Archivos para la categoría: Ahorro

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“The economy consists in knowing how to spend and the saving in knowing how to save.”

(Orison Swett Marden.)

Foreword:

https://www.linkedin.com/pulse/spanish-public-debt-news-from-god-jose-gefaell/?published=t

Epiloque:

Do they (politicians) tell us the whole truth about the economic and financial situation in Spain?

Answer: Rather not. Or rather nothing.

And then, what to do? Well, be very, very realistic when watching the economy of our family and our company. Since, despite all the hypotheses and precautions that we can take, there are unscrupulous characters (read politicians) who will not hesitate to lie ten, one hundred, a thousand times to try to mask the situation convinced that the average population does not whole that the movie is going.

So we must be critical of the information presented to us and we must contrast that information with sources that we consider reliable. Our progress will depend on it, whether as individuals, families, companies or country.

Good luck !!

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“Las deudas son como cualquier otra trampa en la que se es muy fácil caer, pero de la que es dificilísimo salir.”
(George Bernard Shaw)

Un reciente estudio de McKinsey sitúa la deuda total en el mundo (sumando deuda pública y deuda privada, considerada ésta como la suma de la deuda de las empresas y la de las familias) para el año 2007 en 97 billones de dólares. Y diez años más tarde, en 2017, esta deuda global ya se sitúa en 169 billones de dólares y en 2018 ha alcanzado los 182 billones de dólares. Es decir, esa deuda ha pasado del 167% al 209% del PIB mundial. En el caso de España el salto ha sido desde el 242% del PIB en 2007 hasta el 275% en 2017.

¿A qué se debe ese endeudamiento tan desaforado? Pues a un periodo inusualmente largo de políticas financieras laxas, es decir de tipos de interés en el 0%. Ello ha contribuido a paliar en cierta medida la gran crisis financiera del 2007 pero como muchas veces ocurre la medicina que es buena para una enfermedad puede no serlo tanto para otras partes del cuerpo.

Hay quien vaticina que esa inmensa cantidad de deuda, que para algunos países sigue en un camino ascendente se va a convertir, en los próximos dos o tres años, en la siguiente recesión. No hay que olvidar que la deuda hay que pagarla. Y que más pronto que tarde los Bancos Centrales se verán abocados a subir los tipos de interés. De hecho la Fed de Estados Unidos ya ha situado el tipo de interés por encima del 2%.

Ahora la pregunta que surge es: ¿Qué hacer, cómo reducir la deuda? Pues los estudiosos nos dicen que la historia propone cuatro formas de hacerlo. CRECER, pero el sobre endeudamiento, el envejecimiento de la población, la innovación tecnológica, los bajos salarios y la productividad actuales no permiten crecer la ritmo deseado. AUMENTAR LA INFLACIÓN, no se ha conseguido tampoco. La inflación ayuda a los deudores y perjudica a los acreedores. Y hoy en nuestra sociedad hay muchos deudores y pocos acreedores que tienen mucho poder, van más a votar y no quieren ver como sus ahorros pierden valor (¿le suena al lector de algún gran país de Europa?). REESTRUCTURAR LA DEUDA o HACER QUITAS, esta es una opción histórica que se ha hecho en múltiples ocasiones. Pero algunos países están más preparados que otros. En USA se admite que el acreedor arriesga cuando invierte (presta) y por lo tanto puede incurrir en pérdidas. En China el sistema permite que muchos acreedores acepten pérdidas en el presente si quieren hacer negocio en el futuro. Pero en Europa el criterio imperante es que el deudor tiene que pagar todas sus deudas (¿Grecia?). Y por último, una GUERRA CIVIL O CON OTROS PAISES. Este es el peor de los remedios. Reduce la desigualdad pero provoca que todo el mundo sea más pobre. A pesar de ello, dan que pensar los conflictos bélicos que hoy permanecen abiertos.

Este escenario de gran endeudamiento afecta tanto a los países avanzados como a los emergentes, siendo éstos los que van a tener más problemas para pagar sus préstamos lo cual afectará al crecimiento de las economías.

Así pues, parece que pintan bastos en el futuro cercano. Y a los ciudadanos de a pié sólo nos queda el “wait & see & keep hope”.

Más información:

https://www.mckinsey.com/mgi/our-research

https://www.elboletin.com/noticia/165259/economia/que-paises-son-los-mas-endeudados-del-mundo.html

https://cincodias.elpais.com/cincodias/2018/09/27/mercados/1538063281_448982.html

http://www.expansion.com/economia/2018/10/01/5bb239f1e2704e8b0c8b46c2.html

 

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“Sólo hay dos medios de pagar las deudas: por el trabajo y por el ahorro.”
(Thomas Carlyle (1795-1881) Historiador, pensador y ensayista inglés.)

El “agujero” en el sistema de pensiones español, cerró el ejercicio 2017 con un déficit de 18.800 millones de euros (Trescientos millones más que en 2016). Mientras tanto los componentes del Pacto de Toledo se van pintando las uñas pensando en una “fórmula mágica” que garantice la sostenibilidad del sistema a medio y largo plazo.

De todos es sabido que cuando uno tiene deudas a pagar sólo tiene dos caminos: ahorrar y/o incrementar sus ingresos. En el caso del déficit de las pensiones y ante la disyuntiva de reducir gasto o aumentar los ingresos del sistema, miembros del actual Gobierno español de Pedro Sánchez apuestan claramente por la segunda opción. Lo cual está bien, pero …….

Cuando a una familia o a una empresa, no le alcanzan sus ingresos para hacer frente a sus gastos mes tras mes ¿Qué ha de hacer? Pues eso exactamente, racionalizar y reducir sus gastos, es decir, “apretarse el cinturón” y luchar para mantener sus ingresos. A nadie se le ocurriría ir a ver al dueño de la empresa y pedir que le aumenten el sueldo por que no puede llegar a fin de mes. O decir a los clientes que se incrementa el precio de los productos/servicios pues hay que pagar los impuestos, la electricidad, las nóminas. Es claro que también se puede pensar en el pluriempleo o en el incremento de las ventas. Sin embargo puede que estas opciones no sean demasiado fáciles según la coyuntura ¿No es así?

Como hemos dicho, el Gobierno de turno se inclina por aumentar los ingresos. Pero igual que los gobiernos que le precedieron, sólo contemplan “nuevas figuras impositivas” para poder seguir pagando las pensiones. Que si un impuesto a las tecnológicas, que si un impuesto a los automóviles que más contaminen, que si un impuesto a la banca. Medidas todas ellas que no harían más que encarecer los productos y los servicios o lo que es lo mismo, trasladar la medida a los bolsillos de los ciudadanos. En definitiva: TODO SANDECES.

Ante semejante despilfarro y mala gestión por parte de los políticos de turno no hay, por supuesto, una solución única. Pero por algún sitio se debe empezar. Por ejemplo, España tiene unas administraciones (estatales, regionales, comarcales, municipales, …) y empresas públicas sobredimensionadas en todo tipo de recursos. Por lo tanto hay margen para racionalizar ese sobredimensionamiento y forzar la mejora de la productividad en el sector público y a su vez eliminar el gasto público inútil. Ya que es la productividad la que crea la reserva de riqueza con la que se pagan los sueldos, los salarios y las pensiones.

También fomentar la reindustrialización de la economía e incentivar la competitividad entres las distintas zonas geográficas del Estado. No tiene sentido que en muchas zonas no se luche por la implantación de industrias que generen puestos de trabajo y por lo tanto riqueza, y sólo se administre las cuotas recibidas de papá Estado.

Otra alternativa es fomentar el ahorro finalista. Incentivar ese ahorro por parte de los ciudadanos mientras se encuentren en edad laboral activa -guardar para el futuro-. Y  fomentar los fondos de pensiones de empresa, incentivando a empresa y a trabajador.

Y es que el tema de las pensiones es de suma importancia para un estado en el que su población envejece a mayor ritmo del que se procrea. Para un estado con unas alarmantes cifras de desempleo y de empleo precario. Todo ello afectará al nivel de consumo interno de los próximos años y por ende al crecimiento de la economía real. Dando, además, una pésima imagen al mundo de un estado mal gestionado y dependiente del endeudamiento.

Que nadie se engañe, como a menudo me dice una buena amiga: hay que trabajar y recoger la cosecha para luego poder guardar pues el invierno es muy largo y muy duro.

Recuerde el lector la fábula de la Cigarra y la Hormiga !!

Más información:

https://valoradicional.wordpress.com/2017/11/27/pensiones-publicas-en-espana-un-sistema-en-quiebra/

 

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El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás.

(Herbert Spencer (1820-1903) Escritor británico).

En un post anterior (Febrero de 2018) comentaba la necesidad e importancia de que los ciudadanos dispongan de conocimientos básicos y sólidos del mundo de las finanzas. Y muy en especial del mundo de las finanzas personales.

A finales del mes de Mayo de 2018 se ha publicado la Encuesta de Competencias Financieras (ECF), realizada de forma conjunta por el Banco de España (BdE) y la Comisión del Mercado de Valores (CNMV), con la colaboración del Instituto Nacional de Estadística (INE). Dicha encuesta ha tenido por objetivo la medición del conocimiento y la compresión de conceptos financieros de la población española entre los 18 y los 79 años de edad, así como la tenencia, adquisición y uso de distintos vehículos de ahorro, de endeudamiento y de seguros.

Los conocimientos financieros se ha medido mediante tres preguntas asociadas a unos conceptos generales. Es decir, conocimiento del concepto de inflación, conocimiento del funcionamiento del interés compuesto y conocimiento del concepto de diversificación de riesgos. Respecto a la inflación, el 58% de los encuestados tiene claro el concepto mientras que el 42% no es capaz de explicarlo correctamente.  En cuanto al interés compuesto, el 46% de los encuestados lo define correctamente frente al 54% que no es capaz de explicarlo. Por lo que respecta a la diversificación, un 49% da una definición correcta del concepto mientras que el 51% no tiene claro el concepto. En cuanto a patrones comunes entre las respuestas se denota que el porcentaje de respuestas correctas es menor entre las mujeres, y que dicho porcentaje mejora conforme aumenta el nivel educativo y el nivel de renta. Atendiendo a la edad de los encuestados, el grado de conocimiento de productos financieros es menor entre los menores de 34 años y los mayores de 65.

Otros aspectos interesantes de la ECF hacen referencia, en primer lugar, a la contratación de productos financieros. En este caso, un 62% de los encuestados que adquieren un producto financiero sólo tuvieron en cuenta las opciones que le ofreció una única entidad financiera o un único producto. En ello, el 67% la única información que consultaron fue la que se le ofreció en la entidad financiera. Es de destacar que un 33% se guió por los comentarios de la familia y/o de amigos. Y el 12% de dejó llevar por los anuncios en los medios de comunicación.

En segundo lugar, la ECF ha medido la vulnerabilidad económica de los hogares preguntando a los individuos cuánto tiempo podría su hogar hacer frente a los gastos corrientes con los recursos disponibles en la actualidad si perdiesen su fuente principal de ingresos.  Un 52% responde que, en caso de perder la fuente de ingresos, podría hacer frente a los gastos familiares durante más de 6 meses. El 29% lo podría hacer entre 1 y 6 meses, mientras que 15% sólo podría hacerlos durante menos de un mes. Por otra parte, un 28% responde que han tenido gastos por encima de los ingresos en los último 12 meses.

El sector financiero está cambiando a un ritmo vertiginoso. La concentración bancaria, la aparición de las fin-techs y la entrada en el mercado de los grandes de Internet (Amazon, Google, Appel, ..) hace que para el ciudadano, para el cliente, sea absolutamente necesario disponer de conocimientos y  elementos de juicio que le ayuden a navegar con seguridad en esas aguas. Los hogares que desconocen los conceptos y nociones financieras tienden a un mayor endeudamiento y a un menor ahorro. Es claro que los datos que nos ofrece la ECF complementan todo argumento en favor de la obligada existencia de formación financiera para los ciudadanos, de todas las edades y a todos los niveles. Los riesgos que se corren son demasiado grandes como para obviar esa necesidad de educación ya que afecta, en definitiva, al propio sistema económico. Sólo una sociedad bien formada será una sociedad de progreso.

Más información: 

https://valoradicional.wordpress.com/2018/02/08/educacion-financiera-tambien-para-las-personas-adultas/

https://www.bde.es/bde/es/areas/estadis/Otras_estadistic/encuesta-de-comp/Encuesta_de_Com_bee50d4c672e451.html

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“El proceso mediante el cual los bancos crean dinero, es tan simple, que la mente lo rechaza.”

(John Kenneth Galbraith)

En el mes de Abril del 2016 publiqué una contribución en la que, bajo el titular They want to kill banks, comentaba el caso de una fintech norteamericana (So-Fi) cuyo lema empresarial era “to kill banks”.

Hoy, desde mi humilde posición de conocedor e investigador del sector financiero, me atrevo a hacer algunos comentarios sobre un libro que acaba de publicarse en Febrero del 2018, cuyo título “El Fin de la Banca: el Dinero, el Crédito y la Revolución Digital” encaja a la perfección con aquella contribución. Su autor, Jonathan McMillan, es en realidad un seudónimo detrás del cual hay dos profesionales del mundo de las finanzas. Uno de ellos es un experto en finanzas que trabaja para un gran banco global mientras que el segundo es un académico.

Repasemos primero unos conceptos previos. A grandes rasgos podemos afirmar que el sector financiero contribuye a la actividad económica con dos importantes funciones básicas. La primera de ellas es la provisión de canales a través de los cuales la sociedad ahorra y convierte ese ahorro en inversión. La segunda función básica del sector financiero es la provisión de servicios de pago que permiten un funcionamiento más eficiente de los mercados y del sistema económico. Un banco, como institución de intermediación financiera que es, proporciona el vehículo para que personas, familias y empresas canalicen sus excedentes de ingresos que luego serán invertidos. Desarrollando de esta forma el proceso de canalización del ahorro hacia la inversión. En resumen, un banco es una institución cuyas operaciones corrientes consisten en la concesión de préstamos y la recepción de depósitos provenientes de sus clientes.

Así pues la banca, en general, desarrolla un conjunto de actividades que abarcan desde la captación de depósitos y su colocación en forma de productos de financiación, hasta la gestión de riesgos asociados a dichas operaciones y también la gestión de la información relativa a todos los procesos de intermediación. El análisis de la eficacia en la gestión de esos procesos por parte de la banca permite comprender la evolución de su productividad y, por lo tanto, la posibilidad de sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo y más global.

Volviendo al libro de McMillan, éste ofrece una perspectiva novedosa e interesante sobre la razón de ser de la banca. Analizándola desde una primera visión de la banca en la era industrial para luego pasar a la visión de la banca en la era digital. Da un repaso a elementos propios de la actividad bancaria: depósitos, créditos, asimetrías de información, riesgo moral y riesgo crediticio, riesgo de liquidez, pánico bancario, garantía de depósitos, regulación bancaria. Para a continuación analizar la banca en la sombra (shadow  banking), la titulación de activos, la crisis financiera del 2007 y los grandes errores cometidos durante esa crisis.

Con todo ello en el texto se sientan las bases para la tesis central del libro al postular que “la banca tal y como hoy la conocemos ha dejado de ser necesaria“. Utilizando como primer argumento para dicha aseveración el hecho de la irrupción de las TIC en el sector. Lo que han permitido el gran fenómeno de la desintermediación (P2P, directlendingcrowlending, crowfunding, digital currencies, etc.) y la aparición de múltiples nuevos actores en el mercado. Otro argumento utilizado por los autores son los gravísimos errores cometidos durante las crisis y sus amargas consecuencias. Errores que se centran en la titulación de activos tóxicos, el uso de desmesurado de derivados y la politización de los bancos centrales (o el aprovechamiento político de las Cajas de Ahorro en el caso español).

Por mi parte, la afirmación de que la banca deja de ser necesaria me parece un poco desproporcionada. Es claro que el sector financiero está experimentando grandes cambios. Cambiará el papel del sector público en cuanto al sistema financiero, cambiará la forma de hacer de la banca, aparecerán nuevos actores en el mercado, el dinero físico -el papel moneda- caerá en desuso debido a la tecnología y a la mejora en eficiencia. Pero muchas actividades perduraran. Continuará siendo necesarias la regulación y la “vigilancia” de las operaciones, la existencia de mecanismos de protección, de mecanismos mejorados de gestión de la información, actividades todas ellas que son imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema. De hecho hoy existen multitud de plataformas en la red que ofrecen “servicios financiero-bancarios”. Plataformas que buscan arañar su trozo de pastel. Pero la liturgia continua siendo la misma: garantía de capital, control y seguimiento de la información y de las operaciones en curso, garantías aportadas, protección de los depositantes e inversores, etc.

Por que la esencia de la actividad bancaria, su core activity, continuará siendo la canalización del ahorro hacia la inversión y la provisión de servicios a la sociedad. Ya sea esta canalización por medio de la banca, de los fondos de inversión o de entidades cooperativas.

Y ante este panorama, ¿qué puede hacer la banca tradicional? La banca tiene una gran baza que es la de poder ser un proveedor global de servicios financieros para sus clientes. Pero para lograrlo tiene que innovar en la oferta de tales servicios utilizando la tecnología que le permita ganar eficiencia, abaratar el coste de los servicios y, sobre todo, acercarlos a los clientes y personalizarlos de acuerdo con sus perfiles.

En cualquier caso, no nos quepa la menor duda de que en un futuro no muy lejano continuaremos asistiendo a grandes cambios en el sector financiero.

Más información:

“The End of Banking” (Jonathan Macmillan. 2018. Penguin Random House)

https://valoradicional.wordpress.com/2016/04/04/they-want-to-kill-banks/

https://www.endofbanking.org

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“El dinero en el mundo estará siempre mal distribuido, porque nadie piensa en la manera de distribuirlo, sino en la manera de quedárselo.”

(Noel Clarasó Daudí – Escritor)

Durante el segundo semestre del 2017 la economía española recuperó el nivel de PIB previo a la crisis, dando por superados diez años de recesión y de recuperación económica que acarrearon un enorme coste social. No obstante esta recuperación no ha servido para reducir la brecha de la desigualdad que la crisis económica agrandó enormemente y que en los años de crecimiento esa brecha no ha sido atendida. En una sociedad desigual como la española, los beneficios de la recuperación económica se están distribuyendo de forma sumamente injusta. A pesar de ser la española una de las economías de la UE con mayor crecimiento, la mayor parte de los incrementos de renta se están quedando en manos de unos pocos, en detrimento de la mayoría de la población. Hoy España es una sociedad más desigual y más injusta que antes de la crisis. Y la recuperación no está ayudando a revertir esta situación.

El último informe de Oxfam Intermón (“¿Realidad o ficción? La recuperación económica en manos de una minoría”) ayuda a entender esas circunstancias. Con una clase media cada vez más pequeña la fractura social se agranda. Entre los años 2007 y 2016, mientras que el 10% más pobre vio disminuir su participación en la renta nacional en un 17%, el 10% más rico lo ha visto incrementarse un 5%. En el 2016 el 1% de la población más rica capturó el 40% de toda la riqueza creada, mientras que el 50% más pobre apenas capturó el 7%.

Existen otros datos significativos: los beneficios de las compañías en España crecieron en el 2016 un 200% con respecto al ejercicio anterior, mientras que el coste laboral tuvo una variación negativa del -0,1%. La participación de los salarios en la renta disponible bruta ha caído un 0,5% desde 2000 a 2016. En cambio los dividendos han incrementado la participación en un 60%.

En sueldo anual de un trabajador de 26 años es hoy un 33% inferior al del 2008. Algunas voces indican que tal vez esté llegando la hora de premiar el trabajo en lugar del capital.

Y desde el punto de vista fiscal merece la pena tener en cuenta que el 83% de la recaudación fiscal del año 2016 se nutrió del IVA, del IPRF y de otros impuestos pagados por los asalariados bien sea por su renta o por su consumo. Mientras que el Impuesto de Sociedades sólo aportó el 12% del total. Es decir un 10% menos que en el año 2007.

Merece la pena reflexionar sobre todo ello ya que la desigualdad nunca es el camino que lleva al progreso de una sociedad. Y no olvidemos que lo que llamamos “las sociedades occidentales”, y su estado de bienestar, están basadas en sus “clases medias”.

Más información:

https://oxfamintermon.s3.amazonaws.com/sites/default/files/documentos/files/recuperacion-economica-una-minoria.pdf

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El camino hacia la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro.”

(Benjamin Franklin)

El proyecto EFEP (European Financial Education Partnership) se desarrolló entre los meses de octubre de 2010 y octubre de 2012, con financiación de la Comisión Europea.  Ese proyecto se materializó, mediante un partenariado público-privado, en el nuevo plan de Educación Financiera en las Escuelas de Catalunya (EFEC) orientado a los alumnos de 4º curso de la ESO y se distribuye en varios “talleres” con un planteamiento teórico y también práctico, abordando distintas temáticas que van desde la administración personal del dinero y la gestión de la situación financiera cotidiana, hasta el endeudamiento, los productos financieros de crédito, el ahorro y la inversión, la planificación financiera personal y el ahorro alargo plazo. El objetivo final es el de ayudar a los estudiantes a tomar consciencia del uso y administración del dinero y al mismo tiempo comprender la operativa financiera básica con la que se encontraran en el futuro.
De ese fantástico proyecto se ha desprendido una primera derivada centrada en la conveniencia de que personas adultas sean también destinatarias de esa formación financiera. Es decir, suministrar herramientas y recursos que permitan a la ciudadania, en general, tomar mejores decisiones financieras. Ayudarles a mitigar, o evitar errores, que se han podido cometer en el pasado producto de no haberse informado suficientemente o haber sido víctima de malas prácticas comerciales. En definitiva, el objetivo es el de acercar la educación financiera a las familias mediante herramientas y talleres prácticos de conceptos básicos.
Y es que es obvio que la educación financiera de los ciudadanos es más que mejorable. Siendo la falta de conocimientos, en algunos casos, sorprendente. Como lo demuestra una estadística reciente, de Octubre de 2017, que señala que el 41,10% de los ciudadanos españoles todavía no sabe lo que significa la “cláusula de suelo hipotecario“. Asombroso ¿no? Ante ello la pregunta que subyace es: Si uno de esos ciudadanos va a la Notaría a formalizar una hipoteca ¿qué porcentaje, de lo que el notario le lee detenidamente, entiende a la perfección?
Sin duda, la educación financiera es una necesidad.

Más información:

https://valoradicional.wordpress.com/2013/04/08/educacion-financiera-en-la-escuela-una-fantastica-iniciativa/

http://www.lavanguardia.com/economia/20171024/432304421489/helpmycash-espana-educacion-finanzas.html

 

 

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“A veces es difícil saber si la jubilación es un premio a toda una vida de trabajo duro o más bien un castigo”

(Terri Guillemets / U.S. Quotation Anthologist (b.1973))

El sistema español de pensiones es lo que se llama un “sistema de reparto“. Es decir es un impuesto y un sistema de transferencias. El impuesto se recauda sobre los que trabajan y se transfiere a los jubilados en forma de pensiones. Los sistemas de reparto no están invertidos en ningún tipo de activos pero, a cambio, cuenta con las “garantías” que ofrece la “capacidad recaudatoria” del Estado. (A modo de ejemplo en Noruega, país rico en petróleo, esas garantías recaen en los beneficios por las ventas de crudo. En países pobres como España esas garantías recaen simplemente en los impuestos que se puedan recaudar). Las pensiones españolas se concentran excesivamente en el sistema de reparto, lo que hace que este sistema sea especialmente vulnerable a las perturbaciones demográficas y económicas.

Y ahi está precisamente el quid de la cuestión. Dado que en épocas como las actuales de bajo empleo, de empleo temporal, de alta tasa de paro y de salarios a la baja el sistema sufre enormemente.

De hecho recientemente, en Noviembre de 2017, el Banco de España ha avisado de que sólo un fuerte crecimiento de la ocupación y una importante caída del paro pueden compensar la presión demográfica sobre las pensiones. Y aún ha sido más contundente: el futuro del sistema de pensiones precisa de “reformas económicas y laborales cruciales” que contribuyan a crear empleo y a mejorar la productividad. En caso contrario, o se suben las cotizaciones sociales o se reduce la “generosidad del sistema” (léase se reducen las prestaciones).

Un dato curioso: Ya en la década de los 1990s el profesor José Barea (q.e.p.d.), Director de la Oficina Presupuestaria del Gobierno nombrado por José Maria Aznar, emitió duras críticas al sistema de pensiones español. Y en un informe público, de Marzo de 1998, puso en duda “el saneado estado oficial” de las cuentas públicas españolas. Sus reflexiones sobre la eficacia en la asignación de los recursos del Estado aparecían sistemáticamente en sus informes en los que periódicamente ponía en duda la evolución de las cuentas del Gobierno. Informes y recomendaciones que no merecieron la más mínima atención por parte de los gobiernos del Partido Popular (PP) y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

Hoy, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) indica que, en España, las desigualdades entre personas mayores crecerán en un futuro próximo. El sistema de pensiones español va a estar sometido a una gran presión debido al envejecimiento de la población y al incremento de la esperanza de vida. Lo cual tendrá consecuencias directas en muchos aspectos y muy en especial en la financiación del sistema de pensiones.

Unos datos relevantes: En el mes de Octubre de 2017 habían en España 8.679.378 pensionistas y se pagaron 9.552.302 pensiones (cabe tener en cuenta que una misma persona puede cobrar más de una pensión dependiendo de su estado). A las que hay que sumar 3.732.000 prestaciones por desempleo (16,4% de la población activa). Todo ello con una población activa de 22.781.000 individuos de los cuales 19.049.000 están ocupados y 3.732.000 se encuentra en paro.  Si tenemos en cuenta, por un lado, que la cuantía de las prestaciones por pensión guarda relación directa con las cantidades aportadas y con el periodo de cotización.  Y por otro lado si tenemos en cuenta la “tasa de sustitución”, es decir, el porcentaje de ingresos que tiene un individuo cuando inicia su jubilación comparado con el salario que tenía cuando era un trabajador en activo (en el año 2015 ese porcentaje era en España del 82% mientras que la media de la OCDE era del 52%). Mediante estas informaciones podemos intuir que para un país pobre como la llamada España el sistema es insostenible.

Dato adicional: El Fondo (“hucha”) de Reserva de la Seguridad Social ha pasado de tener 66.815 Mns€ de en el año 2011 a tener 11.602 Mns€ en Julio de 2017. Y con una previsión, según el Gobierno español, de que durante este año se deban sacar 10.500 millones. Con lo que la “hucha” se habrá agotado para el mes de Diciembre de 2017.

¿Y como piensa el Gobierno de la llamada España solucionar el problema? Pues con una de las peores decisiones. La de otorgar a la Seguridad Social un crédito extraordinario por importe de 10.000 millones de euros. Crédito que se incluirá en los Presupuestos Generales para el ejercicio 2018. ¿Y cómo va ese Gobierno a financiar semejante crédito? Pues bien simple, mediante endeudamiento del Estado. Con lo que subyace una nueva pregunta: ¿Cuándo los compradores (léase BCE y otros) de esa deuda se darán cuenta de que ni siquiera está respaldada por el crecimiento económico la llamada España?

Además las cantidades que quedaran en la “hucha” no podrán, según el propio Gobierno, afrontar todas las mensualidades y pagas extras del 2018. Ese Gobierno ha reconocido que las cotizaciones sociales no cubrirán el gasto que van a generar las pensiones durante todo el 2018 ya que el número de puestos de trabajo basura (por días, semanas, meses, trimestres) por un lado, y por otro lado la reducción de 1/3 en los salarios (pues donde había un puesto de trabajo ahora hay tres con el sueldo de uno), todo ello hace pensar que las cotizaciones a la Seguridad Social no sean suficientes para hacer frente a los gastos.

En resumen a la vista de la situación el Gobierno de la llamada España se verá abocado a tensiones de liquidez o a seguir pidiendo préstamos, es decir, a seguir endeudándose. Y ya sabemos todos lo que significa que una empresa tenga que pedir préstamos para pagar la nómina de sus empleados. Y también sabemos en donde desembocan esas situaciones. Además crece la sospecha en los mercados de si se ha estado utilizando el dinero de la “hucha” de las pensiones para financiar otras partidas del presupuesto.

¿SERÁ ESPAÑA EL PRIMER PAÍS EN INCUMPLIR CON LAS PENSIONES DE SUS CIUDADANOS?

Seamos claros y sinceros, nos encontramos ante una más que deficiente gestión financiera de los fondos públicos españoles en el caso de las pensiones. Si ello se diese en el sector privado estaríamos hablando definitivamente de un delito.

El envejecimiento de la población y la creciente desigualdad afectará seriamente a los jóvenes de ahora y a las generaciones futuras. Que además tendrán que pagar el endeudamiento, los préstamos que Gobiernos con poca o ninguna visión tuvieron que pedir.

Y ante esta grave situación no hay ningún partido político español que hable con transparencia y que esté dispuesto a enmendarla y corregirla para evitar la quiebra del estado del bienestar.

Mas información:

https://valoradicional.wordpress.com/2017/05/30/es-sostenible-el-sistema-publico-de-pensiones/

https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesSeriadas/DocumentosOcasionales/17/Fich/do1701.pdf

https://www.bbva.com/es/pasara-cuando-se-acabe-la-hucha-las-pensiones/

http://www.oecd.org/newsroom/population-ageing-and-rising-inequality-will-hit-younger-generations-hard.htm

http://diario16.com/no-dinero-las-pensiones-credito-urgente-10-000-millones/

https://elpais.com/diario/1996/07/10/economia/836949621_850215.html

http://multimedia2.coev.com/Economistes/econo179/art1.htm

https://elpais.com/economia/2014/09/07/actualidad/1410108563_000535.html

https://www.armstrongeconomics.com/world-news/pension-crisis/will-spain-be-the-first-to-default-on-pensions/

http://www.expansion.com/economia/2017/11/18/5a103f38e2704ee3148b463d.html

 

 

 

 

 

 

 

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“El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.”
(Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.)

SAREB es el “banco malo” creado en 2013 por el Gobierno español de turno para integrar la mayoría de activos inmobiliarios tóxicos de los bancos intervenidos por el Estado español después de la explosión de la burbuja inmobiliaria que causó la gran recesión iniciada en el 2007. La creación de ese banco se produjo después de que el Gobierno español recibiera una suculenta ayuda económica, el RESCATE se quiera o no, procedente de Europa.

Para hacernos creer a todos que el RESCATE no computaba como déficit público el Gobierno se inventó una triquiñuela por la que el sector privado (mi banco, tu banco, mi aseguradora, tu aseguradora) aportarían los dineros (nuestros dineros), a excepción del BBVA que no quiso entrar en el juego. En total 4.800 millones de euros contantes y sonantes. Como cebo se esgrimía que SAREB obtendría una rentabilidad anual del 14% a los largo de su existencia (hasta 2027 según la vida pactada para la SAREB).

En el mes de Abril de 2017, el presidente de SAREB (personificado por El Sr. Jaime Echegoyen) tuvo la desfachatez de anunciar a la opinión pública que los accionistas, es decir, los aportantes de los dineros antes mencionados, van a perder el 30% de su inversión. En otras palabras, de una u otra forma los contribuyentes vamos a perder la friolera de 1.440 millones de euros.

Visto toto ello, una vez más es URGENTE que la ciudadania tenga unos mínimos conocimientos que le aporten criterio a la hora de acudir a las urnas para unas nuevas elecciones.

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“Creo, sinceramente, como tú, que los sistemas bancarios son más peligrosos que los ejércitos.”

(Thomas Jefferson)

No se trata, ni mucho menos, de hacer leña del árbol caído. Sin embargo uno se plantea muchas preguntas. El Popular era el banco del Opus Dei ¿Cómo es que un banco que fue en muchas ocasiones durante la década de los 1990’s, bajo la dirección de los hermanos Valls y Taberner y también del profesor Rafael Termes, el banco más rentable de Europa ha caído de forma tan estrepitosa? ¿Cómo un banco que supo superar la crisis de los años 1980’s ha desaparecido del mapa? ¿Cómo un banco que hizo bandera de conseguir rentabilidad a través de la austeridad y el control de costes, centrado en el negocio bancario básico de particulares y empresas, es un banco que hoy (en Junio del 2017) forma parte ya del recuerdo?

Muchas son las respuestas y muy pronto se publicaran estudios e investigaciones sobre el “caso Banco Popular”. Sin embargo humildemente me atrevo a sintetizar en una respuesta: a partir del año 2004, con la nueva Dirección del banco, se desencadenó en él  la “codicia”. Viendo como sus competidores sacaban jugosos beneficios del sector inmobiliario, se quiso entrar en ese negocio en detrimento de otros negocios mucho más sensatos. Y se entró en el “ladrillo” cuando los precios ya estaban por las nubes. Y ya saben, lo peor que puede hacer un inversor es comprar caro. Ahora ahí están los resultados!

De todo ello me permito extraer dos consecuencias. La primera de ellas es la extrema facilidad con la que un gran estilo y espíritu de dirección, una cultura empresarial sensata, centrados en el negocio tradicional, en el negocio que se domina, con una gran vocación de servicio y de supervivencia, todo desaparece con extrema facilidad   ante el relevo en la alta dirección y con la llegada de la “avaricia y el pelotazo” en busca de los beneficios fáciles centrándose en el cortoplacismo.

La segunda consecuencia es el preocupante hecho de que el sistema financiero ha vuelto a quedar en entredicho. Y no me preocupa la pérdida de valor de las acciones del Banco Popular o las pérdidas soportadas por los accionistas (al fin y al cabo el accionista es dueño de parte del capital del banco y debería saber exactamente el riesgo que corre cuando se entra en el capital).

Lo que en realidad me preocupa es que los organismos reguladores no han estado a la altura de las circunstancias y se han autodesacreditado por su inacción. En Julio de 2016 la Autoridad Bancaria Europea (EBA) avalaba la solidez del Popular y reconocía que se habían superado las pruebas de los test de estrés. El mismo Banco Central Europeo (BCE) auditó hace menos de un año al Popular sin ninguna salvedad en sus informes y con el beneplácito del Banco de España (BdE). Hoy menos de un año después el Banco Popular ha dejado de existir. ¿Cómo ha sido posible?

Esta situación si que representa un gran reto para las autoridades bancarias y monetarias españolas y europeas. El reto de recuperar la confianza de los mercados, y lo que es más importante recuperar la confianza de los ciudadanos y por ende la de los clientes de banca.