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“El proceso mediante el cual los bancos crean dinero, es tan simple, que la mente lo rechaza.”
(John Kenneth Galbraith)

La zona Euro lleva desde el año 2014 con unos tipos de interés del 0,00%. Ello hace que las entidades financieras vengan realizando grandes esfuerzos para potenciar los ingresos por comisiones reformulando así su oferta comercial para aumentar la vinculación de sus clientes con la contratación de un mayor número de productos (seguros, planes de pensiones, electrónica de consumo, viajes, y muchos otros). Todo ello en un intento de paliar la baja rentabilidad de su negocio tradicional (tomar pasivos a un tipo y conceder activos a un tipo superior) ante la escasa capacidad de sacar rendimiento a su activo debido al contexto de bajos tipos de interés, que ha hecho caer durante los últimos años el margen de intereses, tradicionalmente el más importante de la cuenta de resultados. En definitiva, la banca lleva ya un tiempo revisando, actualizando, reinventando su modelo de negocio, buscando nuevos negocios más allá de los servicios financieros. Todo ello con el objetivo de dar respuesta a los nuevos escenarios a los que se enfrenta (bajos tipos de interés, aparición de las fintech, el shadow banking y la entrada de nuevos actores en el mercado como Apple, Facebook, Google, ….).

Sin embargo ante este panorama la Banca tiene una baza muy importante. La baza de disponer de mucha información de sus clientes. Información que puede “monetizar” y a su vez abrirle nuevas oportunidades de fidelizar a sus clientes, proporcionando una nueva entrada en su cuenta de resultados. Y entre toda esa información se encuentra el uso y consumo de las tarjetas de débito y crédito por parte de sus clientes.

Cardlytics Inc. es una empresa norteamericana dedicada a la minería de datos. Entre sus clientes se encuentran Bank of America Corp., JPMorgan Chase & Co. y Wells Fargo & Co. En particular se centran en unos datos personales extremadamente reveladores, se trata de saber cómo los clientes usan sus tarjetas de débito y crédito. La empresa está ayudando a los bancos a extraer los “perfiles de compra” de sus clientes a fin de incentivarlos a continuar usando sus medios de pago.

Y ¿cómo funciona ese nuevo modelo de negocio?. Veámoslo:

El banco permite que Cardlytics acceda a sus bases de datos de uso de tarjetas en las que, por supuesto, no figuran nombres ni cualquier otra información que permita identificar al cliente. Mediante ese acceso extrae las tendencias de compra, el patrón de comportamiento, de los clientes para luego ofrecer esa información a los comercios quienes pueden llegar a pagar para poner anuncios personalizados y otras ofertas en las aplicaciones móviles de los bancos.  Esa misma información vuelve al banco que la puede utilizar para realizar campañas específicas.

Un primer análisis nos dice que el modelo permite ver cómo los consumidores gastan su dinero entre múltiples comercios. Por ejemplo, se puede identificar a los clientes que viajan a menudo según sus gastos de pernoctas en hoteles y de compras de billetes de aerolíneas para luego contactar con comercios como Airbnb Inc. o la cadena Marriott para ofrecerles una oferta personalizada. A cambio, Cardlytics le cobra al anunciante una tarifa, generalmente alrededor del 4 por ciento de todas las ventas que genera la oferta, y la compañía transfiere una parte de ese dinero al banco. Desde su inicio hace una década, la compañía ha pagado 175 millones de dólares a sus socios bancarios. El mayor atractivo/retorno para los bancos es el mayor uso de sus tarjetas por parte de los clientes. Con un incremento, según Cardlytics, de alrededor del 9 por ciento de operaciones.

Un ejemplo adicional. La asociación de Bank of America Corp. con Cardlytics ayudó al banco a desarrollar BankAmeriDeals, que ofrece a los titulares de tarjetas de crédito y débito del banco ofertas de devolución de dinero en efectivo en los comercios. En los Estados Unidos estas llamadas “ofertas vinculadas a la tarjeta” han crecido en popularidad entre los consumidores y podrían pronto alcanzar una buena porción del mercado de publicidad digital, siempre según la organización CardLinx. Este tipo de ofertas también se dan en nuestras latitudes. CaixaBank, por ejemplo, ofrece el retorno al cliente del 4% de la reserva y compra que se realice en el comercio Booking.com.

Por su parte, durante el 2017, Google y MasterCard llegaron a un acuerdo que permite intercambiar datos de clientes. Es decir, los anunciantes de Google tuvieron acceso a una herramienta que les permitía rastrear si los anuncios que publicaron on-line acabaron, o no, en una venta en una tienda física.

Estamos pues ante modelos en los que “todos juegan todos ganan”. Modelos que le permiten a la banca mejorar su cuenta de resultados y continuar resistiendo en el campo de batalla, y a los anunciantes comprobar el éxito de sus campañas publicitarias. Finalmente el cliente “se beneficia” de ofertas personalizadas y descuentos atractivos. Eso sí, él es que debe dar la última autorización para que sus datos de tarjetas entren en el bombo de datos a explorar.

Y como decía en un post anterior, sin ninguna duda los datos de los clientes de un banco, y en este caso los de sus tarjetas de crédito o débito, constituyen un activo importantísimo y son fuente de una clara ventaja competitiva”.

Más información:

https://es.euribor-rates.eu/tipo-de-interes-del-BCE.asp

http://www.cardlytics.com

https://www.wsj.com/articles/facebook-to-banks-give-us-your-data-well-give-you-our-users-1533564049

https://promo.bankofamerica.com/deals/

https://www.cardlinx.org

https://www.caixabank.es/particular/home/particulares_es.html

https://valoradicional.wordpress.com/2018/03/31/mis-datos-financieros-ya-no-son-solo-mios/

https://valoradicional.wordpress.com/2018/04/06/mercadeo-de-datos-personales/

https://www.lavanguardia.com/economia/20180831/451544350808/google-mastercard-acuerdo-datos-clientes.html

 

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“El proceso mediante el cual los bancos crean dinero, es tan simple, que la mente lo rechaza.”

(John Kenneth Galbraith)

En el mes de Abril del 2016 publiqué una contribución en la que, bajo el titular They want to kill banks, comentaba el caso de una fintech norteamericana (So-Fi) cuyo lema empresarial era “to kill banks”.

Hoy, desde mi humilde posición de conocedor e investigador del sector financiero, me atrevo a hacer algunos comentarios sobre un libro que acaba de publicarse en Febrero del 2018, cuyo título “El Fin de la Banca: el Dinero, el Crédito y la Revolución Digital” encaja a la perfección con aquella contribución. Su autor, Jonathan McMillan, es en realidad un seudónimo detrás del cual hay dos profesionales del mundo de las finanzas. Uno de ellos es un experto en finanzas que trabaja para un gran banco global mientras que el segundo es un académico.

Repasemos primero unos conceptos previos. A grandes rasgos podemos afirmar que el sector financiero contribuye a la actividad económica con dos importantes funciones básicas. La primera de ellas es la provisión de canales a través de los cuales la sociedad ahorra y convierte ese ahorro en inversión. La segunda función básica del sector financiero es la provisión de servicios de pago que permiten un funcionamiento más eficiente de los mercados y del sistema económico. Un banco, como institución de intermediación financiera que es, proporciona el vehículo para que personas, familias y empresas canalicen sus excedentes de ingresos que luego serán invertidos. Desarrollando de esta forma el proceso de canalización del ahorro hacia la inversión. En resumen, un banco es una institución cuyas operaciones corrientes consisten en la concesión de préstamos y la recepción de depósitos provenientes de sus clientes.

Así pues la banca, en general, desarrolla un conjunto de actividades que abarcan desde la captación de depósitos y su colocación en forma de productos de financiación, hasta la gestión de riesgos asociados a dichas operaciones y también la gestión de la información relativa a todos los procesos de intermediación. El análisis de la eficacia en la gestión de esos procesos por parte de la banca permite comprender la evolución de su productividad y, por lo tanto, la posibilidad de sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo y más global.

Volviendo al libro de McMillan, éste ofrece una perspectiva novedosa e interesante sobre la razón de ser de la banca. Analizándola desde una primera visión de la banca en la era industrial para luego pasar a la visión de la banca en la era digital. Da un repaso a elementos propios de la actividad bancaria: depósitos, créditos, asimetrías de información, riesgo moral y riesgo crediticio, riesgo de liquidez, pánico bancario, garantía de depósitos, regulación bancaria. Para a continuación analizar la banca en la sombra (shadow  banking), la titulación de activos, la crisis financiera del 2007 y los grandes errores cometidos durante esa crisis.

Con todo ello en el texto se sientan las bases para la tesis central del libro al postular que “la banca tal y como hoy la conocemos ha dejado de ser necesaria“. Utilizando como primer argumento para dicha aseveración el hecho de la irrupción de las TIC en el sector. Lo que han permitido el gran fenómeno de la desintermediación (P2P, directlendingcrowlending, crowfunding, digital currencies, etc.) y la aparición de múltiples nuevos actores en el mercado. Otro argumento utilizado por los autores son los gravísimos errores cometidos durante las crisis y sus amargas consecuencias. Errores que se centran en la titulación de activos tóxicos, el uso de desmesurado de derivados y la politización de los bancos centrales (o el aprovechamiento político de las Cajas de Ahorro en el caso español).

Por mi parte, la afirmación de que la banca deja de ser necesaria me parece un poco desproporcionada. Es claro que el sector financiero está experimentando grandes cambios. Cambiará el papel del sector público en cuanto al sistema financiero, cambiará la forma de hacer de la banca, aparecerán nuevos actores en el mercado, el dinero físico -el papel moneda- caerá en desuso debido a la tecnología y a la mejora en eficiencia. Pero muchas actividades perduraran. Continuará siendo necesarias la regulación y la “vigilancia” de las operaciones, la existencia de mecanismos de protección, de mecanismos mejorados de gestión de la información, actividades todas ellas que son imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema. De hecho hoy existen multitud de plataformas en la red que ofrecen “servicios financiero-bancarios”. Plataformas que buscan arañar su trozo de pastel. Pero la liturgia continua siendo la misma: garantía de capital, control y seguimiento de la información y de las operaciones en curso, garantías aportadas, protección de los depositantes e inversores, etc.

Por que la esencia de la actividad bancaria, su core activity, continuará siendo la canalización del ahorro hacia la inversión y la provisión de servicios a la sociedad. Ya sea esta canalización por medio de la banca, de los fondos de inversión o de entidades cooperativas.

Y ante este panorama, ¿qué puede hacer la banca tradicional? La banca tiene una gran baza que es la de poder ser un proveedor global de servicios financieros para sus clientes. Pero para lograrlo tiene que innovar en la oferta de tales servicios utilizando la tecnología que le permita ganar eficiencia, abaratar el coste de los servicios y, sobre todo, acercarlos a los clientes y personalizarlos de acuerdo con sus perfiles.

En cualquier caso, no nos quepa la menor duda de que en un futuro no muy lejano continuaremos asistiendo a grandes cambios en el sector financiero.

Más información:

“The End of Banking” (Jonathan Macmillan. 2018. Penguin Random House)

https://valoradicional.wordpress.com/2016/04/04/they-want-to-kill-banks/

https://www.endofbanking.org

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“En la mayoría de los casos la ignorancia es algo superable. No sabemos porque no queremos saber.”
(Aldous Huxley (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés.)

El Banco de España acaba de publicar (Junio de 2017) un interesante documento (“Informe sobre la crisis financiera y bancaria en España, 2008-2014″) con el objetivo de dar la visión de la entidad acerca de la, tan traída y llevada, crisis financiera.

Uno humildemente repasa el documento ávido de encontrar análisis sinceros de las situaciones ocurridas, de encontrar autocríticas que fundamenten actitudes y actuaciones futuras. Pero sólo se encuentra con unas mínimas evaluaciones de actuaciones realizadas y constata que el propio Banco de España no realiza ninguna autocrítica más allá de reconocer que durante la generación de la burbuja y los graves desequilibrios que acabaron hundiendo a muchas entidades financieras, el propio Banco de España dispuso de unos instrumentos regulatorios que resultaron ser claramente ineficientes.

Y lo peor viene ahora. Según los números del Banco de España los rescates públicos al sector financiero han significado un desembolso de capital de 64.000 millones de euros de los que el propio Banco de España reconoce implícitamente ya se dan por perdidos unos 60.000 millones de euros.

No olvidemos que se habla de dinero público, es decir, a cuenta de nuestros bolsillos y de los servicios públicos (educación, sanidad, pensiones, seguridad) que vamos a dejar de recibir o que vamos a recibir muy mermados de intensidad y calidad.

Antes estos hechos, uno recuerda que en el mes de Marzo de 2017 Islandia dio por cerrada la crisis financiera sufrida y avanzó su regreso a los mercados internaciones de financiación. Todo ello después de recibir, en el año 2008, asistencia económica del FMI. Préstamo que devolvió anticipadamente en el año 2015. Uno recuerda también que los ciudadanos de Islandia obligaron a dimitir a su primer ministro y lo llevaron a los tribunales justo por la crisis financiera. Y uno se sonroja de vergüenza al comparar los dos Estados (Islandia vs Spain), salvando las distancias naturalmente.

Pues eso, españolitos pagad y callad. ¿Alguna objeción?

 

Más información:

http://www.bde.es/f/webbde/Secciones/Publicaciones/OtrasPublicaciones/Fich/InformeCrisis_Completo_web.pdf

 

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“El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.”
(Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.)

SAREB es el “banco malo” creado en 2013 por el Gobierno español de turno para integrar la mayoría de activos inmobiliarios tóxicos de los bancos intervenidos por el Estado español después de la explosión de la burbuja inmobiliaria que causó la gran recesión iniciada en el 2007. La creación de ese banco se produjo después de que el Gobierno español recibiera una suculenta ayuda económica, el RESCATE se quiera o no, procedente de Europa.

Para hacernos creer a todos que el RESCATE no computaba como déficit público el Gobierno se inventó una triquiñuela por la que el sector privado (mi banco, tu banco, mi aseguradora, tu aseguradora) aportarían los dineros (nuestros dineros), a excepción del BBVA que no quiso entrar en el juego. En total 4.800 millones de euros contantes y sonantes. Como cebo se esgrimía que SAREB obtendría una rentabilidad anual del 14% a los largo de su existencia (hasta 2027 según la vida pactada para la SAREB).

En el mes de Abril de 2017, el presidente de SAREB (personificado por El Sr. Jaime Echegoyen) tuvo la desfachatez de anunciar a la opinión pública que los accionistas, es decir, los aportantes de los dineros antes mencionados, van a perder el 30% de su inversión. En otras palabras, de una u otra forma los contribuyentes vamos a perder la friolera de 1.440 millones de euros.

Visto toto ello, una vez más es URGENTE que la ciudadania tenga unos mínimos conocimientos que le aporten criterio a la hora de acudir a las urnas para unas nuevas elecciones.

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“Creo, sinceramente, como tú, que los sistemas bancarios son más peligrosos que los ejércitos.”

(Thomas Jefferson)

No se trata, ni mucho menos, de hacer leña del árbol caído. Sin embargo uno se plantea muchas preguntas. El Popular era el banco del Opus Dei ¿Cómo es que un banco que fue en muchas ocasiones durante la década de los 1990’s, bajo la dirección de los hermanos Valls y Taberner y también del profesor Rafael Termes, el banco más rentable de Europa ha caído de forma tan estrepitosa? ¿Cómo un banco que supo superar la crisis de los años 1980’s ha desaparecido del mapa? ¿Cómo un banco que hizo bandera de conseguir rentabilidad a través de la austeridad y el control de costes, centrado en el negocio bancario básico de particulares y empresas, es un banco que hoy (en Junio del 2017) forma parte ya del recuerdo?

Muchas son las respuestas y muy pronto se publicaran estudios e investigaciones sobre el “caso Banco Popular”. Sin embargo humildemente me atrevo a sintetizar en una respuesta: a partir del año 2004, con la nueva Dirección del banco, se desencadenó en él  la “codicia”. Viendo como sus competidores sacaban jugosos beneficios del sector inmobiliario, se quiso entrar en ese negocio en detrimento de otros negocios mucho más sensatos. Y se entró en el “ladrillo” cuando los precios ya estaban por las nubes. Y ya saben, lo peor que puede hacer un inversor es comprar caro. Ahora ahí están los resultados!

De todo ello me permito extraer dos consecuencias. La primera de ellas es la extrema facilidad con la que un gran estilo y espíritu de dirección, una cultura empresarial sensata, centrados en el negocio tradicional, en el negocio que se domina, con una gran vocación de servicio y de supervivencia, todo desaparece con extrema facilidad   ante el relevo en la alta dirección y con la llegada de la “avaricia y el pelotazo” en busca de los beneficios fáciles centrándose en el cortoplacismo.

La segunda consecuencia es el preocupante hecho de que el sistema financiero ha vuelto a quedar en entredicho. Y no me preocupa la pérdida de valor de las acciones del Banco Popular o las pérdidas soportadas por los accionistas (al fin y al cabo el accionista es dueño de parte del capital del banco y debería saber exactamente el riesgo que corre cuando se entra en el capital).

Lo que en realidad me preocupa es que los organismos reguladores no han estado a la altura de las circunstancias y se han autodesacreditado por su inacción. En Julio de 2016 la Autoridad Bancaria Europea (EBA) avalaba la solidez del Popular y reconocía que se habían superado las pruebas de los test de estrés. El mismo Banco Central Europeo (BCE) auditó hace menos de un año al Popular sin ninguna salvedad en sus informes y con el beneplácito del Banco de España (BdE). Hoy menos de un año después el Banco Popular ha dejado de existir. ¿Cómo ha sido posible?

Esta situación si que representa un gran reto para las autoridades bancarias y monetarias españolas y europeas. El reto de recuperar la confianza de los mercados, y lo que es más importante recuperar la confianza de los ciudadanos y por ende la de los clientes de banca.

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El dinero es como el estiércol, no es bueno a no ser que se esparza.

(Francis Bacon)

En el origen, el negocio de la banca es extremadamente sencillo: toma dinero prestado (pasivos) de sus clientes a los que ofrece un tipo de interés, para luego prestarlo (activos) a otros clientes a un tipo de interés superior. Pero, ¿deben esos pasivos ser necesariamente dinerarios, es decir, papel moneda? Pues la respuesta es que no necesariamente, como ocurre en Indonesia, un país insular del sudeste asiático que abarca más de 17.000 islas con una población de 255 millones de personas y con una renta per capita de 3.600 US$ (en 2014).

Makassar es la capital y mayor ciudad de la provincia de Sulawesi (islas Célebres Meridional) en Indonesia. Cada día esta ciudad de 2,5 millones de personas produce 800 toneladas de basura, la mayor parte de la cual acaba formando parte de una montaña de desperdicios de cinco pisos de altura y que ocupa una superficie de dos campos de futbol. Según el Ministerio de Medio Ambiente indonesio un 70% de la basura del país se almacena en grandes vertederos al descubierto.

Esta situación de gran impacto medioambiental junto al perfil de extrema pobreza de la población, ha llevado a que se gestase y creciera una iniciativa emprendedora realmente creativa: la banca de la basura. Que nace, por una parte, como una forma de reducir la presión sobre la proliferación de grandes vertederos y, por otra, como vía de incentivar e incrementar el reciclaje. Como ejemplo de ello tenemos al  Mutiara Trash Bank. Esta nueva banca permite a los ciudadano más pobres el acceso a servicios financieros básicos como el ahorro y el crédito. Servicios de los que nunca antes habían disfrutado.

El modelo de este particular negocio bancario es simple e ingenioso. Los ciudadanos recogen elementos reciclables como los envases de plástico, el papel, los envases Brik o el metal, llevándolos a los puntos de recogida, es decir, a la “oficina del banco de basura” donde serán pesados y depositados a la vez que se les adjudica un valor monetario que a su vez se registrará debidamente en “la cuenta de ahorro” del ciudadano cliente. Cuenta de la que, de forma periódica, el titular podrá retirar dinero o hasta solicitar créditos.  Para garantizar el sistema, la Administración establece y fija los precios, el importe económico, a los que cada unidad de peso de la basura que se deposite estará asociada. Toda la basura recogida es llevada a diario a empresas recicladoras que las pagaran también a un precio pactado. He aquí el margen financiero de este singular modelo de banca, aunque sea con precios fijados.

El Mutiara Trash Bank desarrolla además una importante labor social financiando que jóvenes estudiantes ayuden a la escolarización de los más pequeños sin recursos. Los “clientes titulares de cuentas de ahorro” pueden cambiar los productos reciclables  recogidos directamente por arroz, tarjetas de prepago para teléfonos o bien para pagar sus consumos de electricidad.

Para esos ciudadanos este modelo de banca es la forma más cercana a una institución financiera que han tenido en su vida. En Indonesia hay más de 2.800 Trash Banks que operan en 129 ciudades y que dan servicio a 175.000 “clientes”.

Fuente: Bloomberg BusinessWeek (May30/June6-2016)

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El que trabaja principia bien, el que ahorra termina mejor.

(Anónimo)

Durante los últimos 30 años, y alentadas por unas excepcionales expectativas económicas y de negocio, las rentabilidades de la renta fija y de la renta variable, en los Estados Unidos y en la Europa Occidental han sido considerablemente más altas que lo que mostraba la tendencia del largo plazo. Hoy, esas condiciones se están debilitando o incluso revertiendo. En un informe realizado por McKinsey se apunta a un desplome de la rentabilidad media anual de que disfrutaran los inversores en los países occidentales entre el 2016 y el 2035, comparada con la del periodo 1985-2014.

  • Durante el periodo 1985-2014 , los rendimientos de la renta variables en USA y EU se situaron en el  7,9% lo que representa un incremento de entre 1,4 y 3,0 puntos porcentuales sobre la media de 100 años. En el mismo periodo los rendimientos de la renta fija se situaron en USA en el 5,0%, es decir 3,3 puntos porcentuales por encima de la media de 100 años. Mientras que en EU el rendimiento e situó en el 5,9% (4,2 punto porcentuales por encima de esa media).
  • Diversas causas han influido en esa situación: la reducción de las tasas de inflación y tipos de interés desde los niveles inusualmente altos de la década de los 1970’s y principios de los 1980’s; el crecimiento del PIB mundial impulsado por la demografía, las mejoras en la productividad, el rápido crecimiento de China; el incremento de beneficios empresariales con la apertura de nuevos mercados; y los avances en la automatización y las mejoras en las cadenas de suministros que contribuyen a la contención de costes.
  • Algunas de esas tendencias se mantienen hoy aunque con mayor lentitud. Mientras que  las TIC y las tecnologías disruptivas mejoraran los márgenes futuros de algunas empresas,  las grandes compañías que obtuvieron suculentos beneficios en el pasado deberán hacer frente a la presión competitiva de las nuevas empresas que emergen de la globalización. Los rivales más pequeños y más ágiles, les robarán cuota de mercado. Los gigantes de la tecnología (Amazon, Google, entre otros) entrarán en negocios y mercados hasta ahora privilegio de unos pocos. Sin olvidar que grandes economías como la China, que han crecido con rapidez,  deberán hacer frente al endeudamiento acumulado.
  • Como resultado de ello, la rentabilidad de las inversiones en los próximos 20 años es previsible que caiga por debajo de la que se obtuvo en el periodo 1985-2014. En un escenario de crecimiento global lento la rentabilidad de la bolsa en USA, para los próximos 20 años, se situará entre el 4,0% y el 5,0% (más de 2,5 puntos porcentuales por debajo de la media del periodo 1985-2014). En cuanto a la renta fija, su rentabilidad se situará entre el 0,0% y el 1,0% (4,0 puntos porcentuales de la del periodo 1985-2014). Aún en un escenario de mayor crecimiento basado en un incremento de la productividad, las rentabilidades seguirán estando por debajo de la media de los últimos 30 años. Con caídas de entre el 1,4% y el 2,4% para la renta variable, y caídas de entre el 3,0% y el 4,0% para la renta fija, tanto en USA como en EU.

La mayoría de los inversores de hoy -los baby boomers– han pasado toda su vida laboral durante esa edad de oro del periodo 1985-2014. Para ellos un largo periodo de rentabilidades muy bajas les representará tener que afrontar ajustes muy dolorosos. Se hará absolutamente necesario incrementar el ahorro para la jubilación, jubilarse más tarde o reducir el consumo durante la jubilación, lo que representará un lastre adicional para las economías.

En cuanto a la generación de los hoy treintañeros –la generación Y–  para poder compensar una caída del 2,0% de la rentabilidad de sus ahorros de jubilación deberán alargar en 7 años su edad de jubilación o doblar las cantidades periódicas que destinen a ese ahorro.

Con estos escenarios los fondos de pensiones, bien sean públicos o privados, deberán hacer frente a situaciones tales como el déficit de ingresos (menos ahorradores y menos cantidades ahorradas) o los riesgos de insolvencias (¿suena lo de la hucha de las pensiones en España?). Las dotaciones empresariales a fondos de pensiones se verán seriamente afectadas. Por las mismas razones también sufrirán las compañías aseguradoras que administran el ahorro finalista. Los Gobiernos y las Administraciones tendrán que hacer frente en sus presupuestos a demandas crecientes de servicios sociales, de atención a los más mayores y de atención a la pobreza.

Pero que no cunda el pánico, we need be positive !!. Como mínimo tenemos la información que nos marca una tendencia. Ahora nos toca, como individuos y como sociedad, tomar las medidas necesarias para paliar la situación que se avecina. What else can we do ?

Fuente: “Diminishing Returns: Why Investors May Need To Lower Their Expectations”

(Mckinsey Global Institute / May 2016)

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” Si alguna vez, ve saltar por la ventana a un banquero suizo, salte detrás. Seguro que hay algo que ganar. ”

(Voltaire ( 1694 – 1778 ) Escritor, historiador y filósofo francés.)

Es viernes por la tarde, en el centro de Manhattan, un numeroso grupo de millenials se dispone a disfrutar de su happiest hour en una fiesta privada a la que han sido invitados. Todos ellos tienen en común que, en un pasado más o menos reciente, han suscrito un préstamo con una sociedad no bancaria de servicios financieros (shadow bank) de nombre Social  Financie, más conocida como SoFi. La organización de la fiesta se enmarca en la campaña iniciada por SoFi bajo el lema:  to kill banks.

SoFi nació hace apenas cinco años ofreciendo la refinanciación de préstamos de estudios a graduados y postgraduados de las universidades top de los USA. Para luego entrar también en el mercado de los préstamos personales, las hipotecas y la gestión de patrimonios. Esta empresa fija su cliente objetivo en los millenials, a los que invita a sentirse miembros de un selecto club con la esperanza de crear una larga relación comercial-financiera con ellos. En lugar de basarse en la clásica evaluación de riesgos y en los ratios de endeudamiento sobre ingresos, el modelo seguido por SoFi se centra en aquellos segmentos de clientes potenciales que ingresan más de lo que gastan, que trabaja en profesiones con altas remuneraciones. Cuando un cliente pierde su empleo, SoFi le ofrece la suspensión temporal de las cuotas de préstamo y le facilita entrevistas con empresas que pueden ser posibles empleadoras. Y si un cliente tiene la intención de iniciar su propio negocio/empresa, SoFi suspende por un semestre los pagos de cuotas del préstamo al tiempo que le facilita contactos con agentes de capital-riesgo que le puedan ayudar en la cristalización de la idea.

SoFi es un claro ejemplo de fin tech y de banca en la sombra, que aprovechan nichos de mercado con la intención de ofrecer un mejor servicio, más adaptado a las necesidades y circunstancias del cliente, y mediante un uso exhaustivo de las TIC y de los dispositivos móviles.

Pero, como siempre, no todo es color de rosa. Este tipo de empresas no captan depósitos lo que les permite esquivar el estar bajo la lupa de los organismos reguladores lo cual, a su vez, les otorga una cierta opacidad. Y es precisamente por no captar depósitos, que actúen como contrapartida de los préstamos que conceden, que les hace necesario captar capital bien sea a través de inversores, de capital riesgo o mediante la emisión de bonos (que no es más que la consabida titulización de la cartera de préstamos (algo deja vu ¿no es así?). Ya que para poder prestar dinero primero hay que disponer de él. Por otra parte, se basan en un modelo que no deja claro que se vaya a obtener una cuenta de resultados apetitosa en cuanto a beneficios. Por no mencionar el riesgo, que esas empresas siempre deben tener presente, de que los Bancos Centrales alteren las políticas de tipos de interés (a la baja) y mermen de forma muy seria su competitividad y rentabilidad de esas empresas.

Además no podemos olvidar que la banca tradicional dispone de mayor músculo financiero y mayores recursos para hacer frente a los vaivenes del mercado y para adaptarse a los cambios en éste. No en vano una de esas empresas en  “la sombra” (OnDeck) ha anunciado haber llegado a un acuerdo con JPMorgan Chase para convertirse en su filial de financiación a pequeñas empresas (si no puedes vencer a tu competidor, alíate con él !!).

En cualquier caso el shadow banking está ahí, luchando por hacerse un hueco en el mercado y habrá que ver con que trozo de tarta se queda y si esa porción es suficientemente apetitosa (léase rentable).

Fuente: 

https://www.sofi.com

Bloomberg BusinessWeek

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“El interés es la rueda principal de la máquina del mundo.”
(August von Kotzebue (1761-1819) Dramaturgo alemán.)

Pues parece que de hecho, y aunque hay muchos tipos de interés, si son posibles. Pero ante todo hagamos dos apuntes previos. El primero: “el objetivo de cualquier inversión debe ser el de mantener el poder adquisitivo del dinero a invertir o en otras palabras batir a la inflación para que con cada euro podamos comprar cosas equivalentes hoy y en el futuro.” El segundo viene determinado por la siguiente ecuación:

Tipo de interés nominal = Tipo de interés real + Tasa de inflación esperada

Veamos un ejemplo. Si deseo invertir 1000€ en un bono de deuda soberana, es decir deuda de un Gobierno, con vencimiento de un año y un interés nominal del 4%. Es lógico que piense que dentro de un año recibiré 1040€. Ahora bien, si durante ese año la inflación ha sido del 3% entonces el interés real que percibiré será del 1%. Aún más, si la inflación durante ese año fuese del 5% entonces entonces el interés real recibido será del -1%. En este caso los 1040€ que recibo sólo podrán comprar el equivalente a 990 de hoy, y comprobaremos que hemos cometido un error de previsión ya que la inflación ha ido en nuestra contra.

En la actualidad esa situación de interés negativo se ha producido por una parte por las políticas de algunos bancos centrales (como el BCE) con la esperanza de activar las economías. Y por la otra por la gran demanda de deuda, o si se prefiere de activos financieros, de alta calidad (AAA) y solvencia y con bajo riesgo (como el caso de la deuda alemana, la suiza o la danesa por ejemplo). Y esto ¿cómo pasa? Pues una razón es por que las compañías de seguros y los bancos europeos deben aumentar sus reservas de bonos sin riesgo para cumplir con las normas de los reguladores (Solvencia II y Basilea III) con lo que aumenta la demanda de tales bonos y por ello sus rentabilidades caen. Lo cual mete presión a las entidades financieras que deberán sobrevivir en escenarios tan hostiles (comprar deuda soberana de alta calidad a un interés negativo). Sin embargo parece que, en contra de lo esperado, no está claro que la situación tenga un impacto positivo en la economía real, es decir, un impacto positivo sobre sobre el crecimiento y la inflación. Dado que la presión sobre los márgenes amenaza a las cuentas de resultados de la entidades financieras y puede provocar que dejen de dar crédito con lo que se frena el crecimiento.

Así las cosas, las preguntas inmediatas son: ¿Llegará tal situación a las economías domésticas? ¿Deberemos pagar por que nos custodien nuestros ahorros? Existe consenso en que las respuestas son ambas negativas. A nadie le parecería razonable pagar por depositar sus dineros en la cuenta en el banco y tampoco cobrar por el crédito solicitado o por la hipoteca contratada.

Entonces ¿dónde está el gazapo? Está en el propio sector financiero que tendrá que adoptar estrategias y políticas que le permita ensanchar los diferenciales y mejorar márgenes para que el negocio continue siendo rentable y siga jugando el papel tan crucial que tiene en el ciclo económico. Y de forma adicional el sector financiero deberá reestructurar las redes de oficinas y las plantillas a fin de incrementar su eficiencia.

Es probable que en un futuro próximo veamos como se reduce la remuneración de los depósitos  a plazo, se producen trasvases desde esas cuentas hacia productos como los fondos de inversión, y se empieza a cobrar a las grandes empresas por custodiar sus puntas de tesorería cosa que obligará a los tesoreros a evaluar con cautela qué niveles de liquidez conviene mantener. Se encarecerá el crédito mediante el aumento de los diferenciales o por la prolongación del periodo a tipo de interés fijo. Se irán acabando las políticas de comisiones cero, sobre todo para los clientes menos rentables.

En definitiva, se avecinan unos tiempos complejos en el que las entidades financieras deberán extremar las medidas para incrementar la eficiencia y controlar de forma rigurosa los costes. Sin olvidar el cumplimiento obligado de los objetivos de rentabilidad. ¿Y qué pasa con nosotros los clientes? Pues lo dicho, “seat, look and see !! What else?” Ah, y sin olvidar estar bien informados para tomar decisiones sobre nuestras finanzas con un mínimo de rigor, aunque en ocasiones nos dejemos aconsejar.

 

 

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“La forma más rápida de doblar tu dinero es plegar los billetes y metértelos de nuevo en el bolsillo.”
(Will Rogers (1879-1935) Humorista estadounidense.)

En la primavera del 2015 JPMorgan Chase envió una carta a sus mayores clientes en la que anunciaba que iba a gravar con un 1% aquellos depósitos que excediesen sus necesidades operativas. Es decir, y en otras palabras, se iniciaba la era de los intereses negativos sobre los depósitos. Una era en la que la banca sólo aceptaría depósitos de sus clientes si estos estaban dispuestos a pagar por el servicio de custodia de sus dineros. En los primeros meses del 2016 el Banco Central Europeo -BCE- ha dejado los tipos de interés en el 0%  y en el -0,4% las facilidades de depósito. Mientras que el Banco Nacional Suizo -SNB- ha ido más allá al fijar en el -0,75% el tipo de interés de los depósitos. Y uno se pregunta ¿cuál es el objetivo de tales decisiones? Pues parece que la respuesta está en el intento desesperado de canalizar el crecimiento económico global. En la esperanza de que al tener que pagar por que alguien guarde los dineros, los inversores canalicen esos recursos hacia la economía real en busca de mayores rentabilidades.

Dejo para otra contribución consideraciones, visiones y argumentos más rigurosos de esta situación de tipos de interés negativos. Prefiero ahora centrarme en una primera derivada que me parece sumamente interesante. Parece ser que a raíz de la nueva situación hay ciertos signos de “innovación creativa” que tendrían su foco en la abolición del papel moneda. Que duda cabe que la abolición de los billetes (bank notes) representa un anatema para la mayoría de los ciudadanos, pues se abandona el anonimato del cash y al convertirse éste en simples apuntes electrónicos seria mucho más fácil el control sobre movimientos dinerarios por los gobiernos y administraciones. Por otra parte, el lado menos malo, ello acarrearía grandes ahorros al sistema dado que ya no habría que emitir/imprimir el tedioso papel moneda, no habría que invertir en las innumerables medidas de seguridad ni tampoco en su manipulación, control, almacenamiento y custodia.

En un hecho que, hoy en día, los bancos centrales cuentan cada vez con menos recursos para nuevos estímulos de las economías. Así, una solución para disponer de nuevas herramientas podría ser la abolición del dinero en metálico. Ello permitiría imponer intereses negativos a todo el dinero en circulación, por lo que empresas y hogares se verían forzados a invertir o gastar sus recursos en lugar de guardarlos. De esta forma los bancos centrales podrían recuperar tal vez  un margen de 2 ó 3 puntos porcentuales que les irían muy bien para ejecutar sus políticas. Es claro que el final del papel moneda representa grandes obstáculos prácticos. Pero la pregunta es si el BCE seguirá empujando en esa dirección al presionar a la baja los tipos de interés.

Interesante ¿verdad? Habrá que estar alerta a los cambios. Y como siempre, a los de a pie sólo nos queda el “seat, look and see !! What else?

Fuente: Bloomberg BusinessWeek; Banco de Inglaterra, Andrew Haldane.