Unknown.jpeg

“Las élites se están dando cuenta de que la desigualdad está convirtiéndose en un hecho políticamente peligroso”

(Guy Standing, University of London (SOAS) & Basic Income Earth Network -BIEN-)

¿Qué está pasando? Pues, por una parte, que la globalización y la robotización amenazan con destruir miles de puestos de trabajo ya sean muy cualificados o poco cualificados. Y, por otra, que la forma desigual en la que se reparten los beneficios de la globalización y de los cambios tecnológicos está angustiando a la sociedad.

Las mismas élites se dan cuenta de que las desigualdades no pueden continuar creciendo. Ya empieza a haber reacciones, no siempre bien encaminadas (los populismos). El sistema actual de protección social genera mucha burocracia y hace que algunas personas en lugar de dedicar su tiempo a actividades generadoras de riqueza lo dediquen a buscar cuantas más ventajas mejor de la red de protección.

Que los cambios tecnológicos afectan al mercado de trabajo es un hecho que ha ocurrido otras veces y, al final, a pesar de las personas que han sufrido durante la transición, el cambio ha sido, en general, positivo. Las máquinas nos han liberado de los trabajos más tediosos y que exigían más esfuerzo físico, la productividad ha aumentado y con ella lo ha hecho el nivel de vida. Ahora, sin embargo, hay expertos que opinan que con el grado de automatización que aporta la inteligencia artificial, el escenario puede ser diferente y se pueden perder muchos puestos de trabajo de forma permanente.

Para intentar paliar esa situación, algunos países están planteando la creación de una renta básica universal, y Finlandia es hoy pionera en ello. Ese país va a hacer una prueba piloto, con horizonte temporal de dos años, con 2000 personas escogidas estadísticamente entre los 25 y los 58 años de edad que ya reciben ayudas públicas no contributivas por su situación de desempleados. Cada una de ellas recibirá una renta básica de 560 €/mes sin condiciones. Es decir no deberán demostrar que buscan un empleo, y podrán trabajar a tiempo parcial como temporeros o como autónomos. Tampoco tendrán la obligación de asistir a cursos de formación o mantener reuniones de control y seguimiento por parte de las oficinas de empleo. Paradójicamente  el primer objetivo de la renta básica a la finlandesa es el de fomentar la ocupación. Lo que ocurre en Finlandia es que los parados tienen una gran protección, pero la pierden si cogen trabajos aunque sea a tiempo parcial. Ahora, por ejemplo, en la ciudad de Oulu, tienen muchos parados profesionalmente muy competentes debido a la crisis de Nokia. Al mismo tiempo, hay empresas start-ups que les podrían dar trabajo, a veces a tiempo parcial, pero las cuentas no salen si el parado puede perder la protección social. Con esta situación salen perdiendo la start-up, el desempleado, el estado finés y la sociedad en general.

Esta nueva situación, en la que las sociedades occidentales se van a ver envueltas, genera muchas dudas y preguntas:

  • Si repartimos una renta básica, ¿habrá más personas que trabajarán o crearán empresas o más personas que dejarán de trabajar y malgastaran el dinero en alcohol o drogas? ¿Habrá gente que dejará trabajos poco interesantes y lo aprovechará para obtener una mejor formación y así poder optar a una mejora profesional?
  • Esa renta básica ¿aumentará la creación de pequeños negocios y se convertirá en un colchón amortiguador que permitirá probar suerte con menos riesgo?
  • Esa renta básica ¿frenará la situación actual en la que los beneficiarios de subsidios esquivan al sistema manteniendo los ingresos justo por debajo del nivel que les permite recibir importantes subsidios (por ejemplo la cobertura del 60% del alquiler de la vivienda en el caso finlandés)?
  • La linea entre la responsabilidad individual y la social ¿se hará más imperceptible? ¿Será más fácil “moverse” dentro del sistema en beneficio propio?
  • ¿Provocará esa renta básica un “efecto llamada”?
  • Esa renta básica ¿es sostenible desde el punto de vista financiero a nivel país? (Unos primeros cálculos estiman que a Finlandia le puede costar el 17% de su PIB. Que extrapolado a España obligaría a elevar la presión fiscal del actual 44% hasta el 65%).
  • Y ¿qué hay de las posibles externalidades? ¿Provocará esa renta básica que una parte de los beneficiarios, al tener unos ingresos garantizados, descarte cualquier forma de ocupación laboral? ¿Fomentará esa renta básica el crecimiento de la economía sumergida?
  • ¿Se perderá la consciencia del trabajo como acto enriquecedor para uno mismo y como un servicio, una colaboración, una contribución, para con la sociedad?

No sólo Finlandia está experimentando con la renta básica universal. Suiza ya se ha manifestado recientemente al respecto mediante un referéndum. El senado francés ha aprobado otro experimento y también los tendrán pronto en Canadá y en Holanda.

En cualquier caso el experimento finlandés merecerá ser tenido en cuenta y estudiados sus resultados. Aunque no debemos olvidar la distancia abismal que, hoy por hoy, existe entre el importantísimo sentido de la responsabilidad colectiva que se tiene en  los países nórdicos y el de los países mediterráneos al norte de África.

Más información en: