Archivos para la categoría: Globalización

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“La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas con otros medios.” 

(Karl von Clausewitz (Militar Prusiano. 1780-1831))

Parece que el arresto en Canada de Meng Wanzhou, hija de Ren Zhengfei fundador de Huawei, marcó el principio de una guerra por el predominio tecnológico. Zhengfei es un ex oficial y técnico militar del Ejercito Popular de Liberación y del Instituto de Investigaciones Militares chino que, en 1988, fundó Huawei. Empresa que hoy es un líder mundial en tecnología digital.

Por otra parte, los USA temen perder en un futuro próximo su liderazgo en semiconductores, robótica e Inteligencia Artificial (IA). Esa preocupación no sólo es económica sino también militar, ya que ese liderazgo en IA puede ser decisivo en una confrontación. Paradójicamente, Microsoft ha estado colaborando con una universidad china dirigida por militares en la realización de trabajos de investigación de inteligencia artificial que podrían emplearse con fines de vigilancia y censura.

En cualquier caso, es un hecho que China ha abusado de las convenciones internacionales de comercio y violado las reglas de propiedad intelectual, favoreciendo a las empresas estatales y discriminando a las extranjeras. Sin olvidar la gran influencia que el Estado Chino ejerce sobre las grandes empresas chinas. Cosa que inquieta a todo el mundo occidental por el riesgo de que “un Caballo de Troya” pueda introducirse en sus economías. De ahí la recomendación a algunos países de que no dejen en manos de Huawei el desplegamiento  de redes 5G o la instalación de paneles solares de esa empresa.

Para la UE la red 5G formará la espina dorsal de una amplia gama de servicios indispensables como la energía, el transporte, la sanidad o el sistema financiero. Por lo que  se hace necesario reforzar la seguridad de las redes 5G tanto desde el punto de vista interno como del de otros posibles países que pudieran aprovechar sus conocimientos y productos para dominar mercados. Hasta el regulador británico ha advertido de los riesgos de seguridad de Huawei.

La influencia de las empresas chinas conectadas al Estado plantea un problema para las economías de mercado regidas por reglas democráticas. La Unión Europea (UE) no distingue si la propiedad de una empresa que actúa en su jurisdicción es pública o privada, sólo se preocupa de si cumple con las reglas de competencia. Aparece pues un interrogante cuando se sospecha que la empresa pública pudiera ser un instrumento de un gobierno extranjero. Interrogante que en el caso de las empresas tecnológicas está más que fundado.

Es claro que China no cederá hasta conseguir una equiparación con el potencial tecnológico de los USA. La inversión en IA por parte de los USA y China es enorme. Como dato: el MIT planea invertir mil millones de dólares en un nuevo College of Computing. Mientras que en Europa el desnivel de inversión en grandísimo y hace que esté quedando peligrosamente rezagada en esa lucha.

La gran debilidad de Europa es su falta de unidad de acción. Ya en un post anterior comparé a Europa con una comunidad de vecinos en la que cada uno barre para su casa. Es claro que la inversión necesaria en tecnología digital es muy grande, pero sólo con una acción coordinada de la UE la podrá colocar en ese mapa tecnológico global.

No cabe duda de que hoy la gran lucha es para ver quien domina el 5G, porque el Internet de las Cosas (IOT), la Inteligencia artificial o la nueva movilidad, están vinculadas a esa tecnología. China es hoy una potencia tecnológica y parece que no queramos aceptar que lleva cierta ventaja.

Pero, como dice el profesor Xavier Vives, la estrategia no debe pasar por intentar bloquear el progreso chino. Sino tratar de integrar a China en las instituciones de gobernanza global y presionar para que cumpla con las reglas de juego limpio en comercio y propiedad intelectual.

Ya sabemos que toda guerra tiene un trasfondo económico. Aunque estamos claramente en una situación de guerra tecnológica, esperemos que la lógica de la guerra que se menciona en el prólogo se quede simplemente en la política.

 

Más información:

https://www.wsj.com/articles/u-s-navy-is-struggling-to-fend-off-chinese-hackers-officials-say-11544783401?mod=rss_Technology

https://www.lavanguardia.com/opinion/20181213/453529424796/es-la-guerra-tecnologica.html

https://www.applesfera.com/iphone/herramienta-espionaje-permitio-a-emiratos-arabes-acceder-a-datos-iphone-remotamente?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+applesfera+%28Applesfera%29

https://elpais.com/tecnologia/2019/01/29/actualidad/1548789659_853177.html#?ref=rss&format=simple&link=link

http://www.expansion.com/economia-digital/companias/2019/01/18/5c40e936e2704ea6308b45dd.html

https://www.lavanguardia.com/internacional/20190303/46784747078/josep-pique-pugna-mundial-5g-china-entrevista.html

https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20190326/461242978052/huawei-red-5g-ciberseguridad-ue.html

http://www.expansion.com/empresas/tecnologia/2019/03/29/5c9d17e6ca4741f07f8b45ee.html

http://www.expansion.com/empresas/2019/04/10/5cadcdaa268e3e89338b45df.html

 

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“Las deudas son como cualquier otra trampa en la que se es muy fácil caer, pero de la que es dificilísimo salir.”
(George Bernard Shaw)

Un reciente estudio de McKinsey sitúa la deuda total en el mundo (sumando deuda pública y deuda privada, considerada ésta como la suma de la deuda de las empresas y la de las familias) para el año 2007 en 97 billones de dólares. Y diez años más tarde, en 2017, esta deuda global ya se sitúa en 169 billones de dólares y en 2018 ha alcanzado los 182 billones de dólares. Es decir, esa deuda ha pasado del 167% al 209% del PIB mundial. En el caso de España el salto ha sido desde el 242% del PIB en 2007 hasta el 275% en 2017.

¿A qué se debe ese endeudamiento tan desaforado? Pues a un periodo inusualmente largo de políticas financieras laxas, es decir de tipos de interés en el 0%. Ello ha contribuido a paliar en cierta medida la gran crisis financiera del 2007 pero como muchas veces ocurre la medicina que es buena para una enfermedad puede no serlo tanto para otras partes del cuerpo.

Hay quien vaticina que esa inmensa cantidad de deuda, que para algunos países sigue en un camino ascendente se va a convertir, en los próximos dos o tres años, en la siguiente recesión. No hay que olvidar que la deuda hay que pagarla. Y que más pronto que tarde los Bancos Centrales se verán abocados a subir los tipos de interés. De hecho la Fed de Estados Unidos ya ha situado el tipo de interés por encima del 2%.

Ahora la pregunta que surge es: ¿Qué hacer, cómo reducir la deuda? Pues los estudiosos nos dicen que la historia propone cuatro formas de hacerlo. CRECER, pero el sobre endeudamiento, el envejecimiento de la población, la innovación tecnológica, los bajos salarios y la productividad actuales no permiten crecer la ritmo deseado. AUMENTAR LA INFLACIÓN, no se ha conseguido tampoco. La inflación ayuda a los deudores y perjudica a los acreedores. Y hoy en nuestra sociedad hay muchos deudores y pocos acreedores que tienen mucho poder, van más a votar y no quieren ver como sus ahorros pierden valor (¿le suena al lector de algún gran país de Europa?). REESTRUCTURAR LA DEUDA o HACER QUITAS, esta es una opción histórica que se ha hecho en múltiples ocasiones. Pero algunos países están más preparados que otros. En USA se admite que el acreedor arriesga cuando invierte (presta) y por lo tanto puede incurrir en pérdidas. En China el sistema permite que muchos acreedores acepten pérdidas en el presente si quieren hacer negocio en el futuro. Pero en Europa el criterio imperante es que el deudor tiene que pagar todas sus deudas (¿Grecia?). Y por último, una GUERRA CIVIL O CON OTROS PAISES. Este es el peor de los remedios. Reduce la desigualdad pero provoca que todo el mundo sea más pobre. A pesar de ello, dan que pensar los conflictos bélicos que hoy permanecen abiertos.

Este escenario de gran endeudamiento afecta tanto a los países avanzados como a los emergentes, siendo éstos los que van a tener más problemas para pagar sus préstamos lo cual afectará al crecimiento de las economías.

Así pues, parece que pintan bastos en el futuro cercano. Y a los ciudadanos de a pié sólo nos queda el “wait & see & keep hope”.

Más información:

https://www.mckinsey.com/mgi/our-research

https://www.elboletin.com/noticia/165259/economia/que-paises-son-los-mas-endeudados-del-mundo.html

https://cincodias.elpais.com/cincodias/2018/09/27/mercados/1538063281_448982.html

http://www.expansion.com/economia/2018/10/01/5bb239f1e2704e8b0c8b46c2.html

 

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“No me gustan las fronteras, soy defensor de leyes abiertas, pero no comparto una política suicida de inmigración. Hay una solución que sería invertir en los países de origen, subdesarrollados.”

(Salvador Paniker)

Cuando un grupo se organiza para un asalto, cuando ese grupo se arma con radiales eléctricas, con cizallas, con mazas, con hachas, con cal viva o con aerosoles convertidos en lanzallamas. Cuando todo ello es para usarlo en el ataque a una sociedad de la que se espera cogida. Cuando esto sucede, estamos hablando de tácticas de guerra. Cuando todo eso ocurre no estamos hablando de inmigración pacífica que espera solicitar acogida, estamos hablando de personas que posiblemente no reparen en utilizar esos mismos métodos en la sociedad que les acoja. De hecho la ciudad de Barcelona ya ha sido testigo de episodios con esa agresividad extrema por parte de manteros atacando a ciudadanos y a miembros de la Guardia Urbana y de la policía Mossos d’Esquadra.

Así pues, estamos hablando de personas que más pronto que tarde se darán cuenta que han sido vilmente engañadas por aquellas mafias traficantes de seres humanos que les prometieron “el Dorado” en tierras europeas. Más pronto que tarde se darán cuenta de que aquellas oportunidades que les prometieron simplemente no existen o no están preparados para alcanzarlas. Y es entonces donde dará inicio su amargo calvario entre “la artificial vergüenza de no poder regresar a su país como perdedor” y por otra parte con un futuro con muy poca o más bien ninguna oportunidad.

No podemos dar la espalda a la cruda realidad. Pero sin embargo hay que afrontarla en su totalidad. De lo contrario sólo conseguiremos que esas situaciones anómalas se enquisten y amenacen a la sociedad minando la convivencia. La inmigración ha estado, y está, presente en todas las sociedades pero éstas deben preservar su esencia para lograr la armonía necesaria que permita que la sociedad plural avance.

Seamos claros, el futuro para la inmensa mayoría de esas personas está en sus propios países. A los que deben regresar para reconstruirlos. Países a los que la Unión Europea debe ayudar económicamente para que esa reconstrucción se haga realidad y vuelva la ilusión a sus ciudadanos.

No es sólo una cuestión de mayor o menor solidaridad. Es una cuestión de sentido común, de principios y de decencia humana.

Y todo lo demás son estúpidas palabrerías de “progres” o proclamas encendidas de populistas. ¿O no?

Más información:

https://elpais.com/politica/2018/07/26/actualidad/1532590163_134194.html

https://www.ara.cat/societat/turista-femoral-despres-agredit-Barcelona_0_2062593877.html

https://www.lavanguardia.com/sucesos/20180801/451183044916/mossos-esquadra-manteros-salou.html

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“Decir que Europa corre un peligro existencial ha dejado de ser una expresión figurada; es la cruda realidad.”

George Soros (Emprendedor y empresario)

Nota previa.- Pienso que es bueno y sano para nuestro intelecto el considerar, aún aquello en lo que nos cuesta creer y aceptar, la posibilidad de que las tesis de nuestro interlocutor puedan estar bien argumentadas y hasta que esas puedan ser ciertas. Y por lo tanto que el equivocado sea uno mismo.

Dicho esto, me permito la libertad de comentar un interesante artículo de Matthew Lynn publicado en Noviembre de 2017 acerca de la Europa de las regiones. Lynn es un prestigioso periodista económico y escritor con una dilatada carrera que en la actualidad es el CEO de la editorial independiente Endeavour Media, ubicada en Londres.

Bien vayamos al grano. Catalunya, la Lombardía, Flandes, Escocia, son regiones que aspiran a su soberanía. Desde luego es comprensible que “los mercados” esten nerviosos y que los Estados tradicionales se opongan, aunque seria bueno que lo hicieran con menos violencia y fiereza. Da la sensación de que esos Estados tradicionales actúan igual como los niños que temen a la oscuridad o a lo incierto. Tampoco a los inversores no les gustan nada ese tipo de tensiones (ya se sabe, el dinero es muy miedoso). Pero con todo algo parece claro, el deseo soberanista regional está ganando cada vez más fuerza. Sólo hay que prestar atención a Lombardía, a Flandes, a Catalunya, a Escocia y hasta a la Baviera alemana. Estos movimientos regionales se enfrentan a una oposición feroz en las capitales de sus estados y en Bruselas.

Es aquí que Lynn apunta: “una Europa formadas por regiones y pequeños Estados sería próspera”. La argumentación es clara. La mayoría de esas regiones son bastante exitosas desde el punto de vista económico. Catalunya es la zona más rica de España y su PIB representa el 20% del de España, Escocia es tan rica como cualquier otra zona del Reino Unido, Lombardía y el Véneto son éxitos comerciales y mercantiles.

Sus ciudadanías están cansadas de tener unos retornos muy inferiores a sus aportaciones, viendo como sus naciones-estado poco o nada hacen para motivar e incentivar al resto de sus territorios. En realidad todas aquellas regiones son viables como Estados independientes. Sólo sería necesario buena voluntad por parte de las naciones-estado a las que pertenecen y algo de ayuda de la Unión Europea para seguir teniendo acceso a sus mercados. En la operación tal vez se pierda un hermano pero se puede ganar un buen y magnifico vecino.

Y Lynn continúa, “muchos mini-Estados formarían una Europa con mucha más diversidad, competitividad y experiencia”. Hay muchas pruebas que demuestran que los países pequeños tienen más éxito, de forma similar a las pequeñas empresas que son más ágiles y crecen más rápido que los gigantes de la economía. Si atendemos al ranking de los países más ricos de Europa está encabezado por Luxemburgo, Suiza, Noruega, Irlanda e Islandia. Y si observamos el ranking global éste está encabezado por Qatar seguido por Luxemburgo y Singapur. Difícilmente se les puede considerar países grandes. Una Lombardía (10 Mns de habitantes) o una Catalunya (7,5 Mns de habitantes) con sus potenciales industrial, comercial y económico, podrían encajar en esos rankings.

Es cierto que algunos países pequeños son ricos en recursos. Pero Luxemburgo, Singapur, Hong Kong o Suiza no son ricos en recursos. Sin embargo lo que si dominan es el arte de centrarse en industrias en las que son potentes, en desarrollar excelentes relaciones comerciales, en crear la clase de economías desrreguladas, con bajos impuestos y libre comercio, que estén bien preparadas para competir en la economía del Siglo XXI, centrarse en las economías del conocimiento y del saber. Todo eso es mucho más fácil hacerlo en un país pequeño que en uno grande.

Europa lleva cincuenta años con un poder progresivamente más centralizado y funcionarial. Y sus resultados como grupo rara vez han sido espectaculares. Europa tiene una economía enferma, un alto desempleo y una moneda que se ha quedado completamente disfuncional. Aspectos estos que han sido reconocidos por pensadores, científicos e investigadores de reputación reconocida internacionalmente, incluidos algunos Premios Nobel. 

El permitir alcanzar la soberanía a muchas de esas regiones podría dar la oportunidad a que surjan Estados más cohesionados y que se pongan a prueba nuevas e innovadoras políticas.

¿Y si fuera cierto lo que Lynn postula? “Una Europa de las regiones sería una Europa más próspera”

Más información: 

http://www.endeavourmedia.co.uk

https://moneyweek.com/europe-should-let-its-regions-break-free/

 

Unknown

“El éxito no se logra sólo con cualidades especiales. Es sobre todo un trabajo de constancia, de método y de organización.”
(J.P. Sergent)

La República de Estonia (en estonio: Eesti Vabariik) es una república báltica del norte de Europa. En 1990, una vez caído the Wall en Berlín, una convención de representantes estonios aprobó la Declaración de Independencia. Aunque fue en 1991 cuando finalmente fue reconocida por la Comunidad Europea y los Estados Unidos. En la actualidad la República de Estonia forma parte de la Unión Europea y de la OTAN y su moneda es el euro. Con una superficie de 45.000 km2 (es mayor que Dinamarca o Suiza y equivalente a los Países Bajos). Estonia tiene una población de 1,3 millones de habitantes.

Desde 1996 el gobierno apostó decididamente por las tecnologías de la información, lanzando el proyecto Tiigrihüpe (hoy conocido como Hitsa) para informatizar las escuelas, formar a los docentes y mejorar el acceso de la población a la tecnología. Hoy en día Estonia está a la cabeza de Europa en penetración de Internet y telefonía móvil, y el sector de las TIC y las NNTT tiene una gran relevancia en el PIB del país.

Estonia es hoy un país hiperconectado. Gracias a una tarjeta inteligente o a su teléfono móvil, cualquiera de sus ciudadanos puede llevar a cabo, a través de los portales gubernamentales, cualquier gestión que precise. Desde votar en unas elecciones, liquidar sus impuestos, firmar digitalmente un contrato de trabajo o renovar las recetas de su médico de familia. En cuanto a la iniciativa privada cabe decir que Estonia ha apostado por la liberalización de la economía, estimulando la inversión extranjera y fomentando la colaboración con sus países vecinos, especialmente con Finlandia. Estonia cuenta hoy con el mayor número de stars-up’s por habitante de Europa. Número que se sitúa una start-up por cada 3.700 personas.

En este contexto, el primer gran éxito de país fue Skype, que en 2005 fue vendida a eBay por 2.400 millones de euros. Pero sus fundadores reinvirtieron gran parte de esa suma en otras start-up como por ejemplo TransferWise, que emplea a 600 personas, o Startship Technologies que acaba de “levantar” 16,4 millones de euros con objetivo de comercializar sus robots de distribución y entrega. Otra interesante start-up estonia es Taxify, empresa de alquiler de coches con conductor presente en 40 ciudades del muno, que está valorada en 1.000 millones de dólares (864 millones de euros) y que ha dado entrada en su capital a la alemana Daimler.

Sin embargo el país se encuentra ante una “debilidad” derivada de su estrategia hacia las nuevas tecnologías pero con una población reducida. Lo que le impide formar con rapidez la gran cantidad de ingenieros y profesionales altamente cualificados que su economía requiere. Pero para resolver ese problema el gobierno estonio lanzó en el 2014  el proyecto “e-residence“, a través del cual un extranjero puede registrar una empresa en Estonia con la única condición de que se abra una cuenta bancaria. Eso si, la identidad de los e-ciudadanos es verificada de forma escrupulosa. Mediante esta estrategia Estonia tiene además la oportunidad de incentivar la transferencia tecnológica, de dar a conocer la bondad de sus e-servicios administrativos y legales más allá de sus fronteras y de esta forma generar posibilidades futuras de negocio.

Así pues, nos encontramos ante un pequeño país que en tal solo una veintena de años ha pasado de ser un miembro pobre del bloque soviético a declarar su independencia y convertirse en líder en el sector de la economía digital. El sector de las nuevas tecnologías representa hoy el 7% de su PIB. (El PIB estonio ha pasado de los 112 millones de euros en 1991 a los 23.000 millones de euros en el 2017).

Como decía en mi anterior post: Un país pequeño puede ahora unirse a una región económica y conseguir lo mejor de dos mundos: independencia cultural y política e integración económica.

En nuestras latitudes deberíamos tomar buena nota !!! El progreso de la sociedad depende de la ilusión, la firmeza, el trabajo, la constancia, de sus miembros.

Más información:

https://www.hitsa.ee

https://e-resident.gov.ee

https://taxify.eu

https://transferwise.com/about/our-story

https://www.starship.xyz/company/

 

 

 

 

Unknown

“El futuro está oculto detrás de los hombres y mujeres que lo hacen.”
(Anatole France (1844-1924) Escritor francés).

La historia nos enseña que los últimos cuatrocientos años de la historia mundial han sido los siglos del “estado-nación occidental”. Fue la amenaza española, con su campaña para el dominio de Europa en el siglo XVI, lo que motivó al político y abogado francés Jean Bodin a definir el estado-nación y sus instituciones: un funcionariado controlado desde el centro, el control central de las fuerzas armadas, un ejército regular comandado por soldados profesionales, el control central de la acuñación de moneda, de los impuestos y de los derechos de aduana, un cuerpo judicial nombrado por el gobierno central. El estado nación fue diseñado para proteger tanto la vida y la libertad del ciudadano como su propiedad contra los actos arbitrarios del soberano, de la autoridad central.

En el siglo XIX es estado-nación había triunfado en todas partes. Sin embargo, en el siglo XX ese estado-nación se había convertido en el “megaestado”. En él se considera que un ciudadano sólo puede conservar su propiedad a juicio del recaudador de impuestos. Dicho de otra forma, el megaestado afirma que los ciudadanos tienen sólo lo que el estado les permite conservar.

El primer paso hacia el megaestado fue la creación del “Estado del Bienestar” por parte de Bismarck, como contrapunto al crecimiento del movimiento socialista de la época. Bismarck convirtió el gobierno central en una suerte de “organismo social” (medidas de asistencia social, seguro de enfermedad, seguro de accidentes laborales, seguro de enfermedad, pensiones para la vejez, seguro de desempleo). A finales del siglo XIX el megaestado se convierte en el “señor de la economía”. Empieza la regulación de los servicios y la propiedad de éstos por parte del megaestado (ferrocarril, energía eléctrica, teléfono, gas, distribución del agua, ..).

Ya en el siglo XX estado-nación y megaestado quedan anticuados. Aparecen organismos transnacionales con soberanía propia. Por otra parte dinero e información se convierten en transnacionales. El dinero no tiene patria por lo que no puede ser controlado por los estados nacionales. Y lo mismo sucede con la información para la que las fronteras han dejado de existir.

Con todo ello ha aparecido el regionalismo como exponente máximo del internacionalismo. El regionalismo no crea un superestado sino que crea organismos de gobierno regionales que funcionan de forma paralela al gobierno nacional en importantes áreas y ello hace que el gobierno nacional sea cada vez más irrelevante.

Unos ejemplos claros de regionalismo lo encontramos en la “Región Báltica” (Lituania, Letonia y Estonia), en la “Región Nórdica” (Finlandia, Noruega, Suecia), la “Región del sudeste Asiático” (Malaisia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Tailandia). Hay quien dice que el regionalismo es irreversible e inevitable, pues responde a una nueva realidad económica. La realidad de la alta tecnología y la industria del saber. Industrias en las que los costes de producción bajan rápidamente según sube el volumen de producción.

Peter F. Drucker sugiere que el internacionalismo y el regionalismo retan al estado-nación desde fuera. Mientras que un nuevo concepto, el tribalismo, lo reta desde el interior. Y una razón para la tendencia hacia ese tribalismo es que lo grande ya no otorga muchas ventajas. Con el dinero y la información convertidos en transnacionales, incluso unidades/regiones/países muy pequeños son hoy económicamente viables. Sea grande o pequeño, todo el mundo tiene igual acceso al dinero y a la información y bajo los mismos términos.

En realidad, los verdaderos éxitos de los últimos decenios lo han sido de países muy pequeños. Austria pasó de ser un residuo del imperio Austrohúngaro a ser uno de los países más prósperos de Europa. Casos similares lo son Finlandia, Suecia, Suiza, Hong Kong o Singapur.

Sin olvidar a los cuatro motores de Europa (según el tratado firmado en septiembre de 1988 en Estocolmo), es decir, las regiones de Rhône-Alpes, Lombardía, Catalunya y Baden-Württemberg. A las que cabría añadir las regiones de Gales, Flandes, Baviera y Île de France.

Un país pequeño puede ahora unirse a una región económica y conseguir lo mejor de dos mundos: independencia cultural y política e integración económica.

Y la principal razón del tribalismo no radica en la política o en la economía, la principal razón es existencial. Las personas, los ciudadanos, necesitan raíces en un mundo transnacional, necesitan una comunidad. Las personas necesitan definirse en términos que puedan comprender, necesitan una comunidad geográfica, lingüística, religiosa, cultural, que pueda ver y abarcar con los brazos.

Internacionalismo, regionalismo, tribalismo están tejiendo una nueva organización política, una nueva y compleja estructura política sin precedentes anteriores.

El profesor Drucker afirma: “Cuanto más transnacional llegue a ser el mundo, más tribal también será”. Y ello lo deben comprender y asimilar los gobiernos del viejo estado-nación para adaptar sus políticas a la nueva realidad. Ya que tal vez sea esa la única forma de que se genere progreso y riqueza.

Más información:

http://www.lavanguardia.com/economia/20180603/444025945499/dani-rodrik-populismo-cercle-economia.html

Peter F. Drucker. “Post-capitalist Society”. (1993). HarperCollins Publishers.

Jean Bodin (1529-1596). “Los seis libros de la República”. Edita Tecnos (2006).

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El progreso tecnológico sólo nos ha provisto de medios más eficientes para ir hacia atrás.
(Aldous Huxley (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés.)

En 1945 más de 70.000 personas perecieron en el acto después de la explosión de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. A ellos se sumó el 30% de la población debido a la onda expansiva de fuego y radiación posteriores a la deflagración inicial. El terrible poder de las armas nucleares marcó las conciencias del mundo entero.

En los años siguientes, y a pesar de la escalda armamentística entre los Estados Unidos y la Unión Soviética durante la guerra fría, o de las actuales amenazas de Irán, Corea del Norte, India, Pakistán y otros países poseedores de tal tecnología, ese poder de destrucción no ha sido utilizado jamás. Tal vez porque los líderes globales han entendido que el uso de tales ingenios sólo puede llevar a la desaparición de la faz de la Tierra de toda muestra de vida.

Hoy una nueva clase de armas tecnológicas está emergiendo, sobre todo entre las grandes superpotencias (Estados Unidos, China, Rusia). Potencias que están llevando a cabo grandes inversiones económicas y de recursos en el campo de la Inteligencia Artificial (IA).

En su origen la IA ha tenido, y continua teniendo, grandes aportaciones en el terreno civil y comercial. Sin embargo, como toda nueva tecnología, tiene su doble faceta la del desarrollo de prosperidad de la sociedad, y un lado más oscuro (utilización militar, distribución de propaganda y falsas noticias, generación y manipulación de opinión, control y destrucción de infraestructuras de países, ciber ataques, o diseño y construcción de robótica militar, también conocida como sistemas armamentísticos autónomos, entre otras aplicaciones).

Tal vez lo más preocupante de esa nueva tecnología sea su “opacidad”. Durante la guerra fría, y todavía hoy, era posible intuir mediante las imágenes de los satélites espías el número de misiles y cabezas nucleares desarrollados por un país. Mientras que hoy es imposible saber a ciencia cierta la capacidad que un país puede tener en cuanto a IA con finalidades destructivas.

Es alentador que exista un foro internacional (Asilomar) de académicos y científicos que promuevan campañas en contra del uso de las armas autónomas. Sin embargo en Marzo de 2018 el Korea Advanced Institute of Science and Technology se retiró de un proyecto internacional de investigación sobre tal tipo de armas. Lo que constituye un hecho significativo.

Puede que sea imposible eliminar el riesgo de una crisis política que desencadene una confrontación cibernética a gran escala sea del tipo que sea. Pero podemos, y debemos, hacer todo lo posible para reducir los peligros de que percepciones erróneas desencadenen una catástrofe global. Y ello nos afecta a todos, ya sean países, empresas, organizaciones, profesionales, familias, ciudadanos. Es bueno que los humanos recordemos que, al fin y al cabo, siempre seremos víctimas de nuestras aciones.

Como me apunta un amigo, como siempre la tecnología puede ser usada para bien o para mal. Por lo que el problema no es la tecnología. El problema somos nosotros.

 

Más información:

 “The accelerating AI arms race con be slowed”. Financial Times. (Friday 4 May 2018).

 https://en.wikipedia.org/wiki/Asilomar_Conference_on_Beneficial_AI

 

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Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización
(Ernesto Sábato (1911-2011). Escritor argentino.)

Efectivamente, no se trata del populismo sino de la globalización y de los daños colaterales que lleva asociados. Es más, el populismo es uno de esos daños colaterales.

Ya hace algún tiempo que “las autoridades económicas del mundo” (léase aquel reducido y selecto grupo que maneja los hilos del funcionamiento de la gran máquina mundial) van exhortando a sus empleados de lujo (los líderes políticos) a que mantengan un sistema de libre comercio pero que también dediquen más atención a los damnificados (aquellos pobrecillos que pierden su trabajo o que no logran acceder a él) víctimas de los procesos de globalización. Esa es una de las conclusiones que se han desprendido de la reciente reunión (Abril del 2017) en Berlín de aquél selecto grupo.

Parece que ahora se admite que la globalización se encuentra en un momento crítico debido su impacto negativo sobre el empleo de determinados grupos sociales. La globalización está dejando atrás a demasiados individuos y grupos, en especial en las economías avanzadas. Ya existen evidencias de que el libre comercio produce efectos perniciosos en los puestos de trabajo de sectores manufactureros de Europa y de los USA debido a la “competencia vía importaciones” desde zonas con salarios mucho más bajos. Aunque existen otros factores que también contribuyen a la destrucción de puestos de trabajo y a la depauperación de salarios. Factores como las tecnologías de la información y la robotización están contribuyendo a la eliminación de puestos de trabajo. Y ante estos escenarios no es casualidad que aparezcan lo que llaman “populismos” que hagan bandera de la destrucción laboral en muchas zonas de sus respectivos países y recojan el malestar de sus ciudadanos. He ahí el efecto colateral.

Y, ¿qué hacer al respecto? A mi juicio parece que el selecto grupo sólo propone medidas balsámicas. Es decir, facilitar la movilidad, aumentar las políticas de empleo (programas de formación, asistencia en la búsqueda de empleo), ofrecer prestaciones públicas de empleo, modificar los sistemas educativos para que los futuros trabajadores sean capaces de encararse a unos mercados más cambiantes. Suena a déjà vu ¿no es así?

Sin duda es bueno que el selecto grupo afronte esas realidades. Aunque por otra parte, las afronta porque de las soluciones dependerá su supervivencia y el siempre difícil equilibrio mundial. Tal vez sería mejor hacer un alto en el camino, reflexionar sobre los resultados conseguidos, reflexionar sobre los costes asociados y tomar nuevas rutas con un menor impacto social y humano.

 

Más información:

https://www.wto.org/english/news_e/news17_e/wto_imf_report_07042017.pdf

 

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“Lo que preocupa es que la globalización esté produciendo países ricos con población pobre.”

(Joseph E. Stiglitz. Nobel Price on Economics/2001)

La globalización, en su conjunto, no favorece el desarrollo económico. Aunque si existe un grupo de países que son capaces de beneficiarse de la globalización. Pero no necesariamente los más ricos, sino que lo que cuenta en realidad son sus instituciones democráticas. Aquellos países en los que sus gobiernos están controlados por la justicia se benefician de la globalización. Mientras que los que tienen regímenes totalitarios resultan perjudicados. Estos resultados se desprenden de la reciente investigación del Dr. Luigi Pascali, profesor de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y de la Graduate School of Economics (GSE).

A modo de ejemplo, en USA el PIB per capita se incrementó durante la primera ola globalizadora mientras que no fue así en China, India o África. En Europa, el Reino Unido y Holanda, donde el poder ejecutivo no está por encima del poder judicial, se beneficiaron pero no lo hicieron España e Italia.

Ahora la pregunta es: ¿Cómo se explica que la globalización sólo sea beneficiosa en aquellos países que tienen instituciones democráticas maduras? La respuesta del profesor Pascali es contundente. La globalización se muestra beneficiosa allí donde hay protección del comercio y de la innovación. Lo cual requiere de un sistema legal complejo y eficiente, en el que se hagan cumplir los contratos y donde los conflictos de intereses se resuelvan con celeridad. Y estas circunstancias se dan en países con sistemas de control de los gobiernos más que en los países con mayor laxitud o autocráticos.

El profesor Pascali concluye que los resultados de su trabajo indican que la globalización no conduce necesariamente a un beneficio general para la población, que es lo que predecían la mayoría de modelos teóricos. Lo cual está en linea con la sospecha del profesor, y premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz.

En definitiva, podemos obtener grandes beneficios de la globalización, pero sólo si tenemos las instituciones adecuadas.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/ciencia/quien/20170205/414024519831/premio-vanguardia-ciencia-entrevista-luigi-pascali.html

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“Las personas son sus principios”

(Bárbara Streisand)

 Empresas como Uber o Airbnb se presentan como plataformas tecnológicas que se limitan a poner en contacto a particulares. Sin embargo la realidad va mucho más allá. Lo cierto es que son empresas que buscan aprovechar vacíos legales en los distintos países, y en distintos sectores de la economía (el transporte de pasajeros o la vivienda), para lucrarse. Estas empresas alardean de que su actividad está basada en unas plataformas electrónicas que se limitan a poner en contacto oferta y demanda cobrando una comisión por cada servicio. De esta forma esas empresas convierten a los usuarios en “empleados”, sin realmente serlo, y ofrecen servicios sin un solo euro de inversión en inmovilizado. (Uber no es propietaria de un solo vehículo y Airbnb no tiene ningún inmueble en propiedad). Aún más, Airbnb sostiene que su actividad no es el alquiler de apartamentos o habitaciones para turistas o foráneos, sino poner en contacto a particulares que quieren alquilar unos días toda o una parte de una vivienda a otros particulares.

Así las cosas, ¿dónde está el negocio? Pues está en lograr un volumen de operaciones suficientemente grande que a través de unas comisiones aparentemente pequeñas (del orden del 3%) permitan ingresos relevantes. Y, ¿donde está el truco? Pues está precisamente en lo dicho con anterioridad. Por una parte en buscar vacíos legales de los que aprovecharse y, por otra, en escoger la más antigua y trivial de las opciones de las técnicas de gestión de riesgos, es decir, traspasar el riesgo a un tercero. En este caso traspasar todo el riesgo a sus usuarios.

Una vez más nos encontramos ante una linea muy fina sobre la que se mueve la ética de los negocios. En cualquier caso la sociedad, a través de sus administraciones, debe actuar y actualizar la legislación y las normativas que evidencian esas actividades hasta ahora no contempladas. En definitiva, las administraciones tienen que garantizar el “juego limpio” y la salvaguarda de la sociedad. Es elemental ver que en esos modelos de negocio no se contemplan aspectos tales como la responsabilidad civil, los controles de seguridad, los controles sanitarios y de salud pública, el control de la fiscalizad (p.e.: IVA, IRPF, Impuesto de Sociedades), o el control de las ingentes cantidades de información de índole personal almacenada y utilizada por esas empresas. Responsabilidades que recaen precisamente en los usuarios, bien formen parte de la oferta o de la demanda. Es muy importante recordar que todos esos aspectos son los que forman parte de la salud del sistema, y permiten el equilibrio y el progreso social.