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“La ética es saber la diferencia entre lo que tienes derecho de hacer y lo que es correcto”.

(Potter Stewart)

En el sector bancario español no se gana para sustos. Primero fueron los rescates multimillonarios de entidades, Cajas de Ahorros y Bancos, entre las que no podemos olvidar el caso Bankia que nos lleva costados a los contribuyentes unas decenas de miles de millones de euros. Luego vinieron las operaciones turbias y grises como la de Banco Popular. Y ahora la indecencia del BBVA y sus espionajes.

Ante tal panorama me pregunto: ¿Les importa a esos directivos bancarios la pérdida de reputación? ¿Existe en BBVA un código ético de conducta? ¿Qué hay del seguimiento del cumplimiento? Respecto a esta última pregunta, en BBVA existe una “Comisión de Riesgos y Cumplimiento” que está formada por “nombres ilustres”. Presidida por Juan Pi Llorens, con José Miguel Andrés Torrecillas, Jaime Caruana, Carlos Loring y Susana Rodríguez como vocales. La nueva pregunta es: ¿Tuvo esta Comisión información del tema? Y si la tuvo ¿Cuáles fueron sus actuaciones? Recordemos que el Comisario Villarejo prestó servicios al banco desde 2004 a 2017. Es decir la contratación de Villarejo duró 13 años. Tiempo suficiente para que sus actuaciones no pasaran desapercibidas por la Dirección del Banco. Ah! no olvidemos a los supervisores (BdE y BCE). ¿Tuvieron, en ese periodo de tiempo, constancia del tema? Si la respuesta es afirmativa ¿hicieron algo al respecto?,

Y para más escarnio las declaraciones de Francisco González, presidente de BBVA entre 2000 y 2019, afirmando que se enteró por la prensa en Mayo de 2018 del contrato con Villarejo. Semejantes declaraciones no pueden menos que provocar carcajadas entre todos aquellos que tenemos  algún conocimiento del funcionamiento de una entidad bancaria.

Como puede apreciar el lector nos encontramos ante un nuevo caso sucio que afecta a una de las grandes entidades financieras españolas (BBVA). En cualquier caso más leña al fuego de la pérdida de reputación de las entidades implicadas. Y también la aparición de un enorme peligro para el sector y para una economía que cojea.

Como dice un buen amigo, “banqueros que se creen dioses”. Y yo añado, “banqueros que tienen sus pies hundidos en la ciénaga”.

Más información:

https://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/10019979/07/19/FG-asegura-que-se-entero-por-la-prensa-de-la-contratacion-de-Villarejo.html

https://elpais.com/economia/2019/07/29/actualidad/1564429604_864022.html

https://www.elconfidencial.com/espana/2019-07-30/bbva-contrato-villarejo-espiar-sandokan_2151831/

https://elpais.com/economia/2019/07/30/actualidad/1564501228_689426.html

https://www.lavanguardia.com/economia/20190729/463760573426/bbva-villarejo-imputacion-sacyr-espionaje.html

https://www.expansion.com/empresas/banca/2019/07/29/5d3f0976468aebe0498b4715.html

https://www.expansion.com/empresas/banca/2019/07/29/5d3eeda7e5fdea10778b4589.html

https://cincodias.elpais.com/cincodias/2019/07/15/companias/1563174171_777765.html

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La base de nuestros sistemas políticos es el derecho del pueblo a hacer y modificar sus constituciones de Gobierno.”
(George Washington)

La CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA, así como todas las Constituciones del mundo civilizado, ES Y DEBE SER UN DOCUMENTO DE TRABAJO Y, por supuesto, DE REFERENCIA. Documento de trabajo como los que elaboran las empresas para auto regirse en su camino. La Constitución no es la inamovible Tabla de Moisés con los Diez Mandamientos. La Constitución es un documento cuyo contenido debe adaptarse constantemente a la realidad social, a la realidad plurinacional, a la realidad plural de ideologías y a la realidad económica de la sociedad sobre la cual actúa. En caso contrario se convierte en un mero corsé que dificulta la respiración y que impide que llegue aire fresco y renovado a la sociedad plural a fin de que pueda seguir su camino de progreso.

La Constitución Española de 1978 ya ha cumplido su cometido, está obsoleta y necesitada de actualización. Ha acallado durante más de cuarenta años las voces de la España más retrograda bien fuese vestida de civil o uniformada. Voces que provenían de las catacumbas de un periodo de largos años de la dictadura fascista del General Franco. La Constitución de 1978 dio el café para todos, aunque han sido unos pocos los que han pagado la cuenta del bar. Esa Constitución ha quedado desfasada y, más de cuarenta años después, ha llegado el momento de actualizarla.

Hoy en pleno siglo XXI, en el primer trimestre de 2020, las voces más retrógradas de la sociedad española continúan escudándose en esa Constitución como si de las tablas de Moisés se tratase. Impidiendo con esa actitud el progreso social y económico.

En el caso de España esa actualización es de suma importancia y máxima urgencia, si es que desea ser una sociedad de futuro. Y esa actualización debe superar los impedimentos de todos los estamentos, organizaciones civiles o militares, grupos de presión, lobbies y grupos oscuros que llevan tiempo poniendo trabas en el intento. Hay que hacerlo con valentía, determinación, ambición y amplitud de miras. Ya que de ello depende la cohesión social, el desarrollo armónico, el futuro, y en definitiva el progreso de la sociedad.

Sólo cabe dar un ojeada a la tabla adjunta para apreciar el desequilibrio entre países civilizados en cuanto a la adaptación a los tiempos de sus respectivas Constituciones.

País

Número de modificaciones

Austria

80

Alemania

60

Estados Unidos

27

Irlanda

27

Francia

24

Bélgica

12

Portugal

12

España

2

Como dato curioso mencionar que de las dos modificaciones de la Constitución española, la primera de ellas en 1992 sólo añadió una palabra en un artículo sobre el sufragio de extranjeros en las elecciones municipales. Y en la segunda, en 2011, se sustituyó el artículo 135 para garantizar el principio de estabilidad presupuestaria. Es fácil ver que ninguna de las dos era de relevancia fundamental para la cohesión y el progreso social.

Cuanto más se tarde en modificarse la Constitución peor será. Pues de esa modificación depende, nadie lo dude, el progreso social, económico y empresarial.