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“Las personas son sus principios”

(Bárbara Streisand)

 Empresas como Uber o Airbnb se presentan como plataformas tecnológicas que se limitan a poner en contacto a particulares. Sin embargo la realidad va mucho más allá. Lo cierto es que son empresas que buscan aprovechar vacíos legales en los distintos países, y en distintos sectores de la economía (el transporte de pasajeros o la vivienda), para lucrarse. Estas empresas alardean de que su actividad está basada en unas plataformas electrónicas que se limitan a poner en contacto oferta y demanda cobrando una comisión por cada servicio. De esta forma esas empresas convierten a los usuarios en “empleados”, sin realmente serlo, y ofrecen servicios sin un solo euro de inversión en inmovilizado. (Uber no es propietaria de un solo vehículo y Airbnb no tiene ningún inmueble en propiedad). Aún más, Airbnb sostiene que su actividad no es el alquiler de apartamentos o habitaciones para turistas o foráneos, sino poner en contacto a particulares que quieren alquilar unos días toda o una parte de una vivienda a otros particulares.

Así las cosas, ¿dónde está el negocio? Pues está en lograr un volumen de operaciones suficientemente grande que a través de unas comisiones aparentemente pequeñas (del orden del 3%) permitan ingresos relevantes. Y, ¿donde está el truco? Pues está precisamente en lo dicho con anterioridad. Por una parte en buscar vacíos legales de los que aprovecharse y, por otra, en escoger la más antigua y trivial de las opciones de las técnicas de gestión de riesgos, es decir, traspasar el riesgo a un tercero. En este caso traspasar todo el riesgo a sus usuarios.

Una vez más nos encontramos ante una linea muy fina sobre la que se mueve la ética de los negocios. En cualquier caso la sociedad, a través de sus administraciones, debe actuar y actualizar la legislación y las normativas que evidencian esas actividades hasta ahora no contempladas. En definitiva, las administraciones tienen que garantizar el “juego limpio” y la salvaguarda de la sociedad. Es elemental ver que en esos modelos de negocio no se contemplan aspectos tales como la responsabilidad civil, los controles de seguridad, los controles sanitarios y de salud pública, el control de la fiscalizad (p.e.: IVA, IRPF, Impuesto de Sociedades), o el control de las ingentes cantidades de información de índole personal almacenada y utilizada por esas empresas. Responsabilidades que recaen precisamente en los usuarios, bien formen parte de la oferta o de la demanda. Es muy importante recordar que todos esos aspectos son los que forman parte de la salud del sistema, y permiten el equilibrio y el progreso social.

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