Archivos para el mes de: junio, 2018

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“Decir que Europa corre un peligro existencial ha dejado de ser una expresión figurada; es la cruda realidad.”

George Soros (Emprendedor y empresario)

Nota previa.- Pienso que es bueno y sano para nuestro intelecto el considerar, aún aquello en lo que nos cuesta creer y aceptar, la posibilidad de que las tesis de nuestro interlocutor puedan estar bien argumentadas y hasta que esas puedan ser ciertas. Y por lo tanto que el equivocado sea uno mismo.

Dicho esto, me permito la libertad de comentar un interesante artículo de Matthew Lynn publicado en Noviembre de 2017 acerca de la Europa de las regiones. Lynn es un prestigioso periodista económico y escritor con una dilatada carrera que en la actualidad es el CEO de la editorial independiente Endeavour Media, ubicada en Londres.

Bien vayamos al grano. Catalunya, la Lombardía, Flandes, Escocia, son regiones que aspiran a su soberanía. Desde luego es comprensible que “los mercados” esten nerviosos y que los Estados tradicionales se opongan, aunque seria bueno que lo hicieran con menos violencia y fiereza. Da la sensación de que esos Estados tradicionales actúan igual como los niños que temen a la oscuridad o a lo incierto. Tampoco a los inversores no les gustan nada ese tipo de tensiones (ya se sabe, el dinero es muy miedoso). Pero con todo algo parece claro, el deseo soberanista regional está ganando cada vez más fuerza. Sólo hay que prestar atención a Lombardía, a Flandes, a Catalunya, a Escocia y hasta a la Baviera alemana. Estos movimientos regionales se enfrentan a una oposición feroz en las capitales de sus estados y en Bruselas.

Es aquí que Lynn apunta: “una Europa formadas por regiones y pequeños Estados sería próspera”. La argumentación es clara. La mayoría de esas regiones son bastante exitosas desde el punto de vista económico. Catalunya es la zona más rica de España y su PIB representa el 20% del de España, Escocia es tan rica como cualquier otra zona del Reino Unido, Lombardía y el Véneto son éxitos comerciales y mercantiles.

Sus ciudadanías están cansadas de tener unos retornos muy inferiores a sus aportaciones, viendo como sus naciones-estado poco o nada hacen para motivar e incentivar al resto de sus territorios. En realidad todas aquellas regiones son viables como Estados independientes. Sólo sería necesario buena voluntad por parte de las naciones-estado a las que pertenecen y algo de ayuda de la Unión Europea para seguir teniendo acceso a sus mercados. En la operación tal vez se pierda un hermano pero se puede ganar un buen y magnifico vecino.

Y Lynn continúa, “muchos mini-Estados formarían una Europa con mucha más diversidad, competitividad y experiencia”. Hay muchas pruebas que demuestran que los países pequeños tienen más éxito, de forma similar a las pequeñas empresas que son más ágiles y crecen más rápido que los gigantes de la economía. Si atendemos al ranking de los países más ricos de Europa está encabezado por Luxemburgo, Suiza, Noruega, Irlanda e Islandia. Y si observamos el ranking global éste está encabezado por Qatar seguido por Luxemburgo y Singapur. Difícilmente se les puede considerar países grandes. Una Lombardía (10 Mns de habitantes) o una Catalunya (7,5 Mns de habitantes) con sus potenciales industrial, comercial y económico, podrían encajar en esos rankings.

Es cierto que algunos países pequeños son ricos en recursos. Pero Luxemburgo, Singapur, Hong Kong o Suiza no son ricos en recursos. Sin embargo lo que si dominan es el arte de centrarse en industrias en las que son potentes, en desarrollar excelentes relaciones comerciales, en crear la clase de economías desrreguladas, con bajos impuestos y libre comercio, que estén bien preparadas para competir en la economía del Siglo XXI, centrarse en las economías del conocimiento y del saber. Todo eso es mucho más fácil hacerlo en un país pequeño que en uno grande.

Europa lleva cincuenta años con un poder progresivamente más centralizado y funcionarial. Y sus resultados como grupo rara vez han sido espectaculares. Europa tiene una economía enferma, un alto desempleo y una moneda que se ha quedado completamente disfuncional. Aspectos estos que han sido reconocidos por pensadores, científicos e investigadores de reputación reconocida internacionalmente, incluidos algunos Premios Nobel. 

El permitir alcanzar la soberanía a muchas de esas regiones podría dar la oportunidad a que surjan Estados más cohesionados y que se pongan a prueba nuevas e innovadoras políticas.

¿Y si fuera cierto lo que Lynn postula? “Una Europa de las regiones sería una Europa más próspera”

Más información: 

http://www.endeavourmedia.co.uk

https://moneyweek.com/europe-should-let-its-regions-break-free/

 

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Unknown

“El éxito no se logra sólo con cualidades especiales. Es sobre todo un trabajo de constancia, de método y de organización.”
(J.P. Sergent)

La República de Estonia (en estonio: Eesti Vabariik) es una república báltica del norte de Europa. En 1990, una vez caído the Wall en Berlín, una convención de representantes estonios aprobó la Declaración de Independencia. Aunque fue en 1991 cuando finalmente fue reconocida por la Comunidad Europea y los Estados Unidos. En la actualidad la República de Estonia forma parte de la Unión Europea y de la OTAN y su moneda es el euro. Con una superficie de 45.000 km2 (es mayor que Dinamarca o Suiza y equivalente a los Países Bajos). Estonia tiene una población de 1,3 millones de habitantes.

Desde 1996 el gobierno apostó decididamente por las tecnologías de la información, lanzando el proyecto Tiigrihüpe (hoy conocido como Hitsa) para informatizar las escuelas, formar a los docentes y mejorar el acceso de la población a la tecnología. Hoy en día Estonia está a la cabeza de Europa en penetración de Internet y telefonía móvil, y el sector de las TIC y las NNTT tiene una gran relevancia en el PIB del país.

Estonia es hoy un país hiperconectado. Gracias a una tarjeta inteligente o a su teléfono móvil, cualquiera de sus ciudadanos puede llevar a cabo, a través de los portales gubernamentales, cualquier gestión que precise. Desde votar en unas elecciones, liquidar sus impuestos, firmar digitalmente un contrato de trabajo o renovar las recetas de su médico de familia. En cuanto a la iniciativa privada cabe decir que Estonia ha apostado por la liberalización de la economía, estimulando la inversión extranjera y fomentando la colaboración con sus países vecinos, especialmente con Finlandia. Estonia cuenta hoy con el mayor número de stars-up’s por habitante de Europa. Número que se sitúa una start-up por cada 3.700 personas.

En este contexto, el primer gran éxito de país fue Skype, que en 2005 fue vendida a eBay por 2.400 millones de euros. Pero sus fundadores reinvirtieron gran parte de esa suma en otras start-up como por ejemplo TransferWise, que emplea a 600 personas, o Startship Technologies que acaba de “levantar” 16,4 millones de euros con objetivo de comercializar sus robots de distribución y entrega. Otra interesante start-up estonia es Taxify, empresa de alquiler de coches con conductor presente en 40 ciudades del muno, que está valorada en 1.000 millones de dólares (864 millones de euros) y que ha dado entrada en su capital a la alemana Daimler.

Sin embargo el país se encuentra ante una “debilidad” derivada de su estrategia hacia las nuevas tecnologías pero con una población reducida. Lo que le impide formar con rapidez la gran cantidad de ingenieros y profesionales altamente cualificados que su economía requiere. Pero para resolver ese problema el gobierno estonio lanzó en el 2014  el proyecto “e-residence“, a través del cual un extranjero puede registrar una empresa en Estonia con la única condición de que se abra una cuenta bancaria. Eso si, la identidad de los e-ciudadanos es verificada de forma escrupulosa. Mediante esta estrategia Estonia tiene además la oportunidad de incentivar la transferencia tecnológica, de dar a conocer la bondad de sus e-servicios administrativos y legales más allá de sus fronteras y de esta forma generar posibilidades futuras de negocio.

Así pues, nos encontramos ante un pequeño país que en tal solo una veintena de años ha pasado de ser un miembro pobre del bloque soviético a declarar su independencia y convertirse en líder en el sector de la economía digital. El sector de las nuevas tecnologías representa hoy el 7% de su PIB. (El PIB estonio ha pasado de los 112 millones de euros en 1991 a los 23.000 millones de euros en el 2017).

Como decía en mi anterior post: Un país pequeño puede ahora unirse a una región económica y conseguir lo mejor de dos mundos: independencia cultural y política e integración económica.

En nuestras latitudes deberíamos tomar buena nota !!! El progreso de la sociedad depende de la ilusión, la firmeza, el trabajo, la constancia, de sus miembros.

Más información:

https://www.hitsa.ee

https://e-resident.gov.ee

https://taxify.eu

https://transferwise.com/about/our-story

https://www.starship.xyz/company/

 

 

 

 

Unknown

“El futuro está oculto detrás de los hombres y mujeres que lo hacen.”
(Anatole France (1844-1924) Escritor francés).

La historia nos enseña que los últimos cuatrocientos años de la historia mundial han sido los siglos del “estado-nación occidental”. Fue la amenaza española, con su campaña para el dominio de Europa en el siglo XVI, lo que motivó al político y abogado francés Jean Bodin a definir el estado-nación y sus instituciones: un funcionariado controlado desde el centro, el control central de las fuerzas armadas, un ejército regular comandado por soldados profesionales, el control central de la acuñación de moneda, de los impuestos y de los derechos de aduana, un cuerpo judicial nombrado por el gobierno central. El estado nación fue diseñado para proteger tanto la vida y la libertad del ciudadano como su propiedad contra los actos arbitrarios del soberano, de la autoridad central.

En el siglo XIX es estado-nación había triunfado en todas partes. Sin embargo, en el siglo XX ese estado-nación se había convertido en el “megaestado”. En él se considera que un ciudadano sólo puede conservar su propiedad a juicio del recaudador de impuestos. Dicho de otra forma, el megaestado afirma que los ciudadanos tienen sólo lo que el estado les permite conservar.

El primer paso hacia el megaestado fue la creación del “Estado del Bienestar” por parte de Bismarck, como contrapunto al crecimiento del movimiento socialista de la época. Bismarck convirtió el gobierno central en una suerte de “organismo social” (medidas de asistencia social, seguro de enfermedad, seguro de accidentes laborales, seguro de enfermedad, pensiones para la vejez, seguro de desempleo). A finales del siglo XIX el megaestado se convierte en el “señor de la economía”. Empieza la regulación de los servicios y la propiedad de éstos por parte del megaestado (ferrocarril, energía eléctrica, teléfono, gas, distribución del agua, ..).

Ya en el siglo XX estado-nación y megaestado quedan anticuados. Aparecen organismos transnacionales con soberanía propia. Por otra parte dinero e información se convierten en transnacionales. El dinero no tiene patria por lo que no puede ser controlado por los estados nacionales. Y lo mismo sucede con la información para la que las fronteras han dejado de existir.

Con todo ello ha aparecido el regionalismo como exponente máximo del internacionalismo. El regionalismo no crea un superestado sino que crea organismos de gobierno regionales que funcionan de forma paralela al gobierno nacional en importantes áreas y ello hace que el gobierno nacional sea cada vez más irrelevante.

Unos ejemplos claros de regionalismo lo encontramos en la “Región Báltica” (Lituania, Letonia y Estonia), en la “Región Nórdica” (Finlandia, Noruega, Suecia), la “Región del sudeste Asiático” (Malaisia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Tailandia). Hay quien dice que el regionalismo es irreversible e inevitable, pues responde a una nueva realidad económica. La realidad de la alta tecnología y la industria del saber. Industrias en las que los costes de producción bajan rápidamente según sube el volumen de producción.

Peter F. Drucker sugiere que el internacionalismo y el regionalismo retan al estado-nación desde fuera. Mientras que un nuevo concepto, el tribalismo, lo reta desde el interior. Y una razón para la tendencia hacia ese tribalismo es que lo grande ya no otorga muchas ventajas. Con el dinero y la información convertidos en transnacionales, incluso unidades/regiones/países muy pequeños son hoy económicamente viables. Sea grande o pequeño, todo el mundo tiene igual acceso al dinero y a la información y bajo los mismos términos.

En realidad, los verdaderos éxitos de los últimos decenios lo han sido de países muy pequeños. Austria pasó de ser un residuo del imperio Austrohúngaro a ser uno de los países más prósperos de Europa. Casos similares lo son Finlandia, Suecia, Suiza, Hong Kong o Singapur.

Sin olvidar a los cuatro motores de Europa (según el tratado firmado en septiembre de 1988 en Estocolmo), es decir, las regiones de Rhône-Alpes, Lombardía, Catalunya y Baden-Württemberg. A las que cabría añadir las regiones de Gales, Flandes, Baviera y Île de France.

Un país pequeño puede ahora unirse a una región económica y conseguir lo mejor de dos mundos: independencia cultural y política e integración económica.

Y la principal razón del tribalismo no radica en la política o en la economía, la principal razón es existencial. Las personas, los ciudadanos, necesitan raíces en un mundo transnacional, necesitan una comunidad. Las personas necesitan definirse en términos que puedan comprender, necesitan una comunidad geográfica, lingüística, religiosa, cultural, que pueda ver y abarcar con los brazos.

Internacionalismo, regionalismo, tribalismo están tejiendo una nueva organización política, una nueva y compleja estructura política sin precedentes anteriores.

El profesor Drucker afirma: “Cuanto más transnacional llegue a ser el mundo, más tribal también será”. Y ello lo deben comprender y asimilar los gobiernos del viejo estado-nación para adaptar sus políticas a la nueva realidad. Ya que tal vez sea esa la única forma de que se genere progreso y riqueza.

Más información:

http://www.lavanguardia.com/economia/20180603/444025945499/dani-rodrik-populismo-cercle-economia.html

Peter F. Drucker. “Post-capitalist Society”. (1993). HarperCollins Publishers.

Jean Bodin (1529-1596). “Los seis libros de la República”. Edita Tecnos (2006).