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Es bueno aprender a manejar la tecnología, lo malo está en aprender a manipularla.

(Albert Einstein)

En mi anterior post comenté lo que parecía ser el principio de una guerra por el predominio tecnológico entre los USA y China. También indiqué que la Unión Europea (UE) no distingue si la propiedad de una empresa que actúa en su jurisdicción es pública o privada, sólo se preocupa de si cumple con las reglas de competencia. Aparece pues un interrogante cuando se sospecha que la empresa pública pudiera ser un instrumento de un gobierno extranjero. Interrogante que en el caso de las empresas tecnológicas está más que fundado.

También comentaba que, en cuanto a inversiones en tecnología, en Europa el diferencial  de inversión con respecto a las dos grandes potencias es grandísimo y hace que se esté quedando peligrosamente rezagada en esa lucha. Otra gran debilidad de Europa es su falta de unidad de acción.

Con todo, dos hechos recientes vienen a corroborar que efectivamente el escenario de “guerra” está servido. Prueba de ello, por un lado, la vemos en el reciente posicionamiento (April/19/2019) de Peter Altmaier (Ministro de Economía alemán) a favor de crear un fondo de inversión estatal que intervendría ante posibles opas extranjeras sobre compañías alemanas que se consideren de importancia estratégica. Posicionamiento que está claramente orientado al endurecimiento de las relaciones con China. Y que nace por el recelo levantado desde que el presidente chino Xi Jinping presentara el plan “Made in China 2025″ destinado a convertir a China en una de las principales potencias tecnológicas del mundo. También por el temor suscitado, después de la venta en 2016 del grupo alemán de robótica Kuka al fabricante chino Midea, de que la tecnología industrial más avanzada de Alemania pudiese caer en manos extranjeras,

Y por otro lado, el diario británico The Times, en su edición de April/20/2019, publicaba que la CIA ha acusado a Huawei de estar siendo financiada por un sector del espionaje del Gobierno chino. En concreto con fondos que provienen del Ejército Popular de Liberación Chino, de la Comisión de Seguridad Nacional china y de la red de Inteligencia Estatal china. Fuentes de la inteligencia de los USA han indicado la sospecha de que el  propio Ministerio Chino de Seguridad Nacional ha aprobado la financiación de Huawei por parte del Gobierno chino.

Si a todo ello le sumamos que, por una parte, China dispone de leyes en materia de inteligencia y seguridad nacional que obligan a las empresas chinas a cooperar con sus agencias de seguridad y a ayudar al ejército chino. Y por otra, (como decíamos en el post anterior) el creciente temor suscitado acerca de las posibles dificultades para gestionar riesgos de seguridad en las redes 5G suministradas por Huawei, entonces el menú de la batalla está servido.

No, no cabe ninguna duda. ¡Es la guerra!

Más información:

https://valoradicional.wordpress.com/2019/04/14/es-la-guerra-tecnologica/

http://www.expansion.com/empresas/2019/04/20/5cbb48b8ca4741e23a8b4635.html

https://www.lavanguardia.com/internacional/20190420/461739362009/cia-alerta-huawei.html

https://www.thetimes.co.uk/article/cia-warning-over-huawei-rz6xc8kzk

https://retina.elpais.com/retina/2019/04/17/tendencias/1555501405_069550.html

 

 

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El progreso tecnológico sólo nos ha provisto de medios más eficientes para ir hacia atrás.
(Aldous Huxley (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés.)

En 1945 más de 70.000 personas perecieron en el acto después de la explosión de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. A ellos se sumó el 30% de la población debido a la onda expansiva de fuego y radiación posteriores a la deflagración inicial. El terrible poder de las armas nucleares marcó las conciencias del mundo entero.

En los años siguientes, y a pesar de la escalda armamentística entre los Estados Unidos y la Unión Soviética durante la guerra fría, o de las actuales amenazas de Irán, Corea del Norte, India, Pakistán y otros países poseedores de tal tecnología, ese poder de destrucción no ha sido utilizado jamás. Tal vez porque los líderes globales han entendido que el uso de tales ingenios sólo puede llevar a la desaparición de la faz de la Tierra de toda muestra de vida.

Hoy una nueva clase de armas tecnológicas está emergiendo, sobre todo entre las grandes superpotencias (Estados Unidos, China, Rusia). Potencias que están llevando a cabo grandes inversiones económicas y de recursos en el campo de la Inteligencia Artificial (IA).

En su origen la IA ha tenido, y continua teniendo, grandes aportaciones en el terreno civil y comercial. Sin embargo, como toda nueva tecnología, tiene su doble faceta la del desarrollo de prosperidad de la sociedad, y un lado más oscuro (utilización militar, distribución de propaganda y falsas noticias, generación y manipulación de opinión, control y destrucción de infraestructuras de países, ciber ataques, o diseño y construcción de robótica militar, también conocida como sistemas armamentísticos autónomos, entre otras aplicaciones).

Tal vez lo más preocupante de esa nueva tecnología sea su “opacidad”. Durante la guerra fría, y todavía hoy, era posible intuir mediante las imágenes de los satélites espías el número de misiles y cabezas nucleares desarrollados por un país. Mientras que hoy es imposible saber a ciencia cierta la capacidad que un país puede tener en cuanto a IA con finalidades destructivas.

Es alentador que exista un foro internacional (Asilomar) de académicos y científicos que promuevan campañas en contra del uso de las armas autónomas. Sin embargo en Marzo de 2018 el Korea Advanced Institute of Science and Technology se retiró de un proyecto internacional de investigación sobre tal tipo de armas. Lo que constituye un hecho significativo.

Puede que sea imposible eliminar el riesgo de una crisis política que desencadene una confrontación cibernética a gran escala sea del tipo que sea. Pero podemos, y debemos, hacer todo lo posible para reducir los peligros de que percepciones erróneas desencadenen una catástrofe global. Y ello nos afecta a todos, ya sean países, empresas, organizaciones, profesionales, familias, ciudadanos. Es bueno que los humanos recordemos que, al fin y al cabo, siempre seremos víctimas de nuestras aciones.

Como me apunta un amigo, como siempre la tecnología puede ser usada para bien o para mal. Por lo que el problema no es la tecnología. El problema somos nosotros.

 

Más información:

 “The accelerating AI arms race con be slowed”. Financial Times. (Friday 4 May 2018).

 https://en.wikipedia.org/wiki/Asilomar_Conference_on_Beneficial_AI

 

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“Las élites se están dando cuenta de que la desigualdad está convirtiéndose en un hecho políticamente peligroso”

(Guy Standing, University of London (SOAS) & Basic Income Earth Network -BIEN-)

¿Qué está pasando? Pues, por una parte, que la globalización y la robotización amenazan con destruir miles de puestos de trabajo ya sean muy cualificados o poco cualificados. Y, por otra, que la forma desigual en la que se reparten los beneficios de la globalización y de los cambios tecnológicos está angustiando a la sociedad.

Las mismas élites se dan cuenta de que las desigualdades no pueden continuar creciendo. Ya empieza a haber reacciones, no siempre bien encaminadas (los populismos). El sistema actual de protección social genera mucha burocracia y hace que algunas personas en lugar de dedicar su tiempo a actividades generadoras de riqueza lo dediquen a buscar cuantas más ventajas mejor de la red de protección.

Que los cambios tecnológicos afectan al mercado de trabajo es un hecho que ha ocurrido otras veces y, al final, a pesar de las personas que han sufrido durante la transición, el cambio ha sido, en general, positivo. Las máquinas nos han liberado de los trabajos más tediosos y que exigían más esfuerzo físico, la productividad ha aumentado y con ella lo ha hecho el nivel de vida. Ahora, sin embargo, hay expertos que opinan que con el grado de automatización que aporta la inteligencia artificial, el escenario puede ser diferente y se pueden perder muchos puestos de trabajo de forma permanente.

Para intentar paliar esa situación, algunos países están planteando la creación de una renta básica universal, y Finlandia es hoy pionera en ello. Ese país va a hacer una prueba piloto, con horizonte temporal de dos años, con 2000 personas escogidas estadísticamente entre los 25 y los 58 años de edad que ya reciben ayudas públicas no contributivas por su situación de desempleados. Cada una de ellas recibirá una renta básica de 560 €/mes sin condiciones. Es decir no deberán demostrar que buscan un empleo, y podrán trabajar a tiempo parcial como temporeros o como autónomos. Tampoco tendrán la obligación de asistir a cursos de formación o mantener reuniones de control y seguimiento por parte de las oficinas de empleo. Paradójicamente  el primer objetivo de la renta básica a la finlandesa es el de fomentar la ocupación. Lo que ocurre en Finlandia es que los parados tienen una gran protección, pero la pierden si cogen trabajos aunque sea a tiempo parcial. Ahora, por ejemplo, en la ciudad de Oulu, tienen muchos parados profesionalmente muy competentes debido a la crisis de Nokia. Al mismo tiempo, hay empresas start-ups que les podrían dar trabajo, a veces a tiempo parcial, pero las cuentas no salen si el parado puede perder la protección social. Con esta situación salen perdiendo la start-up, el desempleado, el estado finés y la sociedad en general.

Esta nueva situación, en la que las sociedades occidentales se van a ver envueltas, genera muchas dudas y preguntas:

  • Si repartimos una renta básica, ¿habrá más personas que trabajarán o crearán empresas o más personas que dejarán de trabajar y malgastaran el dinero en alcohol o drogas? ¿Habrá gente que dejará trabajos poco interesantes y lo aprovechará para obtener una mejor formación y así poder optar a una mejora profesional?
  • Esa renta básica ¿aumentará la creación de pequeños negocios y se convertirá en un colchón amortiguador que permitirá probar suerte con menos riesgo?
  • Esa renta básica ¿frenará la situación actual en la que los beneficiarios de subsidios esquivan al sistema manteniendo los ingresos justo por debajo del nivel que les permite recibir importantes subsidios (por ejemplo la cobertura del 60% del alquiler de la vivienda en el caso finlandés)?
  • La linea entre la responsabilidad individual y la social ¿se hará más imperceptible? ¿Será más fácil “moverse” dentro del sistema en beneficio propio?
  • ¿Provocará esa renta básica un “efecto llamada”?
  • Esa renta básica ¿es sostenible desde el punto de vista financiero a nivel país? (Unos primeros cálculos estiman que a Finlandia le puede costar el 17% de su PIB. Que extrapolado a España obligaría a elevar la presión fiscal del actual 44% hasta el 65%).
  • Y ¿qué hay de las posibles externalidades? ¿Provocará esa renta básica que una parte de los beneficiarios, al tener unos ingresos garantizados, descarte cualquier forma de ocupación laboral? ¿Fomentará esa renta básica el crecimiento de la economía sumergida?
  • ¿Se perderá la consciencia del trabajo como acto enriquecedor para uno mismo y como un servicio, una colaboración, una contribución, para con la sociedad?

No sólo Finlandia está experimentando con la renta básica universal. Suiza ya se ha manifestado recientemente al respecto mediante un referéndum. El senado francés ha aprobado otro experimento y también los tendrán pronto en Canadá y en Holanda.

En cualquier caso el experimento finlandés merecerá ser tenido en cuenta y estudiados sus resultados. Aunque no debemos olvidar la distancia abismal que, hoy por hoy, existe entre el importantísimo sentido de la responsabilidad colectiva que se tiene en  los países nórdicos y el de los países mediterráneos al norte de África.

Más información en:

 

 

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Una pauta para que enseñanza y escuela puedan responder a las realidades de la sociedad poscapitalista es que tienen que imbuir a los alumnos de todos los niveles y todas las edades la motivación para aprender y la disciplina de una instrucción continuada.

(Peter F. Drucker)

Un buen amigo me remite unos comentarios sobre el impacto en nuestra sociedad de la cuarta revolución industrial. Comentarios que comparto y reproduzco con su permiso:

“Ahora hablamos de industria 4.0 o de la cuarta revolución industrial. Hagamos un pequeño repaso: la primera revolución industrial fue la máquina de vapor; la segunda la de la producción en cadena, simbolizada por la producción del automóvil Ford T; la tercera fue la  de los ordenadores y los robots; y la cuarta es la de la combinación de ciertos artilugios físicos (hardware) con software inteligente y que tiene como algunos de sus componentes la fabricación aditiva, el Cloud, el Big Data, el IoT (Internet of Things), los wereables, la ciberseguridad, la realidad aumentada, la Internet industrial o los robots autónomos.

Según Markus Lorenz (Partner & Managing Director of BGC in Munich) en Alemania se perderán 600.000 puestos de trabajo durante los próximos diez años debido precisamente a la cuarta revolución industrial. Pero ésta, por su parte, generará un millón de nuevos puestos de trabajo. La pregunta que se desprende es ¿si no tenemos las habilidades suficientes para subirnos al carro de esa revolución, tendremos alguna  oportunidad? Y aquí Lorenz es relativamente optimista. De la misma forma que los avances en el software han hecho que hasta un niño pueda manejar un iPad, él cree que las tecnologías harán posible que trabajos muy sofisticados puedan ser llevados a cabo por personal que no disponga de una gran formación. Y pone como ejemplo el poder reparar un helicóptero a kilómetros de distancia gracias a que, con un casco de realidad virtual, un sistema experto (humano o artificial) puede guiar al operario en los pasos precisos a dar.”

Con todo, mi amigo y yo, continuamos pensando que la educación, y su adecuación a estos cambios en la sociedad, será clave si queremos evitar los desequilibrios que esa cuarta revolución industrial va a acarrear. Y, a la vista de los intereses de los responsables de la estrategia educativa en España, no parece que los politicuchos de turno estén por la labor.

Fuente: “Industry 4.0: how intelligent machines will transform everything we know”, Markus Lorenz ( https://www.youtube.com/watch?v=uBZmJOHIN8E&feature=youtu.be ).

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“Las máquinas me sorprenden con mucha frecuencia.”
(Alan Turing (1912-1954) Lógico y matemático británico)

AlphaGo, el sistema de inteligencia artificial construido por la filial de Google DeepMind, acaba de vencer al campeón humano, Lee Sedol, por cuatro juegos a uno en el torneo del juego de estrategia llamado Go. ¿Porqué esto es importante? Después de todo, los ordenadores superaron los seres humanos en el ajedrez en 1997, cuando Deep Blue de IBM derrotó a Garry Kasparov. ¿Pero porqué es importante la victoria de AlphaGo y en qué se basa esa victoria?

Como en el ajedrez, el Go es un juego de estrategia sumamente complejo en que el azar y la suerte no juegan ningún papel. Dos jugadores se turnan para poner piedras blancas o negras en una cuadrícula de 19 por 19; cuando las piedras están rodeadas por los cuatro costados por las del otro color se retiran del tablero, y el jugador que se queda con más piedras al final del juego obtiene la victoria.

Las victorias de AlphaGo ilustran claramente el poder de un nuevo enfoque en el que, en lugar de tratar de programar estrategias inteligentes en un ordenador, construimos sistemas que pueden aprender estrategias ganadoras casi en su totalidad por su propia cuenta, al ver ejemplos de éxitos y fracasos. Así pues, por el momento, la mayor innovación de la Inteligencia Artificial sobre el software tradicional es la capacidad de aprender sin la asistencia de los programadores humanos.

Por otra parte, este éxito de AlphaGo se basa en el uso de los microprocesadores Nvidia que tan buen resultado dan en el tratamiento de gráficos. De hecho los investigadores de DeepMind han usado miles de los procesadores gráficos Nvidia K40 para construir AlphaGo, aprovechando su capacidad de procesar en paralelo miles operaciones simples.

Ese mismo hardware está utilizándose para nuevos proyectos en empresas como Alibaba, Facebook, Microsoft y Google. Proyectos tales como los sistemas de reconocimiento de voz,  el desarrollo de terapias genéticas, programas que trasforman fotografías de satélite en cartografía detallada, o los sistemas software empleados en los coches sin conductor.

Parece que Nvidia ha dado con nuevo filón de negocio en el que sus clientes pueden utilizar sus microprocesadores en muchos otros ámbitos más allá que los gráficos. Good luck Nvidia !!!