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“Los consumidores todavía no comprenden el poder de una máquina que es capaz de  reconocer a un ser humano y lo que ese poder podría hacer a la humanidad si cae en las manos equivocadas.”

(Joseph Atick. -Executive Chairman, ID4Africa & Identity Counsel-)

“Es mágico, un instate histórico!” Esta fue la exclamación de Joseph Atick cuando en 1994, junto con sus colegas de la Rockefeller University, comprobó que el ordenador en el que habían estado trabajando era capaz de reconocer sus caras (“I see Joseph … I see Paul … I see Norman …”). Más de dos décadas después, comprobamos que un humanoide reconoce al cliente que entra en el centro comercial, le saluda por su nombre y le sugiere que chaqueta es más acorde con los pantalones y la camisa que compró la semana pasada, y donde puede encontrarla.

Efectivamente, la utilización de técnicas de reconocimiento facial y otras tecnologías hasta ahora aplicadas a la vigilancia y a la seguridad están en el punto de mira del comercio minorista, de los grandes almacenes, de los centros comerciales, de los casinos o de los parques temáticos. Prueba de ello ha sido la numerosa presencia de empresas creadoras de esas soluciones en el encuentro anual de la National Retail Federation en New York, y en el CES (Consumer Electronics Show) en Las Vegas. Una de esas empresas, NEC, está adaptando su solución NeoFace para usos en el comercio minorista. Otra, la stratup EyeQ presentó una solución capaz de reconocer los rasgos físicos de una persona, diferenciando entre hombre o mujer, y sugiriendo compras en función del género.

Y es que el comercio minorista intenta hacer frente a la creciente competencia del comercio on-line y busca métodos para incrementar su relación con el cliente y el conocimiento de éste. De hecho firmas como Walmart Stores, Giorgio Armani o Macy’s en los USA, Benetton Group en Europa, o Baidu y Alibaba Group en Asia, están desarrollando proyectos piloto con ese tipo de tecnologías. Sin olvidar también el proyecto de Amazon en cuanto al pago de sus compras mediante reconocimiento facial del cliente a través de una selfi. O la facilidad Caras, de identificación facial, que está disponible en la aplicación Fotos de Apple. Estamos hablando de un negocio en el que la agencia MarketsandMarkets calcula en 6.200 millones de dólares la cifra de ventas de las tecnologías de reconocimiento facial para el año 2020.

Pero no todo es color de rosa. ¿Qué sucede ante la gran cantidad de nueva información biométrica que se obtiene de los clientes? ¿Cuál será la actitud de nosotros, los clientes, ante ese cúmulo de información personal nuestra que se almacena? ¿Qué hay de la preservación y el respeto a la privacidad del individuo? En estos momentos Facebook está haciendo frente a una demanda colectiva que le acusa de haber estado construyendo en secreto la mayor base de datos biométricos de sus usuarios.

En cualquier caso la tecnología ya está ahí y va a depender de nosotros (ciudadanos, administraciones, clientes, proveedores) que la utilicemos de forma inteligente para construir una sociedad más eficiente y más prospera.