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“La prensa libre puede ser buena o mala, pero si no es libre, sólo puede ser mala.”

(Albert Camus)

En el 2016 la palabra “post-truth (posverdad)” fue elegida por los editores de los Diccionarios de Oxford como la palabra del año. Término que el mismo diccionario define como “actitud de resistencia emocional ante hechos y pruebas objetivas”. O creerse lo que uno quiere al margen de lo demostrado con hechos. La posverdad es una palabra aplicable no tan solo a la política sino también a otras realidades como el mundo empresarial.

Según Jaume Giró (Director General de la Fundación Bancaria “la Caixa”), “La posverdad no consiste en dar forma a la opinión pública mediante emociones, sino en emplear emociones para configurar una opinión pública alejada de la verdad”. Él mismo explica la estrategia aplicada por la industria tabaquera durante décadas desde la aparición de las primeras informaciones acerca de una posible relación entre el fumar y el cáncer de pulmón.

En 1953, los principales directivos del sector tabaquero se reunieron en Nueva York con John Hill, director de la agencia de comunicación hoy conocida como Hill+Knowlton Strategies. En esa reunión se sentaron las bases sobre la reacción que habría que dar en adelante ante la publicación de noticias que pudieran perjudicar a las tabaqueras:

  1. Mostrarse sensible cuando aparece un problema de reputación y compartir las preocupaciones con el público.
  2. Sembrar dudas y trasladar que no toda la culpa corresponde a las empresas o al conjunto del sector.
  3. Contraatacar, cuestionar las informaciones y equiparar estudios rigurosos con aquellos que no lo son.

Ante tal estrategia parece obvio que debería incorporarse una dimensión ética con el objetivo de evitar falsos mensajes. Se debe tener claro que la reputación no pertenece a las empresas. La reputación se tiene porque otros se la otorgan. La reputación empresarial no es un activo propio. Al contrario, la reputación es una señal explícita y sobrevenida de que la empresa está haciendo las cosas que realmente importan al cliente, a la sociedad.

Es mucho más fácil trabajar en la reputación de una empresa cuando ésta se concentra en lo verdaderamente importante. Es decir, cuidar a los clientes y ofrecerles productos de calidad, contar con los mejores colaboradores y la mejor plantilla, innovar de forma continuada y competir en el mercado dentro de un marco ético de responsabilidad.

 

Más información:

https://verne.elpais.com/verne/2016/11/16/articulo/1479308638_931299.html

https://www.elmundo.es/cultura/cine/2017/11/03/59fc80f4468aebd1508b46a0.html

http://www.hkstrategies.com/global/

“La reputación en tiempos de la posverdad”. Expansión (8 de Abril de 2017).

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