Archivos para las entradas con etiqueta: PYMEs

images-1

Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla.

(Sun Tzu)

Estaremos de acuerdo en que la ausencia de una estrategia predefinida en las Pequeñas Empresas y en las Microempresas es uno de los factores que les impiden alcanzar hoy los niveles de competitividad necesarios. Esas empresas a menudo se encuentran enzarzadas en la lucha diaria por la supervivencia y no prestan atención a la planificación del mañana.

El mercado ha olvidado las fronteras transformándose en global. Hoy, en pleno siglo XXI, ya nadie debe dudar que el cambio y la incerteza forma parte de nuestra cotidianeidad como empresa y como empresarios. Para afrontar esos dos elementos clave es necesario que nos preguntemos ¿qué cambios se han producido en la industria, en la estructura del mercado, o cambios científicos y tecnológicos, que todavía no tienen un gran impacto en nuestro negocio? ¿Cuáles son las tendencias en nuestro entorno económico y social y cómo éstas afectaran a nuestra empresa?

El reto que se nos plantea es el de ver el cambio como una oportunidad. Abandonar el ayer liberando hoy recursos que estén dedicados a procesos de poco valor añadido. Mejorar nuestra organización de una forma sistemática y continuada. Aprovechar nuestros éxitos y nuestros conocimientos para crear nuevas oportunidades de éxito. Y por último generar en nuestra empresa un microclima de innovación ( i ) , crear una cultura de “destrucción creativa” por usar el término de Joseph Shumpeter. Pero, alerta!!! Sin olvidar la calidad ( Q ). Ese tándem ( i+Q ) nos debe proporcionar la ventaja competitiva que anhelamos.

La estrategia no es más que un plan general para el despliegue de nuestros recursos, presentes y futuros, con el objetivo de obtener mañana una posición de liderazgo en el mercado. Las metas deben ser simples, consistentes y a medio-largo plazo. Con un conocimiento profundo del entorno en el que estamos compitiendo. Con una evaluación objetiva de nuestros recursos, de nuestras fortalezas y de nuestras debilidades. Y con una planificación eficaz para llevarlo a cabo.

Que no cunda el pánico! La estrategia puede plasmarse en un documento, no costoso, sencillo, concreto y sucinto pero con un contenido de alta densidad.

Los enemigos más encarnizados de nuestras ideas, son aquellos que no las entienden.

Albert Einstein

¿Cuál es uno de los errores más frecuentes en toda organización? Pues la deficiencia o ausencia de comunicación veraz y realista.

Lo hemos comprobado durante muchos años en el ámbito de la política. Los distintos gobiernos, fuese del color que fuesen, no se han comunicado con los ciudadanos. No vamos a decir que mientan, sin embargo si podemos afirmar que faltan o enmascaran la realidad y la verdad. Y lo peor de todo es que continúan haciéndolo.

Lo mismo sucede en muchas empresas en las que sus directivos no son proactivos en la comunicación con sus colaboradores y empleados. Y eso ocurre tanto en los buenos como en los malos momentos. Se olvida que cuando las cosas van bien la información puede generar optimismo, reconocimiento, deseos de mejora, espíritu de equipo y de pertenencia. Y cuando son tiempos difíciles la información ayuda a generar comprensión, reflexión, ansia de corrección, espíritu de colaboración.

Y lo más sorprendente es que en la célula básica de nuestra sociedad, la familia, las actitudes son muy distintas. En el seno de la familia se comunica y debate tanto las buenas situaciones como las adversas. Sus miembros debaten, intercambian opiniones y estrategias y, al final, se mueven unidos en la misma dirección.

Así pues seamos como la célula básica. COMUNIQUEMOS. La realidad es una y única aunque nos empeñemos en usar cristales de diversos colores para observarla y entenderla.

La co-opetición es una forma diferente de ver el negocio. Es pensar en cómo hacer más grande la tarta en lugar de luchar por una pequeña porción.

Adam M. Branderburguer & Barry J. Nalebuff

En los duros días en que vivimos, la actividad de las empresas se resiente por la dificultad de conseguir crédito a un precio razonable y por la apatía de los compradores. Las administraciones públicas son prisioneras de una deuda desorbitada. Las familias reducen sus compras por temor a un futuro incierto en cuanto a la garantía de la regularidad de sus ingresos.

Ante esta situación las empresas están obligadas a buscar nuevas formas de producir y de competir. ¿Cuál es la estrategia que debe tomar nuestro tejido industrial más cercano, es decir, nuestras Micro y PYMEs? Una alternativa es la posibilidad de recurrir a la exportación, claro está. Aunque a menudo puede verse frustrada por el débil crecimiento de los países accesibles y la dureza de la competencia. Pero hay otras vías, no excluyentes, a explorar como lo son la cooperación y las alianzas. Por ejemplo, empresas con afinidades pueden acordar la reducción de sus líneas especializándose en unas cuantas de ellas y complementar su portafolio con la producción de la otra, que a su vez hará lo mismo en sentido inverso. Se trata e buscar aquellas condiciones en las que la co-opetición (competencia y cooperación) haga más atractivos nuestros productos a los clientes y nos permita aumentar nuestra cuota de mercado, es decir, aumentar el tamaño de nuestra porción de tarta.

Es claro que este no es un camino fácil, requiere una marcada orientación hacia el mercado, gran flexibilidad en los acuerdos, los objetivos deben ser claros, la contribución y responsabilidad de cada una de las partes se debe precisar y delimitar con rigor, cualquier contingencia debe estar prevista de antemano. Pero no por ello es un camino que no debamos explorar.

Al fin y al cabo el negocio es un juego en el que la clave para conocer qué jugador tiene más “poder” es el concepto de valor añadido. Tomemos el tamaño de la tarta cuando nuestra empresa y nuestra competencia  estamos en el juego; entonces pensemos en el tamaño de la tarta que los otros jugadores pueden conseguir si nosotros no estamos en el juego. La diferencia es precisamente nuestro valor añadido.