibos, los préstamos de los que es titular, las garantías aportadas en dichos préstamos, los seguros contratados, y multitud más de datos que permiten definir con exactitud el perfil financiero/consumidor del usuario/cliente/ciudadano.

En España el primer banco en apuntarse a esta novedad fue Santander con el lanzamiento de su aplicación Money Plan. El segundo mayor banco, el BBVA también ha modificado su aplicación API Market con el fin de permitir la entrada de datos de cuentas y tarjetas que sus clientes tengan en otras entidades. Y CaixaBank acaba de presentar Family Now un servicio que está disponible tanto en aplicación como en web. Su nueva versión incluye la “funcionalidad multientidad” mediante la cual cada cliente puede agregar todas las cuentas y tarjetas de distintos competidores en una misma solución informática  “para tener una visión global de las finanzas personales”.

Sin ninguna duda los datos de los clientes de un banco constituyen un activo importantísimo y son fuente de una clara ventaja competitiva. Y las entidades financieras, y multitud de empresas y start up’s, se están apresurando a entrar en este “nuevo negocio” del mercadeo de “mi perfil bancario y financiero” con la excusa de ofrecerme con rapidez y prontitud productos y servicios basados en el análisis de mi perfil.

Pero con todo subyacen unas cuestiones muy importantes: ¿Qué sucede con mi privacidad? ¿Qué sucede con la confidencialidad de tan importantes informaciones personales? ¿Cuál es la cobertura jurídica tanto nacional como internacional acerca de ello?

Y la más importante, “The million dollar question”: ¿yo/nosotros que soy/somos fuente de tan preciada información, qué gano/ganamos con el mercadeo de nuestros datos?

Cuestiones que, mucho me temo, hoy por hoy todavía no tienen una respuesta clara.

 

Más información:

https://valoradicional.wordpress.com/2017/11/07/open-banking-nuestros-datos-personales-bancarios-y-financieros-van-a-subasta/

http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=celex:32015L2366

 

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Unknownimages

“El proceso mediante el cual los bancos crean dinero, es tan simple, que la mente lo rechaza.”

(John Kenneth Galbraith)

En el mes de Abril del 2016 publiqué una contribución en la que, bajo el titular They want to kill banks, comentaba el caso de una fintech norteamericana (So-Fi) cuyo lema empresarial era “to kill banks”.

Hoy, desde mi humilde posición de conocedor e investigador del sector financiero, me atrevo a hacer algunos comentarios sobre un libro que acaba de publicarse en Febrero del 2018, cuyo título “El Fin de la Banca: el Dinero, el Crédito y la Revolución Digital” encaja a la perfección con aquella contribución. Su autor, Jonathan McMillan, es en realidad un seudónimo detrás del cual hay dos profesionales del mundo de las finanzas. Uno de ellos es un experto en finanzas que trabaja para un gran banco global mientras que el segundo es un académico.

Repasemos primero unos conceptos previos. A grandes rasgos podemos afirmar que el sector financiero contribuye a la actividad económica con dos importantes funciones básicas. La primera de ellas es la provisión de canales a través de los cuales la sociedad ahorra y convierte ese ahorro en inversión. La segunda función básica del sector financiero es la provisión de servicios de pago que permiten un funcionamiento más eficiente de los mercados y del sistema económico. Un banco, como institución de intermediación financiera que es, proporciona el vehículo para que personas, familias y empresas canalicen sus excedentes de ingresos que luego serán invertidos. Desarrollando de esta forma el proceso de canalización del ahorro hacia la inversión. En resumen, un banco es una institución cuyas operaciones corrientes consisten en la concesión de préstamos y la recepción de depósitos provenientes de sus clientes.

Así pues la banca, en general, desarrolla un conjunto de actividades que abarcan desde la captación de depósitos y su colocación en forma de productos de financiación, hasta la gestión de riesgos asociados a dichas operaciones y también la gestión de la información relativa a todos los procesos de intermediación. El análisis de la eficacia en la gestión de esos procesos por parte de la banca permite comprender la evolución de su productividad y, por lo tanto, la posibilidad de sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo y más global.

Volviendo al libro de McMillan, éste ofrece una perspectiva novedosa e interesante sobre la razón de ser de la banca. Analizándola desde una primera visión de la banca en la era industrial para luego pasar a la visión de la banca en la era digital. Da un repaso a elementos propios de la actividad bancaria: depósitos, créditos, asimetrías de información, riesgo moral y riesgo crediticio, riesgo de liquidez, pánico bancario, garantía de depósitos, regulación bancaria. Para a continuación analizar la banca en la sombra (shadow  banking), la titulación de activos, la crisis financiera del 2007 y los grandes errores cometidos durante esa crisis.

Con todo ello en el texto se sientan las bases para la tesis central del libro al postular que “la banca tal y como hoy la conocemos ha dejado de ser necesaria“. Utilizando como primer argumento para dicha aseveración el hecho de la irrupción de las TIC en el sector. Lo que han permitido el gran fenómeno de la desintermediación (P2P, directlendingcrowlending, crowfunding, digital currencies, etc.) y la aparición de múltiples nuevos actores en el mercado. Otro argumento utilizado por los autores son los gravísimos errores cometidos durante las crisis y sus amargas consecuencias. Errores que se centran en la titulación de activos tóxicos, el uso de desmesurado de derivados y la politización de los bancos centrales (o el aprovechamiento político de las Cajas de Ahorro en el caso español).

Por mi parte, la afirmación de que la banca deja de ser necesaria me parece un poco desproporcionada. Es claro que el sector financiero está experimentando grandes cambios. Cambiará el papel del sector público en cuanto al sistema financiero, cambiará la forma de hacer de la banca, aparecerán nuevos actores en el mercado, el dinero físico -el papel moneda- caerá en desuso debido a la tecnología y a la mejora en eficiencia. Pero muchas actividades perduraran. Continuará siendo necesarias la regulación y la “vigilancia” de las operaciones, la existencia de mecanismos de protección, de mecanismos mejorados de gestión de la información, actividades todas ellas que son imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema. De hecho hoy existen multitud de plataformas en la red que ofrecen “servicios financiero-bancarios”. Plataformas que buscan arañar su trozo de pastel. Pero la liturgia continua siendo la misma: garantía de capital, control y seguimiento de la información y de las operaciones en curso, garantías aportadas, protección de los depositantes e inversores, etc.

Por que la esencia de la actividad bancaria, su core activity, continuará siendo la canalización del ahorro hacia la inversión y la provisión de servicios a la sociedad. Ya sea esta canalización por medio de la banca, de los fondos de inversión o de entidades cooperativas.

Y ante este panorama, ¿qué puede hacer la banca tradicional? La banca tiene una gran baza que es la de poder ser un proveedor global de servicios financieros para sus clientes. Pero para lograrlo tiene que innovar en la oferta de tales servicios utilizando la tecnología que le permita ganar eficiencia, abaratar el coste de los servicios y, sobre todo, acercarlos a los clientes y personalizarlos de acuerdo con sus perfiles.

En cualquier caso, no nos quepa la menor duda de que en un futuro no muy lejano continuaremos asistiendo a grandes cambios en el sector financiero.

Más información:

“The End of Banking” (Jonathan Macmillan. 2018. Penguin Random House)

https://valoradicional.wordpress.com/2016/04/04/they-want-to-kill-banks/

https://www.endofbanking.org

Unknown

Mi escepticismo me salvaguarda de volverme un fanático, algo contra lo que ninguna fe ha conseguido nunca proteger.

Karlheinz Deschner (Escrito e historiador alemán)

Las economias del sur de Europa no han avanzado en convergencia real con respecto a la Unión Europea desde la introducción del euro. En el caso de España ésta sólo ha conseguido mantener su distancia, según un informe del BCE (Banco Central Europeo) de Diciembre del 2017. El mismo informe señala que aunque se ha reducido la dispersión en cuanto a tasas de crecimiento del PIB (Producto Interior Bruto), las diferencias de renta entre los distintos países persisten.

El informe indica que la causa de esta situación no ha sido la introducción de la moneda única. En su lugar apuntan a que esas deficiencias en la convergencia entre países proceden de épocas pasadas, tal vez décadas, y responden a condiciones de naturaleza estructural de las distintas economías de los países del sur.

En el caso de España el informe indica que en la década de los 1960’s el PIB per capita creció por encima de la media de los países de la UE. Registrándose una convergencia moderada durante los 1990’s aunque parcialmente contrarrestada por una baja productividad laboral. La tendencia de España de orientar el crecimiento hacia actividades laborales intensivas y relativamente poco cualificadas, como la construcción y los servicios, ha ocasionado un efecto adverso en la productividad. A lo que hay que sumar la menor calificación del capital humano y una baja inversión en I+D, entre otras razones.

En cuanto a la tasa de desempleo, a pesar de que España se encuentra en el club de los “países ricos”, los datos comparativos no son alentadores. España con un 16,4% está justo por delante de Grecia (20,6%) y justo detrás de Italia (11,1%). Mientras que en la eurozona la tasa se  encuentra en el 8,8%. Si ahora prestamos atención al desempleo juvenil entre los menores de 25 años las cifras son preocupantes: los líderes son Grecia (40,2%) y España (38,2%)

Como que siempre una imagen vale más que cien palabras, echar un vistazo a la tabla adjunta puede ser ilustrativo de la “convergencia”, o más bien la “divergencia”, entre los distintos países. Normalmente los políticos, sobre todo los más incultos, se centran en la cifra de PIB y se les llena la boca de alabanzas y de autocomplacencia. Pero lo inteligente es fijarse en cómo se distribuye ese PIB, esa riqueza generada, de acuerdo con la población. Lo inteligente es fijarse en cuál es el salario medio de cada país y fijarse en su tasa de desempleo. Es ahí, justo en esas cifras, donde se aprecia la riqueza y el bienestar de una sociedad.

País Salario medio (€) (2016) PIB (Mns. €) (2016) PIB per cápita (€) (2016) Tasa de desempleo (%)
España 26.710 1.118.522 24.100 16,4
Alemania 47.809 3.144.050 38.100 3,6
UK 44.627 2.393.134 36.500 4,3
Francia 38.049 2.228.857 33.300 9,2
Italia 30.642 1.680.523 27.200 10,8
Austria 44.409 353.297 40.400 5,3
Bélgica 46.750 423.048 37.500 6,3
Dinamarca 55.412 277.339 48.400 5,6
Finlandia 43.816 215.615 30.200 8,7
Irlanda 35.592 275.567 58.800 6,2
Holanda 50.853 702.641 41.300 4,4
Noruega 60.730 351.599 64.100 4,1
Suecia 44.679 465.201 46.900 6,5

Y luego que cada cual saque sus propias conclusiones.

Más información:

http://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpops/ecb.op203.en.pdf?8ff80dd3a3b58f231105f3e4835b2928

ec.europa.eu/social/BlobServlet?docId=18624&langId=en

http://ec.europa.eu/eurostat/documents/2995521/8631691/3-31012018-BP-EN.pdf/bdc1dbf2-6511-4dc5-ac90-dbadee96f5fb

http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Minimum_wage_statistics/es