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“Carecer de libros propios es el colmo de la miseria.”

(Benjamin Franklin)

Leo con sorpresa y asombro un artículo publicado en diario “el Periódico“,

http://www.elperiodico.com/es/noticias/educacion/escuela-innovadora-obliga-cambiar-libro-texto-vuelta-cole-curso-2016-2017-5364556

en el que aparece el siguiente texto:  “…los libros de texto no dejan de ser un refrito de la realidad y advierten de que, en un momento tan mutante como el actual, en que los estudiantes tienen un acceso permanente a nuevas informaciones, los manuales escolares se quedan en lo elemental, no animan a ir más allá. No personalizan el aprendizaje y, al contrario, encorsetan la manera de dar clases. El libro de texto es visto como un producto del pasado.”

Continuando con la lectura me encuentro con la siguiente afirmación: “La tendencia internacional, apunta a un futuro en que los materiales de trabajo en el aula se encontrarán en plataformas digitales, que conectarán a los estudiantes con las fuentes originales, que les guiarán en el aprendizaje pero sin dictarles cómo tienen que hacerlo.”

No seré yo el que ponga en duda el fundamento empírico y científico que sustenta tales declaraciones. Aunque reconozco que, de haberlo, me gustaría conocer ese fundamento. Y esas lecturas me mueven a otras reflexiones. Se debe reconocer la penetración de las nuevas tecnologías en, vamos a llamarle, “el proceso educativo”. Esas tecnologías aportan nuevos y valiosos medios y herramientas que pueden permitir optimizar la eficacia y la eficiencia del proceso. Es cierto que el libro de texto como tal no ha tenido cambios significativos en los últimos decenios. Pero de ahí a afirmar que son un refrito, un producto del pasado creo que es sumamente injusto. Y todo ello con mi más sincero reconocimiento y respeto para con los autores y editores, sin cuyos productos y aportaciones muchos de nosotros no habríamos llegado al nivel educativo y cultural que tenemos.

No menos cierto es que aquél “proceso educativo” se está viendo inmerso en variados intentos de reinvención, en parte por el impacto tecnológico. Intentos que, a mi juicio, en muchas ocasiones se asemejan más a un “prueba y error” que a la adopción de una metodología probada y con evidencia empírica de la obtención de resultados satisfactorios.

Con todo las cuestiones más importantes que se me plantean son: ¿Sabemos realmente enseñar a aprender? ¿Sabemos motivar, incentivar y potenciar la inquietud, el deseo de aprender en los alumnos? ¿Sabemos hacer sentir en el alumno la satisfacción de aprender? ¿Sabemos fomentar en los alumnos la capacidad de análisis y el espíritu crítico necesario que les permita discernir de forma adecuada una vez inmersos en el océano digital?

En cualquier caso lo cierto es que ese océano digital no es ni mucho menos incompatible con el libro. Y que éste, tenga el formato que tenga, continuará acompañando a todo aquel que sienta el deseo de saber, de conocer, de aprender.

La sabiduría está en los libros. Sin libros no hay cultura. Sin cultura no hay libertad. Sin libertad no hay progreso. Sin progreso no hay sociedad avanzada.

https://www.youtube.com/watch?v=BJSFIIO8y-g

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