Archivos para la categoría: Big Brother

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El progreso tecnológico sólo nos ha provisto de medios más eficientes para ir hacia atrás.
(Aldous Huxley (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés.)

En 1945 más de 70.000 personas perecieron en el acto después de la explosión de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. A ellos se sumó el 30% de la población debido a la onda expansiva de fuego y radiación posteriores a la deflagración inicial. El terrible poder de las armas nucleares marcó las conciencias del mundo entero.

En los años siguientes, y a pesar de la escalda armamentística entre los Estados Unidos y la Unión Soviética durante la guerra fría, o de las actuales amenazas de Irán, Corea del Norte, India, Pakistán y otros países poseedores de tal tecnología, ese poder de destrucción no ha sido utilizado jamás. Tal vez porque los líderes globales han entendido que el uso de tales ingenios sólo puede llevar a la desaparición de la faz de la Tierra de toda muestra de vida.

Hoy una nueva clase de armas tecnológicas está emergiendo, sobre todo entre las grandes superpotencias (Estados Unidos, China, Rusia). Potencias que están llevando a cabo grandes inversiones económicas y de recursos en el campo de la Inteligencia Artificial (IA).

En su origen la IA ha tenido, y continua teniendo, grandes aportaciones en el terreno civil y comercial. Sin embargo, como toda nueva tecnología, tiene su doble faceta la del desarrollo de prosperidad de la sociedad, y un lado más oscuro (utilización militar, distribución de propaganda y falsas noticias, generación y manipulación de opinión, control y destrucción de infraestructuras de países, ciber ataques, o diseño y construcción de robótica militar, también conocida como sistemas armamentísticos autónomos, entre otras aplicaciones).

Tal vez lo más preocupante de esa nueva tecnología sea su “opacidad”. Durante la guerra fría, y todavía hoy, era posible intuir mediante las imágenes de los satélites espías el número de misiles y cabezas nucleares desarrollados por un país. Mientras que hoy es imposible saber a ciencia cierta la capacidad que un país puede tener en cuanto a IA con finalidades destructivas.

Es alentador que exista un foro internacional (Asilomar) de académicos y científicos que promuevan campañas en contra del uso de las armas autónomas. Sin embargo en Marzo de 2018 el Korea Advanced Institute of Science and Technology se retiró de un proyecto internacional de investigación sobre tal tipo de armas. Lo que constituye un hecho significativo.

Puede que sea imposible eliminar el riesgo de una crisis política que desencadene una confrontación cibernética a gran escala sea del tipo que sea. Pero podemos, y debemos, hacer todo lo posible para reducir los peligros de que percepciones erróneas desencadenen una catástrofe global. Y ello nos afecta a todos, ya sean países, empresas, organizaciones, profesionales, familias, ciudadanos. Es bueno que los humanos recordemos que, al fin y al cabo, siempre seremos víctimas de nuestras aciones.

Como me apunta un amigo, como siempre la tecnología puede ser usada para bien o para mal. Por lo que el problema no es la tecnología. El problema somos nosotros.

 

Más información:

 “The accelerating AI arms race con be slowed”. Financial Times. (Friday 4 May 2018).

 https://en.wikipedia.org/wiki/Asilomar_Conference_on_Beneficial_AI

 

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“El proceso mediante el cual los bancos crean dinero, es tan simple, que la mente lo rechaza.

(John Kenneth Galbraith)

Un nuevo concepto: Open Banking, mediante el cual mis, nuestros, datos personales bancarios y financieros van a subasta. No lo duden.

¿Qué es “Open Banking“? Es un sistema que proporciona a un usuario (terceras empresas) acceder a las bases de datos de clientes de las instituciones financieras (bancos y empresas del sector financiero) mediante APIs (Application Programming Interfaces) que proporcionan las propias entidades financieras. Sistema que se basa en un estándar internacional que define la forma en la que los datos de los perfiles de los clientes de un banco se crean, se comparten y se acceden, de tal forma que esas informaciones sean accesibles por terceros.

Sin ninguna duda los datos de los clientes de un banco constituyen un activo importantísimo y son fuente de una clara ventaja competitiva. Y las entidades financieras, y multitud de empresas y start up’s, se están apresurando a entrar en este “nuevo negocio” del mercadeo de “mi perfil bancario y financiero” con la excusa de ofrecerme con rapidez y prontitud productos y servicios basados en el análisis de mi perfil. De hecho un banco español ya ha empezado a comercializar esas APIs (ver más información al final).

Veamos unos ejemplos:

  • Me registro en un hotel mediante mi móvil y mi banco mediante Open Banking le facilita al establecimiento mi número de cuenta bancaria, el de mi tarjeta de crédito o mi DNI digitalizado.
  • Acabo de pagar mediante tarjeta de crédito un billete de avión a Paris e inmediatamente una aseguradora me ofrece un seguro de viaje gracias a la información que mi banco le ha facilitado vía Open Banking.
  • En un concesionario de automóviles solicito información acerca de la compra a crédito un nuevo modelo, y el vendedor comprueba que tengo un préstamo preconcedido con mi banco a un interés preferencial. Información que ha conseguido gracias a que mediante Open Banking ha accedido a mis datos bancarios.
  • Tengo un pequeño negocio y mis proveedores pueden acceder, vía Open Banking, al extracto de mis cuentas bancarias para comprobar si he hecho las transferencias pactadas.

De hecho la idea de Open Banking no es nueva. Empresas como Facebook y Google permiten a los usuarios que den permiso a ciertas compañías para el acceso a sus perfiles.

Pero con todo subyacen unas cuestiones muy importantes: ¿Qué sucede con mi privacidad? ¿Qué sucede con la confidencialidad de tan importantes informaciones personales? ¿Cuál es la cobertura jurídica tanto nacional como internacional acerca de ello?

Y la más importante, “The million dollar question”: ¿yo/nosotros que soy/somos fuente de tan preciada información, qué gano/ganamos con el mercadeo de nuestros datos?

Cuestiones que, mucho me temo, hoy por hoy no tienen una respuesta clara.

Más información:

https://theodi.org/open-banking-standard

https://www.bbvaapimarket.com/products

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“Internet es positivo porque nos une, nos conecta. Incluso a las personas mayores. El estar conectados nos prolonga la vida y no solamente añade años a la vida, sino vida a los años”.

(Luis Rojas Marcos)

En contraposición a esa idea el autor del libro que al final se cita considera que Internet no es una herramienta al servicio de la humanidad. Sino que pone la humanidad a su servicio, nutriéndose de sus anhelos, de sus gustos, de sus costumbres, de sus formas de vida. Tengamos en cuenta que Google, a través de una cuidada combinación de IPs y de cookies, es capaz de conectar elementos de búsqueda para un individuo particular a través del tiempo. A este hecho, Eric Schmidt antiguo presidente de la compañía, lo denomina “vivir en un registro histórico”, razón por la que “deberíamos ser más cautos en nuestras contribuciones en la red y en lo que de nosotros ofrecemos a los demás”. Ciertamente Internet ha pasado de ser una herramienta de consulta con la que el usuario primero se hacía una pregunta y después buscaba la respuesta, a ser un elemento omnipresente en la sociedad. Un elemento en actividad permanente que es el que formula las preguntas impidiendo, a menudo, al individuo generar nuevos marcos de referencia.

Recientemente desayunaba con prisa en la barra de una cafetería cercana a mi domicilio y a ambos lados veía a otros clientes con la cabeza baja ensimismados en las pantallas de sus móviles. Poco después tomé un autobús en el que calculo que las dos terceras partes de los pasajeros estaban absortos concentrados en las pantallas de sus móviles consultando, jugando o enviando-recibiendo mensajes en lugar de disfrutar de una mañana excelente y de la vista a los fantásticos edificios modernistas de mi ciudad. (El tercio restante de los pasajeros, por su edad, tal vez estaban ya de vuelta de las redes sociales). Y me pregunté ¿qué está pasando? Seguro que usted, lector, habrá vivido situaciones semejantes.

Es evidente que no se puede caer en fundamentalismos ni a favor ni en contra de la Red y sus contenidos. A la que, con frecuencia, le dedicamos unos recursos personales muy superiores al retorno que recibimos. En cualquier caso recomiendo la lectura de este libro que invita a la reflexión personal acerca de nuestra actitud frente a la Red y frente al tiempo, valiosísimo tiempo, que le dispensamos.

Más información:

“La gran adicción. Como sobrevivir sin internet y no aislarse del mundo”.

(Enric Puig Punyet; Arpa editores; Septiembre-2016)

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“Los consumidores todavía no comprenden el poder de una máquina que es capaz de  reconocer a un ser humano y lo que ese poder podría hacer a la humanidad si cae en las manos equivocadas.”

(Joseph Atick. -Executive Chairman, ID4Africa & Identity Counsel-)

“Es mágico, un instate histórico!” Esta fue la exclamación de Joseph Atick cuando en 1994, junto con sus colegas de la Rockefeller University, comprobó que el ordenador en el que habían estado trabajando era capaz de reconocer sus caras (“I see Joseph … I see Paul … I see Norman …”). Más de dos décadas después, comprobamos que un humanoide reconoce al cliente que entra en el centro comercial, le saluda por su nombre y le sugiere que chaqueta es más acorde con los pantalones y la camisa que compró la semana pasada, y donde puede encontrarla.

Efectivamente, la utilización de técnicas de reconocimiento facial y otras tecnologías hasta ahora aplicadas a la vigilancia y a la seguridad están en el punto de mira del comercio minorista, de los grandes almacenes, de los centros comerciales, de los casinos o de los parques temáticos. Prueba de ello ha sido la numerosa presencia de empresas creadoras de esas soluciones en el encuentro anual de la National Retail Federation en New York, y en el CES (Consumer Electronics Show) en Las Vegas. Una de esas empresas, NEC, está adaptando su solución NeoFace para usos en el comercio minorista. Otra, la stratup EyeQ presentó una solución capaz de reconocer los rasgos físicos de una persona, diferenciando entre hombre o mujer, y sugiriendo compras en función del género.

Y es que el comercio minorista intenta hacer frente a la creciente competencia del comercio on-line y busca métodos para incrementar su relación con el cliente y el conocimiento de éste. De hecho firmas como Walmart Stores, Giorgio Armani o Macy’s en los USA, Benetton Group en Europa, o Baidu y Alibaba Group en Asia, están desarrollando proyectos piloto con ese tipo de tecnologías. Sin olvidar también el proyecto de Amazon en cuanto al pago de sus compras mediante reconocimiento facial del cliente a través de una selfi. O la facilidad Caras, de identificación facial, que está disponible en la aplicación Fotos de Apple. Estamos hablando de un negocio en el que la agencia MarketsandMarkets calcula en 6.200 millones de dólares la cifra de ventas de las tecnologías de reconocimiento facial para el año 2020.

Pero no todo es color de rosa. ¿Qué sucede ante la gran cantidad de nueva información biométrica que se obtiene de los clientes? ¿Cuál será la actitud de nosotros, los clientes, ante ese cúmulo de información personal nuestra que se almacena? ¿Qué hay de la preservación y el respeto a la privacidad del individuo? En estos momentos Facebook está haciendo frente a una demanda colectiva que le acusa de haber estado construyendo en secreto la mayor base de datos biométricos de sus usuarios.

En cualquier caso la tecnología ya está ahí y va a depender de nosotros (ciudadanos, administraciones, clientes, proveedores) que la utilicemos de forma inteligente para construir una sociedad más eficiente y más prospera. 

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“La información de hoy es el arma del mañana.”

(Anónimo)

El Partido Comunista Chino ha solicitado a la empresa China Electronics Technology Group, el mayor proveedor de soluciones para la defensa del estado,  el desarrollo de un software que permita cotejar datos de sus ciudadanos (ocupación laboral, hobbies, hábitos de consumo y otros patrones de comportamiento ordinario) con el objetivo de “poder predecir actos terroristas antes de que éstos puedan ocurrir”. Se trata de un proyecto sin precedentes en el que la privacidad de las personas y sus derechos civiles estarían en claro entredicho. Aún más cuando dicho proyecto aprovecha la vasta red de informadores de que dispone el Partido, en los barrios y en los pueblos, para obtener información de sus habitantes acerca de la “planificación familiar” o de conductas “poco ortodoxas”.

Desde la era de Mao, el gobierno chino ha custodiado un archivo secreto, llamado dang’an, sobre los ciudadanos. Ese archivo contiene expedientes escolares y universitarios, información sanitaria, permisos de trabajo, evaluaciones personales y otra mucha información que en otros países serian considerada como privada y confidencial. Es mediante la correlación de esas informaciones que se determina cuando un ciudadano es, por ejemplo, candidato a una promoción o se le puede conceder un permiso de residencia en una ciudad. Es más, se está construyendo una base de datos a nivel nacional con el objetivo de clasificar a los ciudadanos en función de su “integridad personal”.

Y por si fuera poco, la nueva ley antiterrorista china permite a las autoridades acceder a informaciones bancarias, llamadas telefónicas, usos particulares de internet y redes sociales y también a imágenes de las cámaras instaladas en calles, oficinas, centros comerciales. Con lo que es muy fácil construir perfiles de los ciudadanos. Entre las empresas que ya brindan su colaboración en el tema se encuentran Baidu, el buscador lider en China; Tencent, el operador de la popular app de mensajería WeChat; o Sina, el mayor portal chino sobre información y entretenimiento que también posee Weibo el gran portal de microblogging.

No está claro que tal proyecto pueda llegar a predecir la ocurrencia de actos terroristas entre otras cosas porque, por la otra parte, no existe suficiente información acerca de actividades terroristas que permita crear modelos fiables de dichos actos. Pero lo que si está claro es el poder que confiere semejante almacenamiento de información y la cantidad de “subproductos” que, con facilidad, se nos pueden ocurrir.

En cualquier caso el tema ahí está e ilustra que no todo se ha visto y escrito sobre el “high-tech Big Data Brother”.

Fuente: Bloomberg BusinessWeek (March, 13, 2016).