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“Las horas perdidas no tendrían que existir nunca.”

(Montserrat Caballé)

A partir del 12 de Mayo del 2019 las empresas españolas deben registrar cada día las horas de trabajo de sus plantillas. La legislación establece que recae en la empresa la responsabilidad de llevar un registro diario minucioso y guardar durante un periodo de cuatro años esos datos, así como ponerlos a disposición de la plantilla, del comité de empresa si existe y de la Inspección de Trabajo.

Los defensores de la medida argumentan que está en juego la lucha contra el abuso hacia los asalariados que trabajan más allá de la jornada establecida en sus contratos. En cualquier caso, lo que parece claro es que la medida influirá en las relaciones laborales y en las negociaciones colectivas futuras.

El lector me va a perdonar si le revelo mi opinión acerca de tal medida: “Valiente simpleza”.

“El control horario que se plantea es algo viejo, algo de los siglos XVIII y XIX. Es algo asociado a la vieja economía. La empresa del siglo XXI trabaja por proyectos y está orientada a resultados. La empresa del siglo XXI pone al cliente en el centro de sus operaciones. En la empresa del siglo XXI se prima la innovación, el emprendimiento interno, el trabajo en equipo. En la empresa del siglo XXI se tiende a eliminar las jerarquías y se adopta la horizontalidad. La empresa del siglo XXI es escalable, dispone de gente muy buena pero que prefiere trabajar por proyectos o por horas. La empresa del siglo XXI se centra en las personas como entes que aportan valor”.

Cuando una empresa trabaja así, la adopción de controles rigurosos no hace más que poner piedras en su camino. ¿O es que esos controles van a discernir entre el puro presentismo y  las horas realmente productivas? ¿Van a ayudar a aflorar el absentismo encubierto? ¿Van esos controles a aportar luz sobre la contribución de cada uno de los empleados a la cuenta de resultados de la empresa? De hecho de esa aportación depende en gran medida las retribuciones salariales de los empleados.

A la vista de los datos que siguen:

  • En España el paro juvenil entre los menores de 25 años se sitúa en el 33,7% frente al 14,6% de media en la UE.
  • El nivel de productividad en la economía española se sitúa en un -19,2% respecto a la UE.
  • El nivel de desempleo en España es del 14,0% mientras que en la UE28 es del 7,3%.

Definitivamente, a los gobiernos de España más les valdría fomentar medidas que garanticen el incremento de la productividad, la creación de empleo, la responsabilidad del trabajador y su compromiso con los objetivos de la empresa.

P.D. Por cierto ¿será esa medida de control horario también de aplicación a los sectores menos productivos de la economía como las Administraciones locales y públicas?

 

Más información:

https://www.lavanguardia.com/economia/20190511/462179720273/un-sistema-que-arranca-con-muchas-dudas-el-fraude-a-la-baja.html

https://www.lavanguardia.com/economia/20190512/462150247120/jornada-laboral-horario-horas-control-registro-trabajo-video-seo-lv.html

 

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“El futuro está oculto detrás de los hombres y mujeres que lo hacen.”
(Anatole France (1844-1924) Escritor francés).

La historia nos enseña que los últimos cuatrocientos años de la historia mundial han sido los siglos del “estado-nación occidental”. Fue la amenaza española, con su campaña para el dominio de Europa en el siglo XVI, lo que motivó al político y abogado francés Jean Bodin a definir el estado-nación y sus instituciones: un funcionariado controlado desde el centro, el control central de las fuerzas armadas, un ejército regular comandado por soldados profesionales, el control central de la acuñación de moneda, de los impuestos y de los derechos de aduana, un cuerpo judicial nombrado por el gobierno central. El estado nación fue diseñado para proteger tanto la vida y la libertad del ciudadano como su propiedad contra los actos arbitrarios del soberano, de la autoridad central.

En el siglo XIX es estado-nación había triunfado en todas partes. Sin embargo, en el siglo XX ese estado-nación se había convertido en el “megaestado”. En él se considera que un ciudadano sólo puede conservar su propiedad a juicio del recaudador de impuestos. Dicho de otra forma, el megaestado afirma que los ciudadanos tienen sólo lo que el estado les permite conservar.

El primer paso hacia el megaestado fue la creación del “Estado del Bienestar” por parte de Bismarck, como contrapunto al crecimiento del movimiento socialista de la época. Bismarck convirtió el gobierno central en una suerte de “organismo social” (medidas de asistencia social, seguro de enfermedad, seguro de accidentes laborales, seguro de enfermedad, pensiones para la vejez, seguro de desempleo). A finales del siglo XIX el megaestado se convierte en el “señor de la economía”. Empieza la regulación de los servicios y la propiedad de éstos por parte del megaestado (ferrocarril, energía eléctrica, teléfono, gas, distribución del agua, ..).

Ya en el siglo XX estado-nación y megaestado quedan anticuados. Aparecen organismos transnacionales con soberanía propia. Por otra parte dinero e información se convierten en transnacionales. El dinero no tiene patria por lo que no puede ser controlado por los estados nacionales. Y lo mismo sucede con la información para la que las fronteras han dejado de existir.

Con todo ello ha aparecido el regionalismo como exponente máximo del internacionalismo. El regionalismo no crea un superestado sino que crea organismos de gobierno regionales que funcionan de forma paralela al gobierno nacional en importantes áreas y ello hace que el gobierno nacional sea cada vez más irrelevante.

Unos ejemplos claros de regionalismo lo encontramos en la “Región Báltica” (Lituania, Letonia y Estonia), en la “Región Nórdica” (Finlandia, Noruega, Suecia), la “Región del sudeste Asiático” (Malaisia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Tailandia). Hay quien dice que el regionalismo es irreversible e inevitable, pues responde a una nueva realidad económica. La realidad de la alta tecnología y la industria del saber. Industrias en las que los costes de producción bajan rápidamente según sube el volumen de producción.

Peter F. Drucker sugiere que el internacionalismo y el regionalismo retan al estado-nación desde fuera. Mientras que un nuevo concepto, el tribalismo, lo reta desde el interior. Y una razón para la tendencia hacia ese tribalismo es que lo grande ya no otorga muchas ventajas. Con el dinero y la información convertidos en transnacionales, incluso unidades/regiones/países muy pequeños son hoy económicamente viables. Sea grande o pequeño, todo el mundo tiene igual acceso al dinero y a la información y bajo los mismos términos.

En realidad, los verdaderos éxitos de los últimos decenios lo han sido de países muy pequeños. Austria pasó de ser un residuo del imperio Austrohúngaro a ser uno de los países más prósperos de Europa. Casos similares lo son Finlandia, Suecia, Suiza, Hong Kong o Singapur.

Sin olvidar a los cuatro motores de Europa (según el tratado firmado en septiembre de 1988 en Estocolmo), es decir, las regiones de Rhône-Alpes, Lombardía, Catalunya y Baden-Württemberg. A las que cabría añadir las regiones de Gales, Flandes, Baviera y Île de France.

Un país pequeño puede ahora unirse a una región económica y conseguir lo mejor de dos mundos: independencia cultural y política e integración económica.

Y la principal razón del tribalismo no radica en la política o en la economía, la principal razón es existencial. Las personas, los ciudadanos, necesitan raíces en un mundo transnacional, necesitan una comunidad. Las personas necesitan definirse en términos que puedan comprender, necesitan una comunidad geográfica, lingüística, religiosa, cultural, que pueda ver y abarcar con los brazos.

Internacionalismo, regionalismo, tribalismo están tejiendo una nueva organización política, una nueva y compleja estructura política sin precedentes anteriores.

El profesor Drucker afirma: “Cuanto más transnacional llegue a ser el mundo, más tribal también será”. Y ello lo deben comprender y asimilar los gobiernos del viejo estado-nación para adaptar sus políticas a la nueva realidad. Ya que tal vez sea esa la única forma de que se genere progreso y riqueza.

Más información:

http://www.lavanguardia.com/economia/20180603/444025945499/dani-rodrik-populismo-cercle-economia.html

Peter F. Drucker. “Post-capitalist Society”. (1993). HarperCollins Publishers.

Jean Bodin (1529-1596). “Los seis libros de la República”. Edita Tecnos (2006).

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“Un hombre es pobre no ya cuando carece de todo, sino cuando no trabaja.”

(Charles Louis de Secondat “Montesquieu”, jurista, historiador, filósofo, político)

Cuatro de cada diez personas de entre 20 y 24 años que quieren trabajar no pueden hacerlo por falta de oportunidades. Además, existe una preocupante cifra de más de 400.000 jóvenes de entre 16 y 29 años en total inactividad (es decir, ni estudian, ni trabajan, ni buscan empleo de forma activa). Y centrándose en los datos de desempleo, en esa franja de edad la tasa de paro se sitúa en el 34%.

Una de las causas de esta elevada cifra de desempleo es la falta de formación. Un44% de los jóvenes de entre 16 y 29 años abandona los estudios sin completar la educación secundaria y muchos de ellos ni si quiera consideran retomarlo más adelante. La falta de oportunidades laborales también se da en recién titulados, diplomados y licenciados, principalmente por falta de experiencia laboral y porque la formación que han recibido no se adapta a los requerimientos que demanda el mercado.

Estas son algunas de las conclusiones que se desprenden del estudio “El camino hacia el empleo juvenil. ¿Qué puede hacer la empresa?”, presentado por el Observatorio Empresarial contra la Pobreza.

Reducir el desempleo, es una cuestión económica y social. El estudio advierte de que el sector empresarial debe incluir cuanto antes programas que mejoren la empleabilidad de los jóvenes, bien desde su estrategia de negocio, bien desde su acción social, bien desde su posición como lobby. Esto es esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) basados en el empleo digno, pero también para que las compañías puedan mejorar en competitividad en el medio y largo plazo.

Los autores denuncian la dureza con que la crisis ha tratado a los jóvenes en lo relativo al empleo, la infrautilización de las becas y los contratos de prácticas, así como el uso inapropiado de determinados modos de contratación, ligados a la contratación temporal. Más de la mitad de los jóvenes ocupados están empleados bajo modalidades contractuales de este tipo; sin embargo, sólo un 7% lo hace con un convenio relacionado con la formación y las prácticas.

La ausencia de empleo tiene consecuencias muy importantes sobre los niveles de vulnerabilidad social de los jóvenes. Así el 58% de los jóvenes desempleados en España se encuentran en riesgo de exclusión social.

Prevenir, reincorporar y reciclar. El informe propone un conjunto de medidas en las que los distintos agentes coordinados –empresa, tercer sector y administración– pueden trabajar para mejorar este escenario:

Prevención del abandono escolar temprano. Según las estadísticas, el abandono escolar suele estar vinculado al desconocimiento y/o impacto que puede ocasionar en el joven a largo plazo el hecho de no finalizar sus estudios.

Reincorporación al sistema educativo. Una buena iniciativa sería la de crear entornos formativos muy distintos a los actuales, más flexibles, de menor duración, orientados y cercanos a la práctica y al desempeño profesional. El informe también recomienda a las empresas con trabajadores sin formación reglada que les ayuden a completarla con políticas de formación.

Transición de la formación al empleo. Se recomienda poner en marcha programas de asesoramiento, de creación de becas y contratos de prácticas, o de fomento del emprendimiento juvenil, entre otros ejemplos. También alcanzar acuerdos con centros educativos, crear titulaciones o centros de formación propios que sirvan también para cubrir las propias necesidades de cada empresa.

Empleabilidad y gestión de jóvenes en especial riesgo de exclusión social. Trabajando de forma conjunta empresa y entidades del Tercer Sector.

Políticos, Administraciones, Empresas, Ciudadanos, ¿qué estamos haciendo para construir un futuro digno para las generaciones que nos van a suceder?

Fuente: “El camino hacia el empleo juvenil. Qué puede hacer la empresa” (Observatorio Empresarial contra la Pobreza – Enero 2017)

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 Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.

(Abraham Lincoln)

En el mes de Septiembre de 2013 el Gobierno español aprobó la Ley 14/2013 de Apoyo a los Emprendedores. Esta Ley tiene por objeto apoyar al emprendedor y la actividad empresarial, favorecer su desarrollo, crecimiento e internacionalización y fomentar la cultura emprendedora y un entorno favorable a la actividad económica, tanto en los momentos iniciales al comenzar la actividad, como en su posterior desarrollo, crecimiento e internacionalización. Magnífica iniciativa en todo aquello que tiene que ver con el emprendimiento y el desarrollo de proyectos empresariales.

Pero no es oro todo lo que reluce. Esta Ley tiene una trampa. Una gran trampa. En su Sección 2ª Capítulo I se encuentra la “Facilitación de entrada y permanencia” en la que se describe la forma en la que los extranjeros que se propongan entrar o residir, o que ya residan, en España verán facilitada su entrada y permanencia en territorio español por “razones de interés económico”. Aunque se contemplan situaciones de creación o participación de empresas lo cierto es que la realidad pone de manifiesto una vergonzosa vía de conceder permisos de residencia que muy poco valor añadido aportaran a la llamada España. Ejemplo de ello es la obtención de residencia por el simple hecho de adquirir una vivienda por un mínimo de 500.000 euros. Las cifras son elocuentes: los rusos en casi un cuarenta por ciento y los chinos en más de un treinta acaparan la mayoría de ‘visas exprés’ haciéndose con casas en ciudades como Madrid, Barcelona o Málaga. Nada que decir sobre los rusos o los chinos pero, a la vista de estas cifras uno debe preguntarse ¿cuál es el valor añadido que aportan? ¿cuál es el montante de transferencia tecnológica logrado? ¿cuál es el impacto en el desarrollo de sectores punteros de la economía? ¿cuantas empresas de alto potencial de futuro se han creado? …

En definitiva, una chapuza más a las que nos tienen acostumbrados las lumbreras de gobernantes españoles a los que, no lo olvidemos, entre todos elegimos.

Fuente:

  • B.O.E., núm. 233, de 28/09/2013.
  • Euronews-Economía de 17/07/2015.